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Negociaciones salariales para abatir desigualdad y sostener el crecimiento marzo 19, 2008

Filed under: Desigualdad y pobreza — unpaisparatodos @ 5:29 pm

Si se pusiese sobre una negociación salarial todo el peso del ajuste necesario para abatir desigualdad se podría afectar la propia dinámica de desarrollo de un país. Al mismo tiempo, una negociación salarial que retribuya adecuadamente a quienes participan del proceso productivo es esencial y legítima. Lo que estamos diciendo es que no es posible cargar sobre una sola variable –en este caso un ajuste de remuneraciones- todo el esfuerzo que se requiere para abatir de manera significativa la desigualdad y la pobreza. Más adelante consideramos elementos propios de una negociación salarial. Pero antes vale señalar qué otras variables, además de los salarios, también inciden y necesitan ser ajustadas para poder materializar una reducción de la desigualdad y la pobreza; en otras palabras, situar las negociaciones salariales en el contexto de una acción comprehensiva para abatir desigualdad. Al hacerlo enriquecemos con una visión sistémica el espacio natural y posible de una negociación salarial, acercando a las partes a lograr acuerdos que contribuyan a reducir desigualdad y sostener el crecimiento del país. (i) Políticas macroeconómicas para abatir desigualdad y sostener crecimiento Prácticamente todas las políticas públicas tiene incidencia directa o indirecta tanto sobre la desigualdad como el crecimiento. Con lo cual un primer comentario es que todas ellas debieran ser instrumentales para abatir desigualdad y promover crecimiento. Para ejemplificar vamos a destacar dos de las más relevantes: la política fiscal y la de gasto público. La regresividad de los sistemas impositivos de América Latina es inaudita. Para decirlo en una frase: los pobres pagan proporcionalmente más impuestos que los ricos. Son varias las razones que explican esta sinrazón[1]. Para acercarnos a un desarrollo que sea económica y socialmente sostenible la política fiscal debe eliminar la regresividad. Por su parte el gasto público suele ser la principal fuente de financiamiento del sistema educativo, del sistema de salud, de seguridad, de la infraestructura vial y energética, entre muchos otros sectores y actividades que sostienen el crecimiento y hacen parte del ingreso no salarial de los sectores de la base de la pirámide social. En la medida que se asigne debida prioridad al gasto público orientado a atender requerimientos sociales y productivos de estos sectores se estará contribuyendo a abatir desigualdad de manera sustentable. (ii) Iniciativas mesoeconómicas para abatir desigualdad y sostener crecimiento Las empresas funcionan dentro de tramas o redes productivas que conforman cadenas de valor y clusters de empresas semejantes o complementarias. Ese es el espacio de la mesoeconomía. En este espacio el protagonismo es compartido entre todas las unidades productivas que participan de las redes pero con un rol muy especial para las empresas líderes. Son ellas quienes orientan e influyen el comportamiento de las demás. Esas empresas líderes tienen la responsabilidad mesoeconómica de contribuir desde su ámbito a abatir la desigualdad y sostener el crecimiento. No sólo generando más empleos para reducir la desocupación y mejores ingresos para sus trabajadores, sino también adoptando tecnologías, formas de estructurar sus negocios y de relacionarse con proveedores, distribuidores y clientes, que favorezcan en todo lo posible a los sectores de la base de la pirámide. Cada decisión empresarial, cada nueva inversión, tendrá efectos primarios y secundarios. Los primarios son aquellos que inciden sobre el funcionamiento y resultados de la propia empresa; los secundarios son los efectos sobre el resto de actores de su cadena de valor y de la comunidad en la que opera. Pocas veces estos efectos son explicitamente considerados e incluídos en la matriz de decisiones de una empresa; lo cual esteriliza potenciales efectos benéficos o, lo que es peor, puede causar impactos negativos que podrían ser evitados sin afectar, o afectando sólo marginalmente, los resultados. El sector privado no está al margen del esfuerzo nacional por abatir desigualdad y sostener el crecimiento sino que cumple un importantísimo rol. (iii) Programas de apoyo a pequeños y micro emprendimientos productivos Buena parte de la población que conforma la base de la pirámide social asegura su subsistencia trabajando por su cuenta o como asalariados generalmente informales en pequeños o micro emprendimientos productivos. De este modo, los programas de apoyo a pequeños y micro productores conforman un componente central de un esfuerzo por abatir desigualdad y pobreza. Esto incluye programas de microcréditos y de crédito para pymes, así como toda la gama de asistencia tecnológica y de gestión comercial. Opinión Sur ha cubierto extensamente este tema por lo que en las líneas que siguen tan sólo quisiéramos destacar dos aspectos fundamentales. El primero hace referencia a la excelencia y el salto de escala que debieran caracterizar a los programas de apoyo. La brecha de ingresos se hace aún mayor cuando se le agrega la brecha de conocimientos, contactos e información que afecta a todos los sectores de la base de la pirámide social. Necesitamos y podemos cerrar esa brecha. Hoy la economía es conocimiento dependiente y no cabe agravar la ya precaria situación de pequeños y micro emprendedores privándoles del acceso a moderna ingeniería de negocios que está disponible en el mercado, retacéandoles información sobre oportunidades comerciales y cómo aprovecharlas, negándoles asistencia para gestionar apropiadamente sus emprendimientos. De igual modo no podemos quedarnos en el umbral de lo demonstrativo, de los proyectos pilotos. Estos esfuerzos son y seguirán siendo válidos como campos de ensayo de nuevas metodologías y enfoques de trabajo pero el desafío presente es asistir a grandes mayorías (no tan sólo a pequeños bolsones de pobreza) a través de programas de gran alcance y significación. El segundo aspecto se refiere al gran esfuerzo que es necesario realizar para registrar el trabajo informal que abunda en pequeños y micro emprendimientos. En estos casos las condiciones objetivas de la pequeña unidad hacen muy difícil y a veces inviable el blanqueo de los trabajadores informales. Si tuviesen que cumplir sin más todas las exigencias fiscales, de cargas sociales y regulatorias impuestas por las normativas vigentes se podría afectar la viabilidad de los emprendimientos que estuviesen operando en situaciones de subsistencia. En esas condiciones es inefectivo o contraproducente tan sólo perseguir a los pequeños y micros que no registran a sus trabajadores. Se impone más bien crear un régimen especial para los pequeños y micros (como varios países ya han instaurado) que vaya gradual pero firmemente completando una transición hacia el registro de toda la fuerza laboral no registrada. (iv) Límites y posibilidades de las negociaciones salariales Explicitado lo anterior queda claro que es muy distinto encarar negociaciones salariales en un contexto donde prime el “sálvese quien pueda y como pueda”, que en otro donde las negociaciones se desarrollan mientras se implementa una serie de acciones para abatir desigualdad. Al encarar una seria reforma fiscal y asignar suficiente prioridad al gasto público orientado a la base de la pirámide social se estaría mejorando el salario de bolsillo de los trabajadores (que pagarían menos impuestos) y aportando ingresos no salariales (se cubrirían necesidades de sectores populares con mejores servicios de educación, salud, energía, etc). El contexto de negociación mejoraría aún más si las empresas líderes de cadenas productivas se pusiesen al frente de un esfuerzo bien concebido para ejercer a pleno su responsabilidad mesoeconómica. De ese esfuerzo surgirían más empleos y quizás mejor remunerados a lo largo de la cadena productiva, junto con un valor agregado no financiero como es el de posibilitar a pequeños emprendimientos adquirir modernos conocimientos, acceso a mercados, información comercial y asistencia sobre la marcha. También pesan fuerte los programas de apoyo a pequeños y micro emprendimientos porque, si bien las negociaciones salariales se centran en los trabajadores registrados, algunos desarrollan por sí o a través de familiares actividades informales por cuenta propia con las que complementan sus ingresos. En todo caso, está claro que tanto sindicatos como asociaciones empresariales encararán de manera diferente las negociaciones salariales si ellas fuesen parte o no de un conjunto comprehensivo de acciones de promoción de la base de la pirámide social. En lo que hace a las negociaciones salariales en sí mismas es necesario considerar varios aspectos que incidirán sobre ellas, entre otros los siguientes: Evaluar cómo se reparten los resultados entre trabajadores, cuadros ejecutivos y propietarios del capital. Si bien el criterio básico es que las subas salariales acompañen aumentos de productividad, vale considerar también la estructura distributiva presente y cómo fueron evolucionando esas proporciones en el tiempo, de modo de no consagrar eventuales injusticias distributivas que vienen de épocas anteriores ni tampoco violentar límites de viabilidad económica de las unidades productivas.Analizar cuánto de la remuneración al capital se retira de la empresa y cuánto se reinvierte. Los trabajadores podrían eventualmente postergar una parte de sus aspiraciones presentes contra una fundada expectativa de mejores resultados futuros si la empresa o el sector se estuviesen capitalizando a través de una firme reinversión de resultados. En esos casos la negociación debería incluir cláusulas de ajustes salariales asociados a mejores resultados futuros en cada emprendimiento. En cambio la posición sindical sería muy distinta si gran parte de los resultados saliesen de la empresa vía dividendos u otros mecanismos (como subfacturación entre filiales de un mismo grupo económico). En estos casos la pugna salarial se volcaría entera sobre el presente corporativo aspirando a compartir la mayor proporción posible de la distribución de resultados. Existe una variedad de formas (algunas muy creativas) para alinear intereses de todas las partes que sustentan una empresa. Sin creatividad los espacios para encontrar acuerdos constructivos se angostan y aumenta el riesgo de deslizarse hacia confrontaciones que terminan afectando a todos. La codicia de algunos, la frustación de otros, la ignorancia y mala fe de muchos, sólo puede ser combatida con transparencia, clara información, buena argumentación y firme credibilidad de las partes. La confianza mutua, aquel intangible de enorme valor muchas veces ignorado y otras afectado por conductas irresponsables, es en verdad el mayor facilitador de una buena negociación. Corrupción, necedad, mezquindad, ignorancia o indiferencia a las circunstancias del otro, pueden descarrilar cualquier negociación. En cambio, una buena dosis de pragmatismo, creatividad y un real esfuerzo de las partes para comprender los márgenes de lo posible, son condición necesaria para seguir avanzando como socios en el esfuerzo de creación de riqueza. En un mundo donde no escasea el egoismo y el tomar ventaja de los otros, parecerá extraño cerrar estas líneas recordando que la economía, más allá de los parámetros históricos y tecnológicos que la condicionan, está constituída en esencia por relaciones entre personas y grupos. Esas relaciones son guiadas por intereses pero también por valores. De ahí que exista un crítico espacio de trabajo no sólo para aprender a alinear constructivamente la diversidad de intereses que pugnan por prevalecer, sino también para que trabajadores, ejecutivos o propietarios de activos reflexionemos de cara a nuestros valores sobre la significación de nuestros actos y las consecuencias y responsabilidades que de ellos se derivan.


[1] En números anteriores de Opinión Sur hemos analizado esta cuestión y también la que sigue por lo que no nos extenderemos en ellas.

Roberto Sansón Mizrahi

© Copyright Opinión Sur

 

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