Un país para todos

La correa alimenticia septiembre 8, 2008

Filed under: Alimentos y Biocombustibles — unpaisparatodos @ 7:57 pm

Primera parte:

Los límites del crecimiento

Juan Eugenio Corradi

Este articulo es el primero de una serie sobre la producción global de alimentos y su vulnerabilidad. Esta proviene de una característica básica de toda la producción económica y de sus presupuestos, a saber: que los insumos son inagotables y que la capacidad de consumo y por ende de producción de desechos es también infinita. Estas “cadenas abiertas” de la producción y el consumo se han cerrado. El mundo es finito y hay que cuidarlo.

El agua y la vida.

El gran escritor y humorista norteamericano Mark Twain dijo una vez: “el whisky sirve para beber y el agua para pelearse.” El whisky es un producto de placer y un lujo optativo. El agua es vida, y nos está faltando –por eso la pelea. No se trata de una metáfora, sino de una serie de hechos preocupantes. Veamos algunos:

– A medida que el planeta se caliente, el clima se volverá mas húmedo en algunas latitudes, y mas seco en otras. El cambio de clima dejará a millones de personas sin suministro confiable de agua para beber, regar y motorizar turbinas. Habrá sequía por un lado, e inundaciones por el otro. ( Refererencia )

– El agua escasea cada vez mas en las regiones de mayor crecimiento demográfico –Medio Oriente y Norte de África en particular, intensificando los conflictos entre estados. (Referencia)

– Los dos países mas poblados del planeta –China e India—están agotando sus napas de agua con gran velocidad. A corto y mediano plazo deberán importar el precioso liquido. (Referencia)

– Los glaciares del Himalaya y de los Andes están retrocediendo, y con ellos disminuirá el caudal de los grandes ríos que alimentan. (Referencia)

– La población crece mas rápido en las zonas mas áridas y mas reacias al cultivo. ¿Como hará esta población para comer? Referencia

-En regiones muy ricas, como California, el agua también escasea y disminuye el ritmo del crecimiento económico. (Referencia)

-El riego artificial ha hecho de la árida provincia de Murcia, en España, un vergel de producción de hortalizas para el mercado europeo. Pero el agua para riego se esta agotando, y Murcia involuciona hacia un destino desértico, después de haberse ilusionado con ser la “California de Europa.” (Referencia)

-Israel, otro vergel de irrigación artificial, está agotando sus napas subterráneas y debe recurrir a procesos cada vez mas costos de desalinización. Este enérgico país puede controlar muchas variables geopolíticas, pero no el clima. (Referencia)

-El crecimiento económico vertiginoso está produciendo la extinción masiva de especies animales y vegetales a un ritmo sin precedente. Entre el 30 y el 50% de todas las especies vivientes habrá desaparecido en 2050. (Referencia)

¿Crecimiento o agotamiento?

Nuestra civilización globalizada se ha montado en una curva insensata de crecimiento sostenido con recursos limitados, y algunos ya se están agotando. No se necesita ser un genio para apreciar que, así las cosas, nuestra prosperidad consumista no da para mucho mas. La civilización de la voracidad y el despilfarro ya entró a la antesala de su desbarranque.

A comienzos del siglo 19, un pobre corredor de comercio, autodidacta, se propuso hacer proyecciones sobre el crecimiento de la población, no sólo en su Francia natal, sino en todo el planeta. Igual que el inglés Thomas Malthus, el parisino llego a la conclusión que la población mundial alcanzaría su máximo desarrollo en el siglo 21, y luego entraría en una descomunal crisis de alimentación y de recursos básicos. Este señor, cuyo nombre era Charles Fourier, decía que los recursos “no darían abasto” aun con todos los esfuerzos industriales, tecnológicos y comerciales que ya estaban en pleno auge en Europa por aquel entonces.

Fourier sostenía que el producir mas y mas, y el consumir mas y mas, no eran el camino de la felicidad, sino el de la catástrofe. Propuso entonces una organización social distinta, basada en lo que hoy nosotros llamaríamos el desarrollo local sostenible. Como el siglo 19 oficiaba en el altar del progreso indefinido, las propuestas de Fourier fueron desechadas como las elucubraciones de un loco utópico y poco informado. El pobre Fourier espero todos los días de su vida, en vano, que a su casa llegasen políticos y hombres de negocio para pedirle consejos. Suponía ese profeta de barrio que sus escritos iban a convencer a los espíritus mas sagaces de su época.

Doscientos anos después, frente a un crecimiento económico insospechado en 1830, con la incorporación de lo que los Europeos de la época llamaban “hordas asiáticas” a la civilización del bienestar y del consumo, y con una población mundial que se estima llegará a 9.000 millones en 2050, se nos está acabando el petróleo y pronto se nos acabará el agua. Los pensadores mas sagaces de nuestra generación se ven obligados a repensar los presupuestos del desarrollo, a buscar fuentes alternativas de recursos renovables, y formas de vida que no destruyan el entorno ecológico que les proporciona el ser. La visión “utópica” de Fourier se ha vuelto una visión sensata, precursora de un nuevo sentido común. Los primeros síntomas han aparecido con nítida y brutal claridad: el precio del combustible se ha ido a las nubes, y el de la alimentación también. Mientras miles de millones de pobres se acercan al status de clase media, otros cientos de millones no tienen lo suficiente para comer y están cayendo en la mas abyecta miseria. En parte a causa del desarrollo económico y social, la atmósfera se está calentando, con consecuencias disruptivas en todos los sistemas naturales y social a los que estábamos acostumbrados. La crisis es total y convergente. El stress es planetario.

Repensar el desarrollo

Pero la dificultad que se avecina no es sólo una crisis objetiva: es una crisis de pensamiento y de enfoque. Los modelos económicos con que nos hemos manejado hasta la fecha están basados en cadenas abiertas de actividades, que van desde los insumos de procesos productivos, a la elaboración de productos, para culminar en el consumo y en los desechos del consumo. La cadena es abierta porque no entra en el cálculo ni la consideración de los posibles límites de los insumos, ni las consecuencias “secundarias” de las etapas de la agregación de valor, ni el impacto del consumo sobre la condición humana, ni lo que se puede o no se puede hacer con los desechos. Todas estas cosas quedan apartadas del cálculo bajo el concepto de “externalidades.”

Este presupuesto de un mundo siempre abierto hoy se ha vuelto problemático, si no lisa y llanamente falso. Estamos en pleno proceso de internalizacion de las “externalidades.” Los extremos de la cadena se tocan, y el proceso lineal se ha transformado en un circuito cerrado. De ahora en mas, no podemos decir con descaro “estamos consumiendo.” Deberemos decir “nos estamos consumiendo.”

Crecer: ¿hasta cuándo y hacia dónde?

En 1968 Robert F. Kennedy, con una lucidez que hoy escasea entre los políticos de su nivel, comentaba de la siguiente manera el desatino de la medida mas corriente del “bienestar” económico de las naciones –el Producto Bruto Interno: “Nuestro producto bruto nacional incorpora en sus cuentas la contaminación del aire y los avisos de cigarrillos y las ambulancias que se llevan a los heridos y los muertos en nuestras masacres de tránsito. También incorpora a sus cuentas las cerraduras especiales para disuadir a los ladrones y las cárceles donde los encerramos. Cuenta en sus cómputos la destrucción de nuestros bosques de sequoias y la desaparición del paisaje con el desarrollo caótico de nuestros barrios y ciudades.” Todos estos factores negativos se cuentan como positivos en el cálculo del PBI, y por otro lado no se toman en cuenta en él la desigualdad de oportunidades, de ingresos, de salud, y de la calidad de vida.

Kennedy tenia razón, pero lamentablemente, desde entonces las cosas no han mejorado. En los 40 años que han transcurrido entre aquel discurso pronunciado en la Universidad de Kansas y hoy, el PBI norteamericano pasó de 800 billones de dólares a 14 trillones. ¿Pero significa esto que la gente vive mejor? No, si nos atenemos a la merma de los ingresos familiares promedio en la última década, al costo incontenible de la atención médica, y a la mayor desigualdad social. Sin embargo, seguimos aferrados al PBI como medida del progreso económico y social.

A mala medición, malas políticas. Si incorporamos a las cuentas nacionales otros valores “intangibles” como las riqueza natural, la belleza del medio ambiente, la equidad en el reparto de los bienes y una vida en armonía con la naturaleza, las cosas cambian. Accedemos a una nueva visión, que a su vez hace posible nuevas políticas. Hace ya varios años que las Naciones Unidas produce un índice de Desarrollo Humano. El cuidado del medio ambiente, la renovación de los recursos, el uso racional, y no el abuso despreocupado, de la naturaleza exigen nuevas medidas y nuevas mediciones del bienestar. Tenemos que aprender a contar no sólo lo que tenemos (o producimos) sino lo que vale la pena tener (o producir). Por suerte, esta nueva conciencia se esta abriendo paso entre algunos de los mejores economistas –entre ellos, y para citar a unos pocos, Joseph Stiglitz, y Amartya Sen, ambos merecedores del Premio Nóbel. La medición del PBI fue una buena invención en la crisis de la gran depresión de los años 30, cuando el Presidente Roosevelt tuvo que poner en pie a una población sin trabajo y reactivar una enorme capacidad industrial ociosa. Pero hoy tiene escasa justificación y produce efectos perversos. Por ejemplo, el PBI no mide la distribución de oportunidades; el daño al medio ambiente se computa como crecimiento, y el sistema de salud mide lo que se gasta o se invierte en tratamientos, pero no la salud de la población.

Ha llegado la hora de ver el mundo social no como una serie de cadenas abiertas en constante crecimiento, sino como un sistema integrado de alta fragilidad. En los artículos que seguirán a éste, me propongo analizar el sistema alimenticio mundial, su vulnerabilidad, y sus alternativas. Opinión Sur inaugura así una nueva serie de artículos de geopolítica , abocados a observar cómo el mundo de hoy organiza y desorganiza nuestra supervivencia en su nivel mas básico: el de la mesa. Para comenzar, y ponerse en tema, sugiero al lector que vea un magnífico video sobre los objetos que nos rodean y sus correas de producción y consumo. ( link a video – Historia de las cosas )

Buen provecho, y hasta nuestro próximo encuentro virtual en que hablaré del origen y el destino de la comida. Iremos entonces directamente al grano –y a los graneros del mundo.

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