No es que la crisis se generó en un día; la dinámica de la concentración viene de antes sólo que sus efectos fueron represados hasta donde los diques de contención resistieron. Cuando la presión de las quiebras se transformó en erupción, la lava brotó quemando a su paso familias, empresas, instituciones.
¿Fue esto inevitable? De ninguna manera. Si en lugar de preservar la concentración a toda costa se hubiese dedicado buena parte de la nueva riqueza a incrementar los ingresos genuinos de sectores medios y a sacar de la pobreza a las enormes mayorías, muy distinta hubiese sido la trayectoria sistémica. La demanda hubiese acompañado orgánicamente el crecimiento de la oferta y el financiamiento se hubiese mantenido dentro de límites de seguridad, con lo cual las brechas no hubiesen existido o se hubiesen mantenido en proporciones manejables. ¿Por qué, entonces, no se siguió esa trayectoria?
Las respuestas son varias pero todas muy duras: quienes se beneficiaban con la concentración no quisieron resignar privilegios sino ejercerlos a pleno; la codicia desaforada se apoderó de grandes corporaciones, de especuladores, de quienes saltearon regulaciones con la impunidad que da el desmedido poder, el control del Estado y de las propias decisiones estratégicas. ¿Cómo lo hicieron? De muchas formas: subordinando a otros actores a través de la fuerza, el cohecho, la compra de voluntades; tomando el control de la política económica y de formadores de opinión imponiendo así su particular visión de la agenda política y económica en casi todo el mundo; financiando usinas de pensamiento estratégico que justificaron ideológicamente sus intereses; destruyendo diversidad y haciendo valer la supremacía de sus recursos e influencias; alineando en su favor otros intereses menores de servidores y amanuenses.
No fue lineal el proceso que terminó imponiendo la primacía casi universal de la concentración económica con su correlato político, mediático, ideológico. No es sencillo caracterizar todas las relaciones causales y toda la diversidad de actores que intervinieron y, algo para no olvidar, adquirieron singularidades según las particulares circunstancias de cada situación y momento.
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Roberto Sansón Mizrahi
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