Un país para todos

G-20: piloto automático vs albedrío responsable Agosto 19, 2009

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Cuando vemos las cifras que se destinarán a financiar el desarrollo de países de ingresos medios y bajos y las comparamos con las comprometidas para reactivar a los países centrales (sin mencionar los recursos destinados a las guerras en curso y a la producción de armamentos), las expectativas de un crecimiento capaz de abatir la desigualdad global se esfuman. Es que un crecimiento compartido exige facilitar a los “rezagados” más contundentes medios y recursos de modo de comenzar a cerrar las groseras brechas que nos separan.

El G-20 también planteó “restablecer la demanda global”. Por cierto que es necesario fortalecer la demanda global pero no restablecerla tal cual era antes de la crisis. Porque el perfil que tenía la demanda global era un fiel reflejo de la concentración prevaleciente de los ingresos: consumismo de algunos sectores e indigencia de inmensas mayorías. Hoy debiéramos trabajar para dar paso a un consumo más extendido y responsable que ofrezca nuevas y distintas señales al aparato productivo de modo de transformar su perfil productivo orientándolo hacia aquel enunciado del G-20 de construir entre todos una recuperación inclusiva, ecológica y sustentable.

Una economía social y ambientalmente sustentable es posible; no es tan sólo una utopía orientadora. Existe una gran variedad de políticas, medidas, nuevos instrumentos que pueden adoptarse casi de inmediato “para acelerar la transición hacia una economía ecológica” a la que aspira el G-20. Resta aplicarlas.

Frente a la debacle generada por la crisis se produjo un crítico punto de inflexión al interior del G-20 todos los actores involucrados reconocieron que sin una orientación política la dinámica económica podría descarrilarse aún más. Es decir, no más piloto automático para definir el rumbo y encarar los grandes problemas porque con esa estrategia las dificultades no se resolvieron sino que se agigantaron. El desafío es ahora ejercer con responsabilidad nuestro albedrío considerando la complejidad de la realidad contemporánea y la necesidad de alinear los múltiples intereses que siempre convergen sobre toda situación.

Roberto Sansón Mizrahi
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Viejos y nuevos enfoques para salir de la crisis Agosto 14, 2009

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ideas

Las usinas tradicionales de pensamiento estratégico centran su planteo en el salvataje inmediato del sistema financiero existente. Juegan con la urgencia que la situación en verdad exige pero eluden la necesidad de transformar a fondo la estructura y la forma de funcionar de la intermediación financiera. Plantean “recuperar” la solvencia y credibilidad de las instituciones financieras librándolas de los denominados activos tóxicos, “restablecer” el crédito sin asegurar el acceso de los dos tercios de la población mundial, ni afectar la estructura corporativa, ni eliminar de raíz los paraísos fiscales, ni garantizar un efectivo monitoreo de todos los productos financieros incluídos los hedge funds.

Otra idea fuerza es la de expandir la demanda global en base a recursos fiscales a través de (i) habilitar líneas de crédito fondeadas por el sector público de modo de compensar la menguante inclinación a prestar de las entidades golpeadas por la crisis y (ii) generar actividades a través de ambiciosos planes de obras públicas en infraestructura social y productiva. Como siempre el diablo está en la letra chica y su cola solo puede ser advertida cuando se desagreguen y detallen esas medidas.

Una de las ideas que brilla por su ausencia es el crítico rol que jugó la desigualdad -social y entre países- en generar la crisis. La desigualdad fue resultado de una forma de crecer que desembocó en una acumulación concentrada (y concentradora) de la riqueza, los ingresos, el ahorro y la inversión. Hay otras formas de crecimiento que conducen a una acumulación mucho más balanceada y desconcentrada, promoviendo una mejor distribución de la riqueza, de los ingresos, del ahorro y de la inversión, con importantes efectos sobre lo que se produce, quién produce, cómo se produce, dónde se produce, así como sobre qué, quién, cómo y dónde se consume. La salida de la crisis es una inmejorable oportunidad para cambiar el patrón productivo y el de consumo, orientando en consonancia el desarrollo científico y tecnológico.

Roberto Sansón Mizrahi
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Quiénes toman las decisiones para salir de la crisis Agosto 14, 2009

Archivado en: Uncategorized — unpaisparatodos @ 4:42 pm

g20

Son los gobiernos nacionales quienes toman las principales decisiones para salir de la crisis, cada uno según el peso que detenta en el concierto internacional. Los países de mayor peso se agrupan en el denominado grupo G-20 (ahora 22) que representan el 80% del PBI y del comercio mundial y dos tercios de la población global. Sobre sus líderes convergen presiones de un sinnúmero de actores con diversos grados de influencia.

Pesa aún fuerte el sector financiero de los países centrales que acumuló enorme poder económico e influencia política en el período que precedió a la crisis. Así, por ejemplo, en 2007 los beneficios del sector financiero en Estados Unidos fueron 85% mayores que para el resto de la industria. Golpeados por la crisis que ayudaron a generar, los grandes grupos financieros conservan gran nivel de influencia ya que, de colapsar, arrastrarían en su caída a muchas otras empresas y familias.

Otros importantes sectores económicos que han sido menos afectados por la crisis como comunicaciones, salud, alimentos, o que tienen un rol estratégico, como la industria de armamentos y de energía, también mantienen una gran capacidad de influir sobre las nuevas políticas globales.

Aunque existen organizaciones que pelean por sus intereses, los ciudadanos comunes son representados por sus gobiernos. Si estos careciesen de representatividad o les diesen la espalda, cientos de millones de personas no tendrían quien defendiese en la mesa de negociaciones sus intereses y necesidades.

Está claro que la nueva arquitectura del sistema económico internacional y las políticas que orientarán su forma de funcionar tendrán el sello de quienes sean los que se sienten a definirlas. Es un hecho que la crisis produjo un cierto deslizamiento de la toma de decisiones desde la esfera económica hacia la política forzando nuevos enfoques y medidas, pero si estos nuevos espacios decisionales no fuesen aprovechados podríamos terminar reproduciendo con cambios sólo cosméticos los procesos que generaron la gran crisis global.

Roberto Sansón Mizrahi
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¿Merecimos la crisis? Agosto 14, 2009

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merecimos la cisis

La respuesta es un rotundo “sí”. Pero no hablamos de merecer la crisis como un castigo sino como una consecuencia de cómo nos habíamos organizado como sociedad, cómo funcionábamos. Privilegiando ciertos aspectos e ignorando otros establecimos un cierto orden económico; consagramos prioridades y olvidos. Es difícil conducir una economía que premie la mezquindad y la avaricia como base de la acumulación. La acumulación es imprescindible para el funcionamiento económico pero no necesita ser agresivamente concentradora; puede haber acumulación distribuída en todos los estamentos de la estructura socioeconómica: grandes, medianas y pequeñas empresas. Si la formación de capital creciese más que proporcionalmente en las grandes unidades no cabe duda que estaríamos consagrando un inevitable proceso concentrador ya que la propia dinámica económica tomaría –como toma- ese rumbo. El desafío es pensar nuevas formas de estructurarnos y de funcionar porque de eso se trata cuando

hablamos de salir fortalecidos de una crisis. Si pagamos tamaño precio por errores cometidos busquemos abrir nuevas oportunidades. Necesitamos establecer otro set de premios y castigos; uno que promueva a los que agregan valor al esfuerzo social y no a los que especulan y lucran con los demás; alentar a quienes organicen de manera diferente la producción, reconocer lo que cada uno aporta al funcionamiento social. Una visión optimista de la condición humana indicaría que sabremos erguirnos por sobre nuestros errores, reflexionar y crecer en experiencia, cuidarnos unos a otros, ejercer albedrío reconociendo límites. Esas son potencialidades que hablan del hacer y también del ser pero no garantizan de por sí rumbo alguno. Nos toca a cada uno preguntarnos si queremos realmente cambiar; enseguida vendrá si sabremos cambiar. Avanzamos cargados de una mezcla cambiante y tormentosa de necesidades, intereses, valores y emociones. Con ella y nuestra capacidad de pensar y de actuar podemos dar paso a algo mejor para el futuro que ya comienza. Merecimos la crisis pero lo que ahora importa es si sabremos transformarla en una oportunidad.

Roberto Sansón Mizrahi
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Crisis, consumismo y nuevas avenidas Agosto 4, 2009

Archivado en: Uncategorized — unpaisparatodos @ 7:27 pm

Oh sorpresa, un buen día la onda expansiva de la alocada asignación especulativa del ahorro, comenzó a hacer estallar las enormes burbujas financieras dejando en evidencia primero el sobre-endeudamiento en materia de préstamos hipotecarios y de tarjetas de crédito y, desde allí, impactando como efecto dominó sobre el resto de los mercados..

Ese sobre-endeudamiento hubiese causado menos daño o quizás un impacto positivo si hubiera conducido a un consumo más significativo, alejado de la superficialidad de necesidades no básicas alentadas por una efectiva publicidad comercial. Otra dinámica económica se hubiese podido desatar -bien alejada de la especulación financiera y con una mucho más racional asignación de los recursos disponibles- de haber cambiado el perfil de nuestro consumo orientándolo hacia uno de energía limpia, de alimentos sanos, de medicina preventiva, de bienes que no promuevan mayor alienación existencial y el deslizamiento hacia adicciones; un consumo portador de valores y no de la ostentación que exacerba diferenciación social. En otras palabras, distinto hubiera sido el desenlace de haber reemplazado consumismo por un consumo responsable.

La desigualdad socioeconómica no es sólo de ingresos sino que también se expresa en una brecha de conocimiento, información, contactos, acceso a mercados y a capitales, lo cual atenta contra el desarrollo personal y la formación de capital en sectores de pequeños y micro productores que conforman inmensas mayorías en casi todos nuestros países. Esto no necesita ser así como se afirmaba en el pasado cuando se señalaba que las economías de escala eran un pie forzado imposible de remontar. Es que hoy contamos con nuevas avenidas donde moderna ingeniería de negocios es capaz de estructurar pequeña producción dispersa en organizaciones de porte medio capaces de acceder a umbrales superiores de oportunidades. Es el caso de los sistemas de franquicias, los consorcios de exportación, las centrales de servicios, las modernas tramas productivas lideradas por empresas bien organizadas que hacen crecer a toda su cadena de valor. Por ahora poco de ello llega a la base de la pirámide que en lugar de la excelencia de las nuevas avenidas recibe lo residual o de descarte.

Roberto Sansón Mizrahi
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La ceguera que precipitó la crisis Agosto 4, 2009

Archivado en: Uncategorized — unpaisparatodos @ 7:25 pm

Por demasiado tiempo no se quiso, no se pudo o simplemente se ignoró enfrentar los desafíos que presenta establecer un crecimiento orgánico. En particular no se mejoró sino empeoró la distribución del ingreso y, para encarar las crecientes brechas, se acudió a extender el crédito en lugar de generar más ingresos genuinos en los sectores medios y bajos (la base de la pirámide social).

Ese enfoque posibilitó que siguiera creciendo la desigualdad, concentrándose el ingreso, el ahorro y la inversión. La miopía se hizo cómplice de la avaricia y de la mezquindad. Unos pocos alertaron sobre las tensiones que se iban acumulando bajo la superficie pero como el “crecimiento” era vigoroso y parecía sostenido pocos estuvieron dispuestos a creer que ese rumbo y esa forma de funcionar terminarían siendo insostenibles.

Mientras tanto la insatisfacción se sorteaba, se posponía, acudiendo al endeudamiento de los sectores medios y, en menor medida, de los sectores de bajos ingresos. En ese momento no preocupó el sobre-endeudamiento. ¿Porqué habría de preocupar si gracias a él la maquinaria económica atravesaba un período de alta bonanza? Por otra parte allí estaban la política para administrar los ocasionales estallidos y los grandes medios de comunicación para homogeinizar el pensamiento y asfixiar el disenso.

Se fueron así armando las temibles enormes burbujas financieras, alejadas cada vez más de la economía del ciudadano de a pie. El sistema financiero se centró en sí mismo; los “productos” financieros movían ingentes sumas que se transferían masivamente y en tiempo real con sólo disponer de facilidades de comunicación; los retornos ofrecidos superaban cualquier opción de inversión en la economía real.

Con esta peligrosa lógica y sin pausa fue ensanchándose la brecha entre lo que un vigoroso sistema productivo era capaz de producir y lo que una demanda rezagada estaba en condiciones de absorber. Con tamaña ceguera y las alarmas amordazadas no debiera habernos sorprendido que una a una fueran generándose las condiciones para que un buen día, sin mayores anuncios, estallará con toda la fuerza represada esta gran crisis sistémica.

Roberto Sansón Mizrahi
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Una crisis es evitable Julio 27, 2009

Archivado en: Uncategorized — unpaisparatodos @ 2:31 pm

Está claro que es posible evitar que el funcionamiento económico desemboque en una crisis. Esto va más allá de regular con propiedad los mercados financieros, lo cual por cierto es necesario realizar. Ocurre que cuando hay fuerzas económicas desatadas que golpean los límites de sustentabilidad del sistema económico, no basta con fortalecer defensas sino que también se impone desactivar esas fuerzas que son sociales y no naturales. Se requiere trabajar un crecimiento orgánico que evite los efectos traumáticos de la desigualdad generada por procesos concentradores. Entre otros factores, habrá que procurar que los ingresos de los consumidores acompañen el crecimiento de la oferta de bienes y servicios. Ello contribuirá a sostener el crecimiento, nunca exento de desajustes y turbulencias propios de sistemas complejos donde interactúan millones de actores. Esas tensiones pueden ser “absorbidas” en el contexto de un crecimiento orgánico; es decir, cuando no se sobrepasan los límites de sustentabilidad.

Pero muchas veces los mercados no logran asegurar un crecimiento orgánico sostenido ya que diversas variables tienden a dispararse por fuera de las proporciones requeridas para un crecimiento relativamente balanceado. Es ahí donde se impone enrumbar el funcionamiento económico asegurándole efectividad y sustentabilidad. Pueden usarse para ello una infinidad de políticas, mecanismos e instrumentos. Esta batería de medidas incluye eliminar la regresividad de los sistemas tributarios y abatir la evasión, aplicar una más justa y efectiva asignación del gasto público, una política monetaria que asegure estabilidad de precios, regule la intermediación financiera y facilite el acceso al crédito, canalizar el ahorro nacional de modo que también posibilite la formación de capital a nivel de la base del aparato productivo, implementar acciones directas de apoyo a los pequeños productores en materia de conocimientos, contactos, acceso a mercados y moderna ingeniería de negocios, promover un trabajo integrador de las empresas líderes de cadenas productivas con proveedores, distribuidores y clientes ejerciendo a plenitud su responsabilidad mesoeconómica.

Roberto Sansón Mizrahi
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El camino hacia la crisis Julio 27, 2009

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El diagnóstico de porqué estalló la crisis parte señalando que el sistema financiero tuvo un pésimo comportamiento y facilitó que sectores sin capacidad de pago se endeudasen. Lo que no se explicita lo suficiente es el conjunto de circunstancias que hicieron posible ese comportamiento.

En mi criterio uno de los factores que generaron la crisis fue el desfasaje que se había producido entre la tasa de crecimiento de la oferta productiva y la tasa de crecimiento de quienes absorben esa producción (la demanda efectiva). Esto fue el resultado de un crecimiento concentrador que generó mayor desigualdad en casi todas las economías del mundo, lo cual afectó el crecimiento “orgánico” del sistema económico (un crecimiento relativamente balanceado de sus principales variables).

La desigualdad implica varias cosas. Por de pronto un rezago en los ingresos de sectores medios y bajos respecto al crecimiento de la producción, lo cual produce un desacople entre la masa de bienes y servicios que un vibrante aparato productivo está en capacidad de producir y lo que la demanda es capaz de absorber. Esta brecha genera tensiones que si adquieren dimensión sistémica ya no logran ser resueltas por la dinámica económica y requieren de la intervención de reguladores y timoneles políticos que, si no reaccionan tomando a tiempo decisiones que van más allá de lo puramente funcional económico, se traba el funcionamiento de la maquinaria económica y estallan las crisis.

La desigualdad implica también una creciente concentración del ahorro. Según como se canalice el ahorro se estará generando un tipo u otro de inversión. La concentración del ahorro se dió al mismo tiempo que se angostaban las oportunidades de inversión en la economía real debido al rezago de la demanda, lo cual indujo el desvío de ahorros hacia productos financieros especulativos con mayores retornos pero también altos riesgos, disimulados a través de esquemas de derivación. Esta dinámica llevó a desdibujar los límites éticos y dar paso a audaces aventuras cuasi-delictivas o plenamente delictivas que contribuyeron a generar las condiciones que llevaron a la crisis.

Roberto Sansón Mizrahi
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Rumbo y funcionamiento Julio 27, 2009

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Si el colapso económico internacional se hubiese producido porque se trabó el buen funcionamiento de la maquinaria económica, la solución pasaría por destrabarla: el sistema pre-existente se recuperaría y al volver a funcionar iría resolviendo los problemas que hoy sufrimos, incluyendo la extendida recesión y desocupación.

Esta es la esencia de una mirada funcionalista de la crisis. Pero ocurre que no es sencillo retirar las trabas funcionales que afectan a la maquinaria económica, no sólo porque son numerosas sino porque además están estrechamente vinculadas con variados intereses que pugnan entre sí para lograr reproducirse. Así y todo siempre vale realizar esfuerzos por mejorar nuestra forma sistémica de funcionar.

Otras miradas observan que no fue tan sólo el mal funcionamiento de la maquinaria económica el generador de los problemas contemporáneos, sino también el rumbo sistémico prevaleciente. La maquinaria económica conducida por personas y organizaciones que cuidan intereses particulares, se encaminó en una dirección que tiende a producir desastres ambientales, graves conflictos sociales y seria inestabilidad política.

Es éste un tema complejo que entrecruza lo económico con lo político, lo social, lo ambiental e involucra a un buen número de factores. Entre ellos hay uno que no suele ser tenido muy en cuenta al considerar la génesis y el desarrollo de la presente crisis: la alienación en la que muchos hemos caído en cuanto a la significación que asignamos a lo que somos y a lo que hacemos. Esta alienación trasciende el ámbito individual y se proyecta sobre la marcha del sistema global produciendo consumismo compulsivo, destrucción ambiental, acumulación desenfrenada y la exacervación del egoismo que lleva a ignorar a rezagados y a indigentes que son mayoría en este mundo.

Hay así una maquinaria socioeconómica de imperfecto funcionamiento que es conducida hacia un rumbo desbalanceado afectando al planeta en su conjunto. Frente a esto se impone encarar el doble esfuerzo de ajustar el rumbo y, en simultáneo, mejorar la efectividad de nuestra forma de funcionar.

Roberto Sansón Mizrahi
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El peso de nuestras mochilas Julio 21, 2009

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En el proceso productivo no somos seres sólo guiados por una lógica económica; cargamos en nuestras mochilas necesidades, intereses, valores y emociones.

El bienestar se asocia con la satisfacción de necesidades que son muchas y diversas; unas básicas como alimentarse, cobijarse, comunicarse, disponer de seguridad, otras esenciales a la condición humana como superar el desamparo, disponer de afectos, obtener reconocimiento, asegurarse dignidad, y varias superfluas. Estas necesidades varían por sector social, región, grupo etario, género, además de evolucionar con el tiempo, lo que hace deslizar permanentemente nuestras expectativas.

Nuestros intereses evolucionan con los afanes que movilizan a los seres humanos. Los diversos intereses pugnan por prevalecer o sobrevivir; se expresan y canalizan a través de un extenso conjunto de instituciones y regulaciones que es el resultado de acuerdos y de imposiciones que van decantando a través de la historia. Cuando las instituciones no logran amalgamar intereses, las pugnas se desbordan en confrontaciones que se dirimen por medios no institucionalizados.

Los valores son principios y normas heredadas o adquiridas. Cada quien tiende a creer que sus valores son universales pero hay millones de portadores de valores. Y si bien hay algunos valores asociados a los derechos humanos que son ampliamente aceptados, su interpretación y aplicación difieren de lugar en lugar, de situación en situación. Esto no niega el crítico rol que juegan los valores como complemento y moderación de los intereses particulares alejándonos de la ley de la jungla y del sálvese quien pueda, pero alerta sobre la manipulación que son objeto para contrabandear intereses que no podrían defenderse en campo abierto.

Pero también venimos ancestralmente agitados por emociones que pueden ayudar o perjudicar la marcha. Las emociones contribuyen a fortalecer nuestra motivación y movilización pero pueden también turbar y confundir el pensamiento; agregan vibración y exaltan el valor de lo propio, por lo que vale custodiar que no perjudiquen el proceso de fijar rumbos y de asegurar viabilidad a la marcha.

Roberto Sansón Mizrahi
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