Un país para todos

Una cooperación externa que ayude a construir un país para todos febrero 20, 2008

Filed under: Cooperación técnica internacional — unpaisparatodos @ 12:11 pm

A veces la cooperación externa apoya procesos que no son conducentes a un desarrollo social y ambientalmente sustentable, esto es, no ayudan a construir un país para todos; otras veces sí. .  Entre los oferentes de cooperación internacional existen aún unos pocos dinosaurios que creen conocer mejor que nadie las necesidades locales y, además, cómo resolverlas. Su paradigma es “yo tengo el dinero, tú la necesidad, si quieres mi dinero pues acepta mis criterios de cómo asignarlo”. Esta actitud se presenta más encubierta que en otras épocas pero sigue enraizada en un solapado sentimiento de superioridad por disponer de recursos financieros, tecnología moderna, mejor información o contactos. Esto subleva porque hay capacidad en el mundo en desarrollo para diagnosticar sus problemas y elaborar soluciones ajustadas a sus circunstancias.  Debemos admitir que también hay penosos personajes del lado de los receptores de la cooperación internacional, sean aquellos incapaces de identificar lo prioritario y organizar la implementación de buenas iniciativas, o aquellos que se apropian de los recursos externos para su provecho o el de su entorno. Ignorancia, negligencia o codicia atentan contra la construcción de un país para todos. Más allá de estos casos, existen interlocutores honestos y de buena voluntad en ambos lados, capaces de entender las complejidades de las situaciones en las que les toca operar.  Cooperación externa constructiva es aquella donde ambas partes establecen un modo de operar que facilite al esfuerzo local resolver sus  problemas. Problemas definidos por quienes los viven pero considerando experiencias y conocimiento de otros, incluyendo de quienes ofrecen la cooperación externa. La soberbia de cualquiera de las partes atenta contra la excelencia y compromete la viabilidad de una iniciativa colaborativa. Esta claro que si un receptor de cooperación externa no es propietario de la iniciativa, si no cautela como propios los recursos que recibe, tendrá una actitud displicente con la cooperación externa. Un efectivo liderazgo local es sin duda un factor imprescindible para el éxito de los programas apoyados con cooperación externa.   Vale también considerar que no es sencillo determinar qué es en verdad éxitoso y,  por tanto, cualés serían considerados impactos positivos de la cooperación externa. Hay diversas perspectivas para determinar lo exitoso y lo positivo. Sin ir más lejos, quienes estamos propugnando la construcción de un país para todos consideramos exitoso o positiva una cooperación que contribuya a esa construcción pero quienes postulen otras visiones tendrán otras concepciones.  De este modo, tocará a cada liderazgo local identificar entre las diversas fuentes de cooperación externa aquellas más capaces de comprender y acompañar sus propias visiones y propósitos. Un tema no menor es el de la cuantificación de resultados. Cuantificar es muchas veces conveniente porque algunas métricas conforman pruebas irrefutables de lo acontecido. Sin embargo cuando los resultados no son susceptibles de ser cuantificados o resulta muy dificil o impreciso hacerlo, es necesario establecer otras formas para apreciar el impacto de la cooperación externa. Para evaluar este tipo de situaciones se requerirán apreciaciones cualitativas, como sucede cuando la cooperación externa pasa a ser un insumo de complejos, y a veces contradictorios, procesos sociales. En estos casos no vale imponer forzadas cuantificaciones ya que terminarían siendo engañosas o irrelevantes como forma de demonstrar el cumplimiento de los fines perseguidos.  Además está la cuestión de los horizontes temporales (corto, mediano y largo plazo). Esos horizontes van asociados con tiempos de maduración de las acciones que se acometen. Algunos resultados en determinadas iniciativas pueden evidenciarse casi desde un comienzo, y otros en cambio van germinando bajo la superficie y pueden hacer eclosión más allá de los tiempos burocráticos de un proyecto de cooperación externa. Por tanto, no sería apropiado evaluar el impacto a corto plazo de una acción social, económica o ambiental cuya maduración podría evidenciarse en el mediano o largo plazo. En muchísimos casos es imprescindible conocer el pasado de una comunidad, la historia de su desarrollo, para poder medir con propiedad los resultados. Porque no todo son equipamientos, infraestructuras, niveles de consumo. Hay resultados estrechamente ligados al desarrollo de las personas y sus organizaciones, a la capacidad de sostener iniciativas, a la evolución de valores y actitudes. Son procesos importantes en los que no es fácil determinar la profundidad y naturaleza de los cambios, el verdadero alcance de las transformaciones, si no se conociese plenamente el punto de partida del programa o proyecto y, más aún, la historia, los procesos que precedieron el punto de partida.    Pienso que una cooperación externa que acompañe la construcción de un país para todos debiera aportar información, contactos, conocimientos y financiamiento para desarrollar la base de la pirámide social. Y esto hacerlo no directamente sino generando capacidad instalada local que fortalezca el liderazgo autóctono. En un sentido el proceso de decidir la asignación de cooperación externa tiene algunas semejanzas con cómo se decide una inversión: se evalúa el mérito de un proyecto pero se invierte en quienes lo conducen. Porque son muchos los imprevistos y más aún los ajustes de dirección que será necesario hacer durante toda la vida del “proyecto”. Su formulación inicial involucra en general a una diversidad de fuerzas sociales y sirve tan sólo para constatar el punto de partida y marcar la direccionalidad deseada; también como guía para orientar las primeras acciones. Luego, la dinámica de interacciones entre personas, grupos y organizaciones irá cuajando una trayectoria cada vez más novedosa que muy posiblemente se alejará con el tiempo de las circunstancias iniciales y no se orientará linealmente a las metas perseguidas.    Finalmente me atrevo a decir que una cooperación externa que quiera acompañar la construcción de un país para todos deberá respetar plenamente a quienes la solicitan para ser respetada; escuchar bien al liderazgo local para ser a su vez escuchada. Si está bien concebida, la cooperación externa se constituirá en un insumo importante y hasta quizás estratégico para catalizar o robustecer el proceso de construcción. Puede incluso ayudar a iniciarlo y en algunos casos aún a inspirarlo, pero en ningún caso puede aspirar a sostenerlo por sí misma.  

Roberto Sansón Mizrahi

Moderador 

 

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