Es falso que no haya más salidas a las crisis que las pregonadas por los “especialistas” ligados a los mercados financieros. Las hay y pueden implementarse aunque, por cierto, no sin esfuerzo y determinación. Dan lugar a un esfuerzo muy distinto al sacrificio que sólo beneficia a unos pocos.
El desafío más crítico es esencialmente político porque habrá que movilizar fuerzas para materializar un cambio de rumbo. No se afectan intereses de envergadura sin enfrentar enormes resistencias; nadie entrega gratuitamente sus privilegios. Sobran recursos para comprar voluntades y cooptar respaldos, tanto a través de ofrecer jugosos honorarios a sofisticados asesores legales, contables y relacionadores públicos, como acudiendo a la corrupción y la distribución de prebendas a políticos y medios de comunicación.
Como los especuladores financieros no pueden defender sus intereses de forma explícita a campo abierto, procuran camuflarlos para suscitar el apoyo de personas manipuladas o mal informadas cuyas aspiraciones son objetivamente diferentes. Siendo minoría, la especulación financiera necesita de ese camuflaje social, económico y político para sostener su predominio; de ahí que se oculten detrás de una maraña de pequeños y medianos intereses que logran movilizar infundiendo temor al caos y a eventuales persecuciones. Toca desmontar estos engaños y focalizar en los grandes especuladores que son los que tienen la capacidad de desestabilizar a cualquier gobierno que intente enfrentarlos.
Con tan poderosos enemigos sería absurdo y contraproducente conmocionar también a otros segmentos poblaciones cuyos intereses no están alineados con los de los grandes especuladores; esta miopía política tornaría inmanejable el proceso de transformación y podría minar el apoyo de los mismos que se beneficiarían con un cambio de rumbo. No tiene sentido empantanarse en permanentes conflictos que traban el esfuerzo de alinear con justicia y equidad tan diversos intereses. Por el contrario, un buen manejo político que permita adoptar estrategias de desarrollo sustentable lograría liberar una enorme, pacífica y fecunda energía social.
Roberto Sansón Mizrahi
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