Un país para todos

Los beneficios dependen de nosotros Marzo 5, 2008

Archivado en: Alimentos y Biocombustibles — unpaisparatodos @ 12:05 pm

Es indudable que los biocombustibles no son los únicos responsables del aumento en los precios de los alimentos. El aumento de la riqueza en China e India lleva asociado un incremento en la demanda de carne, impulsando así la demanda de cereales para alimentar animales. Por ejemplo, en 1985 un consumidor chino típico consumía 20 kg de carne al año, mientras que actualmente come más de 50kg. En general, la demanda de carne en los países en desarrollo se ha duplicado desde 1980. (The Economist, Dic. 6, 2007. Food Prices).

Estos cambios graduales que impulsan hace un tiempo el incremento en los precios de alimentos se encuentran acompañados ahora por la demanda de maíz para producir etanol como combustible. La demanda de etanol de los Estados Unidos ha crecido significativamente por diversas razones, entre ellos incentivos importantes, legislación de 2005 estimulando el uso de renovables y el creciente precio del petróleo. Esto quiere decir que EE.UU., el primer exportador de maíz del mundo, está canalizando más y más de su producción de maíz a la elaboración de etanol y menos proporcionalmente a la exportación.

Esto influye sobre los precios de otros alimentos. Los farmers americanos se mudan de otros cultivos hacia el maíz, reduciendo la oferta de los primeros y elevando sus precios. Además, el maíz se utiliza para alimentar animales y esto es ahora más caro.

Es improbable que este proceso se interrumpa en los años venideros. EE.UU. no es el único país que ha promulgado legislación promoviendo los biocombustibles. Tienen leyes de cortes también Canadá, la Unión Europea, Japón, China, India, Australia y en Latinoamérica Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Paraguay y Perú. Las leyes de corte requieren que, en una fecha futura, los combustibles líquidos contengan un mínimo de mezcla con biocombustibles.

Los argumentos que se plantean a favor de los biocombustibles están principalmente relacionados con la seguridad energética y la reducción de emisiones de gases efecto invernadero. Sin embargo, muchos expertos plantean que dichos beneficios ambientales son cuestionables y que puede haber varios otros impactos negativos que no están siendo tenidos en cuenta por quienes los promueven.

La reducción de gases de efecto invernadero parece ser incuestionable en la medida que a la combustión de biodiesel o bioetanol se le atribuye una emisión de cero. Sin embargo, es claro que tomando en cuenta toda la cadena de producción habrá emisiones de gases GEI mayores a cero.

Existen muchas estimaciones del balance energético neto (NEB, por sus siglas en inglés) de diferentes fuentes de biocombustibles. El NEB es una estimación de cuanta energía obtenemos de una unidad de un biocombustible en particular (por ejemplo, bioetanol de maiz) en relación a la energía que insume la producción de éste (desde producir el insumo vegetal hasta la elaboración del combustible). Este valor se calcula en función de un contexto específico (proyecto, región, país). Estimaciones del Departamento de Energía de EEUU indican valores mayores a 1 para etanol de maíz y mayores para celulosa y biodiesel de soja. Valores mayores a 1 indicarían que la energía provista por el biocombustible es mayor a la utilizada para su producción y consumo. Sin embargo, los valores dependen fuertemente de la fuente vegetal, la tecnología disponible y el contexto específico, razón por la cual no se pueden generalizar los valores de EEUU y muchas de las estimaciones son cuestionadas.

Sin entrar en la validez de distintos resultados de NEB es indiscutible que el efecto neto de emisiones de GEI en el caso de los biocombustibles es mayor a cero.

Existen otros argumentos legítimos a favor, como la sustitución del MTBE (un contaminante de aguas) de la petrogasolina por el ETBE del bioetanol o la disminución en el contenido de azufre en el diesel mediante la mezcla con biodiesel.

Sin embargo, y más allá del tema ya tratado del NEB que evalúa el balance energético exclusivamente, si tomamos toda la cadena de producción existen serias dudas sobre los beneficios ambientales netos de los biocombustibles en base a sus posibles efectos de contaminación de suelos y aguas, la presión sobre la frontera agropecuaria, deforestación y efectos sobre la biodiversidad. La deforestación debe ser tenida en cuenta al calcular el balance de GEI ya que representa una pérdida de sumideros de gases.

Asimismo, pueden existir “tradeoffs” entre efectos ambientales globales positivos y locales negativos, diferencias en la distribución geográfica de los beneficios económicos y ambientales entre el Hemisferio Sur y el Norte y, dentro de las regiones donde se expandan los cultivos y las industrias, una expansión de la agricultura de gran escala en desmedro de los pequeños productores y campesinos.

En mi opinión, cómo se resuelven estos temas determinará en qué grado existirán beneficios económicos, sociales y ambientales relacionados con la expansión de los cultivos de fuentes de biocombustibles y los biocombustibles. El fenómeno de expansión de los mismos y la elevación de los precios de los alimentos son procesos en curso y todo indica que ambas tendencias se mantendrán. Los beneficios dependerán en gran medida de las políticas que cada país y región adopte al respecto. en desarrollo se ha duplicado desde 1980. (The Economist, Dic. 6, 2007. Food Prices). Estos cambios graduales que impulsan hace un tiempo el incremento en los precios de alimentos se encuentran acompañados ahora por la demanda de maíz para producir etanol como combustible. La demanda de etanol de los Estados Unidos ha crecido significativamente por diversas razones, entre ellos incentivos importantes, legislación de 2005 estimulando el uso de renovables y el creciente precio del petróleo. Esto quiere decir que EE.UU., el primer exportador de maíz del mundo, está canalizando más y más de su producción de maíz a la elaboración de etanol y menos proporcionalmente a la exportación. Esto influye sobre los precios de otros alimentos. Los farmers americanos se mudan de otros cultivos hacia el maíz, reduciendo la oferta de los primeros y elevando sus precios. Además, el maíz se utiliza para alimentar animales y esto es ahora más caro. Es improbable que este proceso se interrumpa en los años venideros. EE.UU. no es el único país que ha promulgado legislación promoviendo los biocombustibles. Tienen leyes de cortes también Canadá, la Unión Europea, Japón, China, India, Australia y en Latinoamérica Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Paraguay y Perú. Las leyes de corte requieren que, en una fecha futura, los combustibles líquidos contengan un mínimo de mezcla con biocombustibles. Los argumentos que se plantean a favor de los biocombustibles están principalmente relacionados con la seguridad energética y la reducción de emisiones de gases efecto invernadero. Sin embargo, muchos expertos plantean que dichos beneficios ambientales son cuestionables y que puede haber varios otros impactos negativos que no están siendo tenidos en cuenta por quienes los promueven. La reducción de gases de efecto invernadero parece ser incuestionable en la medida que a la combustión de biodiesel o bioetanol se le atribuye una emisión de cero. Sin embargo, es claro que tomando en cuenta toda la cadena de producción habrá emisiones de gases GEI mayores a cero. Existen muchas estimaciones del balance energético neto (NEB, por sus siglas en inglés) de diferentes fuentes de biocombustibles. El NEB es una estimación de cuanta energía obtenemos de una unidad de un biocombustible en particular (por ejemplo, bioetanol de maiz) en relación a la energía que insume la producción de éste (desde producir el insumo vegetal hasta la elaboración del combustible). Este valor se calcula en función de un contexto específico (proyecto, región, país). Estimaciones del Departamento de Energía de EEUU indican valores mayores a 1 para etanol de maíz y mayores para celulosa y biodiesel de soja. Valores mayores a 1 indicarían que la energía provista por el biocombustible es mayor a la utilizada para su producción y consumo. Sin embargo, los valores dependen fuertemente de la fuente vegetal, la tecnología disponible y el contexto específico, razón por la cual no se pueden generalizar los valores de EEUU y muchas de las estimaciones son cuestionadas. Sin entrar en la validez de distintos resultados de NEB es indiscutible que el efecto neto de emisiones de GEI en el caso de los biocombustibles es mayor a cero. Existen otros argumentos legítimos a favor, como la sustitución del MTBE (un contaminante de aguas) de la petrogasolina por el ETBE del bioetanol o la disminución en el contenido de azufre en el diesel mediante la mezcla con biodiesel. Sin embargo, y más allá del tema ya tratado del NEB que evalúa el balance energético exclusivamente, si tomamos toda la cadena de producción existen serias dudas sobre los beneficios ambientales netos de los biocombustibles en base a sus posibles efectos de contaminación de suelos y aguas, la presión sobre la frontera agropecuaria, deforestación y efectos sobre la biodiversidad. La deforestación debe ser tenida en cuenta al calcular el balance de GEI ya que representa una pérdida de sumideros de gases. Asimismo, pueden existir “tradeoffs” entre efectos ambientales globales positivos y locales negativos, diferencias en la distribución geográfica de los beneficios económicos y ambientales entre el Hemisferio Sur y el Norte y, dentro de las regiones donde se expandan los cultivos y las industrias, una expansión de la agricultura de gran escala en desmedro de los pequeños productores y campesinos. En mi opinión, cómo se resuelven estos temas determinará en qué grado existirán beneficios económicos, sociales y ambientales relacionados con la expansión de los cultivos de fuentes de biocombustibles y los biocombustibles. El fenómeno de expansión de los mismos y la elevación de los precios de los alimentos son procesos en curso y todo indica que ambas tendencias se mantendrán. Los beneficios dependerán en gran medida de las políticas que cada país y región adopte al respecto.

María Rosa Murmis  |  Marzo 4, 2008 at 2:16 am

 

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