Un país para todos

¿Emprendedorismo para todos? febrero 8, 2008

Filed under: Emprendedorismo para todos — Eduardo Remolins @ 7:23 pm

Hace poco escribí una columna sobre un programa de emprendedorismo en los EEUU. El tema no tendría nada de particular sino fuera que este programa se desarrolla dentro de las cárceles americanas y sus alumnos son los internos. Más llamativo aún: PEP (así se llama el programa) cuenta con el apoyo de universidades de la talla de Harvard y Stanford y cuenta con el trabajo voluntario de más de 800 altos ejecutivos de corporaciones estadounidenses que trabajan codo a codo con los convictos en un esfuerzo creativo por facilitar su reinserción social y económica al finalizar sus condenas.

Ahora bien, lo que para los fanáticos del emprendedorismo, como yo, es una noticia que entusiasma, para otras personas es lisa y llanamente una exageración. Alguien me dijo a raiz de esa columna: “¿Es que el emprendedorismo se puede aplicar ahora para resolver todos los males?” La pregunta es válida: “sirve la promoción del emprendedorismo para mejorar el sistema penitenciario? ¿Se puede aplicar a todo el emprendedorismo?

Puesto de ese modo, la respuesta es un casi seguro NO. Ningún remedio tiene un espectro tan amplio.

Sin embargo, sospecho que no es la promoción indiscriminada del emprendedorismo, la que exacerba las posiciones y levanta barreras de protección y escepticismo en muchas personas, sino su propia naturaleza (la actividad empresarial) . En otras palabras: el emprendedorismo pese a su apariencia inocua, genera en las personas tanto entusiastas adhesiones como íntimos rechazos.

Recuerdo que hace unos cinco años los directivos de una de la fundaciones americanas de promoción del emprendedorismo me comentaba las barreras y dificultades que habían tenido para desarrollar sus programas de educación emprendedora en colegios públicos de Argentina. Muchos de los padres de los alumnos, y algunos profesores y directivos también, se resistían a permitir las actividades de la fundación alegando que no querían que sus hijos aprendieran a ser empresarios, habida cuenta de que los empresarios desarrollaban actividades inmorales o no éticas, en su opinión.

Lo curioso es que en los colegios privados (cuyos alumnos en su mayoría provienen de segmentos sociales mas acomodados) estos programas de la fundación se promovían entusiastamente, de acuerdo al mismo criterio pero distinta valoración: “quiero que den los programas para que les enseñen a mis hijos como ser empresarios”.

La paradoja de la historia: aprendían más y recibían más herramientas quienes quizás menos lo necesitaban.

La historia viene a cuento para ilustrar que no todo el mundo abraza la idea de la necesidad de promover a los emprendedores del mismo modo. Ni todos entienden por “emprendedor” lo mismo. Para algunos “emprendedor” es aceptable, pero “empresario” no. Para algunos “lo pequeño es bello” y aceptan la actividad empresaria, mientras el negocio no crezca demasiado. Para otros ninguna actividad empresaria es buena, se animen a decirlo en público o no.

Uno de los efectos que tuvo la caída del Muro de Berlín (de tantos que se le atribuyen) es que no es tan sencillo oponerse a la economía de mercado. Es cierto que se abrió un debate interesante sobre las múltiples formas, matices y modelos que puede admitir el capitalismo. Pero no es menos cierto que para algunas personas la cuestión está fuera de discusión: ningún proceso económico que genere ganancia es bueno. Sólo que no es tan sencillo sostener esta idea públicamente, entonces se transforma en un casi-prejuicio, a medias visible cuando se plantea, por ejemplo, el tema del emprendedorismo.

Esto es lo que hace al tópico algo controversial, cuando uno escarba un poco bajo la superficie.

Siempre me ha parecido que el debate de fondo es sobre la legitimidad moral de la actividad empresaria, porque es sobre esa base conceptual y cultural que se puede trabajar luego con instrumentos, programas, promoción, etc.

Si la tensión subyacente sobre el emprededorismo no se resuelve, vamos a encontrar trabas y frenos culturales, especialmente en América Latina, que hacen que la ayuda, la información y las herramientas las sigan recibiendo en mayor medida quienes menos las necesitan.

¿Sirve el emprendedorismo para mejorar la vida de las personas que salen de la cárcel? Probablemente, al menos en el caso americano sirvió. Pero ¿estamos preparados para aceptar este tipo de programas en un rango amplio de ámbitos y sectores sociales? En el fondo ¿estamos de acuerdo en que los reciban nuestro hijos? ¿Creemos que son útiles para todos o sólo para una elite que luego utiliza esos conocimientos para sacar ventajas?

Si no estamos convencidos que es legítima la actividad empresaria(no sólo tolerable, no sólo inevitable, sino SOCIALMENTE POSITIVA) entonces no tiene sentido discutir qué herramientas vamos a usar.

Este blog habla de cómo crear un país para todos. En mi opinión la creación de valor económico es algo tan intrínsecamente humano como la creación artística. Desde ese punto de vista es que creo que debería haber un capítulo de Emprendedorismo para Todos. Pero no todos van a estar de acuerdo con este punto de vista.

¿Valdrá la pena agregar este capítulo?

por Eduardo Remolins 

 

One Response to “¿Emprendedorismo para todos?”

  1. […] 8, 2008 in Otros blogs Un país para todos es un blog-experimento de Roberto Mizrahi. La idea es que en él, personas de distintos campos de […]


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