Éste es el primero de los tres artículos que mencionábamos en éste post en los cuales Opinión Sur analiza la Crisis Internacional:
La crisis internacional que estamos atravesando expresa graves fallas sistémicas en la forma de funcionar de los países centrales. Es el corazón del sistema global el que está fallando y procura protección para no ser arrollado por las mismas fuerzas que ayudó a desatar. Lo acontecido aparece como un tsunami financiero creado no por la naturaleza sino por la forma como hemos decidido organizarnos y funcionar. Sin embargo no vale engañarnos: hay otras causas estructurales adicionales más allá de las financieras.
Necesitamos reflexionar y revisar conceptos aún aquellos más consagrados; reconocer la realidad de los procesos en curso y apartarnos de predicamentos dogmáticos. Es hora de revisar a fondo el “contrato global” reconociendo la lógica que lo sustenta y los efectos no previstos de su forma de funcionar. Aún cuando hay mucho por transformar y ajustar también existen activos que vale preservar; no ayuda arrojarse de un extremo al otro del péndulo.
Para comprender plenamente lo sucedido es necesario considerar las externalidades no deseadas del presente sistema económico mundial; reconocer cómo se han generado, ver cómo abatirlas y evitar que puedan reproducirse. Las externalidades no deseadas están presentes en la crisis sistémica y también en la eventual transición hacia un mejor funcionamiento sistémico; condicionarán los nuevos acuerdos requeridos para rediseñar la arquitectura financiera y reorientar la economía real.
La pata financiera de la crisis
Pareciera que la crisis es de origen financiero y que si se reformase el sistema financiero la crisis retrocedería hasta desaparecer. Esta es una verdad a medias. Es cierto que el sistema financiero se salió de madre, se alejó peligrosamente de la economía real hasta creerse la locomotora y el piloto de la economía global. El movimiento de flujos financieros adquirió una magnitud fenomenal. En tiempo real un click de computadora moviliza mares enteros de recursos de un punto a otro del globo. Los operadores financieros que en un origen tenían puesto un ojo en sus negocios financieros y el otro en la economía real, pusieron luego los dos ojos, sus oídos, su olfato y su intuición en sólo obtener resultados de jugadas financieras cada vez más sofisticadas. Se fueron así distanciando los espacios financieros de sus anclajes en la economía real. La codicia y el facilismo, el ganar el milésimo que multiplicado por miles de millones conformaron fortunas instantáneas, se sumaron a los factores que encaminan el proceso en dirección al abismo.
Los reguladores, por su parte, no supieron o quisieron cumplir su papel de control y de alerta; primó la creencia que el mercado podía autoregularse y que si llegara a acontecer un desborde surgirían endógenamente los mecanismos correctivos. Pero el mercado se desbordó y no aparecieron mecanismos correctores sino de la mano de la autoridad política y con altísimos costos sistémicos. (más…)
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