El factor más crítico para encarar la crisis no es económico sino político y social: necesitamos aunar esfuerzos, unirnos para enfrentar los desafíos y trabajar con éxito las nuevas oportunidades. Nos hemos desgastado por demasiado tiempo con antagonismos que drenan energía y afectan la agilidad para reaccionar. No tiene sentido demonizar al adversario y dirigirse al otro desde la verdad que, por supuesto, siempre es la nuestra. No enriquece sino empobrece a la sociedad el canibalismo político. Debemos parar esto; las mezquindades son ya un peso muerto insostenible.
Se impone un liderazgo unificador; hábil para alinear intereses y necesidades. Quien no sepa, no quiera o no pueda hacerlo debe ser castigado en las urnas. No hay más espacio para el todo o nada; se requieren concesiones mutuas para establecer acuerdos de corto y mediano plazo; que sean tranparentes, sin trucos y con salvaguardas para preservar objetivos en caso se produjesen desvíos por cambios en las circunstancias. Se pretende franqueza y se busca una justa distribución de resultados al margen de amiguismos y de cualquier tipo de clientelismo. La intermediación política es útil en la medida que sus intereses no afecten los de la población en su conjunto. Algunos políticos nos quieren convencer que si su facción accediese al gobierno la cosa sería muy distinta; pero nos hemos cansado de comprobar que el sólo cambio de caras no resuelve nuestros problemas.
Tenemos los líderes que tenemos y con ellos toca avanzar. No se improvisa en política y neutralizar gobiernos más que aportar, resta. En verdad es preferible una solución sub-óptima pero positiva y que pueda implementarse de inmediato, que otra eventualmente superior pero incierta en cuanto a si podrá finalmente ejecutarse. El foco debiera ser sincerar y alinear intereses, necesidades, valores, utilizando toda la gama de modalidades para construir acuerdos pluripartidistas que puedan sostenerse. Habrá después tiempo para evaluar quiénes trabajaron para facilitar nuestra unión y quiénes para obstaculizarla.
Roberto Sansón Mizrahi
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