Un país para todos

El socialismo donde menos lo esperaban octubre 10, 2008

Filed under: Crisis Internacional — unpaisparatodos @ 3:39 pm

La gran crisis global que comenzó en los EE.UU. con el colapso de la especulación inmobiliaria ha hecho necesario acudir al estado para que nacionalice grandes empresas financieras y socialice sus pérdidas. Se trata de un socialismo de rescate “por arriba.” No sabemos si será suficiente para curar al capitalismo de sus excesos, pero parece que asoma en el horizonte un mundo nuevo en el que capitalismo y socialismo serán complementarios.

Cuando se desmoronó la Unión Soviética, y con ella el modelo de socialismo de estado que había alimentado las esperanzas de muchos a lo largo del siglo veinte, un sociólogo ruso amigo me comentó, con palabras que me quedaron grabadas: “La Guerra Fría fue un tango bailado en pareja. Uno de los bailarines se ha caído. ¿Cuándo crees que caerá el otro?” No quedó en claro si se refería a Rusia y a los Estados Unidos, o a los sistemas que ambos representaban: comunismo y liberalismo, o si se prefiere, socialismo y capitalismo. Frente a esa perplejidad, se me ocurrió contestarle con otra pregunta, tal vez un tanto sarcástica:”Según vos, fue el comunismo lo que arruinó a Rusia o Rusia la que arruinó al comunismo?” Ni mi amigo ni nadie hasta ahora han dado respuestas satisfactorias a aquellos interrogantes. Sin embargo, dieciocho años después del fin de la Guerra Fría, la economía norteamericana está sufriendo una crisis tan severa que pone en riesgo a todo el sistema capitalista mundial.

No se ha visto semejante colapso financiero desde la Gran Depresión de los años treinta. Igual que en aquella época, la confianza en las bondades del capitalismo pierde puntos día a día. Queda por ver si la raíz de la crisis está en el mal manejo de la economía por parte del país hasta ahora hegemónico, es decir una peculiaridad de lo que los europeos llaman el “capitalismo salvaje” norteamericano, o si se trata de un problema inherente al sistema capitalista en si, mas allá de las peculiaridades de cada nación. De todas maneras, poco vale preguntarse por el origen del brote infeccioso cuando la epidemia ya ha cundido. Como en los años treinta, hoy también hay voces que claman por una rápida y enérgica intervención del estado. Pero la analogía termina ahí.

A diferencia de la década del treinta, cuando el comunismo estaba en su adolescencia (había dado muestras de brutalidad pero no había todavía dado muestras de ineficacia), hoy nadie se propone articular una alternativa seria al sistema económico imperante. Desde la prédica de Margaret Thatcher y Ronald Reagan a favor del liberalismo económico a ultranza, que la señora Thatcher sintetizó en la sigla TINA (“There Is No Alternative” –“No Hay Alternativa”), y que en los veinte años siguientes fue internalizada por las elites tanto de oriente como de occidente, tanto del hemisferio Norte como del Hemisferio Sur, no se ha probado un modelo distinto que se haya demostrado viable.

Ha habido, eso si, reacciones contra los excesos del neo-liberalismo en los países del Sur que sufrieron fuertes crisis, e intentos de políticas de estado muy distintas a las que pregonaban en su época los voceros del “consenso de Washington.” Pero en mi opinión, esas políticas contestatarias son a su vez parasitarias del buen funcionamiento del capitalismo global en los grandes centros de crecimiento económico. Tales experimentos –llámense socialistas, populistas, o nacionalistas— han dependido de los mercados de materias primas, en particular la energía y las llamadas commodities(1). No hay equivalencia entre las políticas estatizantes y redistributivas de países exportadores de petróleo, gas o soja, para citar unos pocos ejemplos, y el movimiento histórico inverso, es decir, la conversión de un modelo socialista de estado al modelo capitalista de mercado que desde la gestión de Deng Xiao Ping se ha operado en la República Popular China. (2)

Pero ahora el tipo de crisis que antes afectaba a algunos países de la periferia, los llamados “mercados emergentes,” se ha desencadenado con toda furia en el centro mismo del sistema. Para salvarlo, los principales gestores del capitalismo global –gobernantes, banqueros centrales, tesoreros y grandes inversores—echan mano a todo el instrumentario del estado que está a su disposición. En muy breves palabras, las propias elites del gran capitalismo quieren que el estado se haga cargo de deudas impagables, de bancos en bancarrota, de títulos depreciados, y de bienes de capital muy devaluados que el mercado libre no es capaz de absorber sin paralizarse. En resumen: se trata de socializar las pérdidas.

Hace mucho tiempo el celebrado economista canadiense-norteamericano John Kenneth Galbraith, sentenció con su excelente estilo habitual: ” en los Estados Unidos el único socialismo respetable es el socialismo para ricos.”(3) A pocos años de su muerte hoy se cumple la profética sentencia. Parecería que el socialismo del siglo veintiuno en el Norte no es bolivariano sino washingtoniano –no se trata de un socialismo igualitario sino de un socialismo financiero y de rescate. No es descamisado ni camina en zapatillas; viste traje de Hermenegildo Zegna y calza zapatos de Salvatore Ferragamo.

Por el momento, los Estados Unidos ofrecen al mundo el espectáculo de un drama en varios actos que apenas ha comenzado. Lo que hace contundente al drama es la coincidencia de la crisis financiera con la inminencia de elecciones nacionales para los mas altos cargos.

En uno de los últimos episodios del teatro político pudimos ver al muy vapuleado presidente Bush reunirse con los dos candidatos a sucederlo, con los lideres parlamentarios de ambos partidos, y el séquito de funcionarios del estado, todos ellos con el seño fruncido y recitando graves advertencias, y con el énfasis puesto en la necesidad imperiosa de actuar en un estado de emergencia. Los nombres de esos funcionaros pasaron a ser de conocimiento público global, como si fuesen estrellas de cine o jugadores de fútbol: amen del Sr. Bush, cuyo nombre va entrando inexorablemente en el pasado, toman protagonismo Hank Paulsen, Ben Bernanke, Nancy Pelosi, Harry Reid y desde luego los candidatos Barak Obama y John McCain. Desde esas alturas, el mensaje es simple y claro: “Hay que aprobar de inmediato un plan de rescate para que el estado compre, con dinero de los contribuyentes, los malos títulos y acciones que hoy paralizan el crédito y por lo tanto toda la actividad económica. El plan no nos gusta pero es necesario para reanimar una economía moribunda.” Quienes entre mis lectores son aficionados de historia argentina recordarán las palabras de Sarmiento: “En materia de gobierno las cosas hay que hacerlas; mal o bien pero hacerlas.” Quienes sean aficionados de la teoría política recordarán los alegatos a favor del estado de emergencia desde Thomas Hobbes hasta Carl Schmitt.

Sin embargo el socialismo de rescate, es decir, la respetable intervención en los mercados del respetable Secretario del Tesoro y ex ejecutivo principal de la casa Goldman Sachs de Wall Street Henry Paulsen, con la ayuda de un respetable ex-economista de la Universidad de Princeton y experto nada menos que en la Gran Depresión de los años treinta Ben Bernanke, hoy Jefe de la Reserva Federal, encontró una fuerte resistencia en la Cámara de Diputados, donde el plan de rescate fue rechazado inicialmente en estrecha votación. Ese rechazo no vino de lo que en los Estados Unidos pasa por “izquierda”, que es el ala liberal del partido demócrata, sino del ala derecha del partido republicano, es decir, del partido de gobierno. Su mensaje fue tan claro como extremo: “Dejemos que el mercado se haga cargo de sus propios errores. El estado debe ser absolutamente prescindente.” Este argumento repetía casi verbatim el consejo que diera otro secretario del tesoro, Andrew Mellon, frente a la crisis bancaria de 1929-1932: “Liquiden y liquiden.” Algo así como “que quiebre quien tenga que quebrar”. Lo que sucedió después es parte de la historia: fue la Gran Depresión que duró largos años, hasta que le Segunda Guerra Mundial se encargara de poner en movimiento la gran maquinaria industrial norteamericana. Finalmente alguien convenció a los diputados reacios que cuando hay una seria avería, el barco no se hunde por partes sino que se hunde en su totalidad y que, quien no aprende las lecciones de la historia está condenado a repetirla. La ley de rescate pasó con modificaciones en una nueva votación y fue sancionada el 3 de octubre de 2008. Podemos marcar ese día como fecha de nacimiento del socialismo de rescate.

A como están las cosas en este momento, el “socialismo estilo norteamericano” proviene de una alta elite capitalista y pragmática; la sospecha y la resistencia provienen de sectores populares que todavía siguen a ultranza el fundamentalismo de mercado, y de sectores populares todavía mas amplios que sufren ya la merma de sus haberes jubilatorios, que ven a sus empleos amenazados, que tienen cada vez menos poder adquisitivo, que temen enfermarse por falta de seguro médico, y que tienen poca esperanza de progreso para sus hijos y nietos. A medida que la crisis evolucione, es posible que la resistencia a los “codiciosos de Wall Street” salga de los carriles del populismo de derecha y se reubique en un cuadrante mas progresista. Pero no es seguro.

Por el momento, a la fuerte crisis económica se suma una seria crisis de liderazgo. Con ciertas concesiones, la elite bipartidista ha puesto en marcha su plan de rescate, con la esperanza de conseguir un respiro hasta después de las elecciones. Será sólo a partir de entonces, y dependiendo mucho del resultado, que podrá verse el horizonte mas largo del sistema global, su reforma, y la recomposición geoestratégica del planeta. Conviene ahora comenzar a otear ese horizonte y preguntarnos en otro artículo qué papel jugarán los países del Sur en el mundo que surgirá después de esta crisis. Aquí me limito a una observación final.

El flamante socialismo de rescate que han descubierto los norteamericanos tiene una peculiaridad contradictoria. Después de tratar de desmantelar los aparatos del estado y vilipendiar su intervención en la economía por un cuarto de siglo, frente al gran traspiés financiero y la primer gran crisis de la globalización, los grandes capitalistas han echado mano con urgencia al estado como tabla de salvación. Pero se encontrarán con un estado con poca capacidad de gestión. Con la presidencia de Bush hemos visto cómo el estado norteamericano tiene una pésima eficacia en materia bélica (la ocupación de Irak y la guerra de Afganistán son pruebas contundentes), en materia de movilización frente a desastres naturales (la destrucción de la ciudad de Nueva Orleáns por el huracán Katrina), en materia de contención racional del gasto, en materia de seguros de salud, y en muchos otros órdenes. Después del presente “manotón de ahogado” que representa el paquete de rescate, se necesitará la mano firme de un verdadero reformista para volver a armar el estado –alguien como Franklin Delano Roosevelt en los años treinta.

A esta altura de la historia sabemos que el socialismo no es una alternativa global viable al capitalismo, pero parece cada vez mas evidente que es su complemento necesario. Si bien el capitalismo es la locomotora del crecimiento y de la prosperidad, le tocará al socialismo ocuparse de los rieles. Un tren bala sin rieles que lo contengan descarrila. En un rincón del mundo que no tiene mayor repercusión en el resto, salvo la del ejemplo, en 1990 hubo una crisis financiera similar a la que hoy padecen los EE.UU. Sucedió en Suecia, y el estado salió al rescate, con intervenciones de corte “socialista” rápidas y eficaces. Pero hace muchos años que Suecia experimenta con un socialismo complementario de su vigorosa economía capitalista. ¿No habrá llegado el momento de volver a tomar en consideración el modelo escandinavo? Por las dudas, y lo digo en serio, he comenzado a tomar lecciones de sueco. Jag talar och skriver liten svenska (4)

Juan Eugenio Corradi

Notas: 1) Resulta interesante advertir cómo las fuertes voces que se elevan contra el capitalismo occidental en las capitales “rebeldes” de los petro-estados –Moscú, Teherán o Caracas—bajan sus decibeles cada vez que baja mucho el precio del petróleo o de las commodities en general. Por otra parte, hay que reconocer que los países del Sur siguen financiando el déficit de los países del Norte a través de las inversiones de sus reservas de exportación acumuladas que no logran invertir en sus propios mercados. Los fondos soberanos están colocados en los EE.UU. y en la Unión Europea. 2) El mejor estudio sobre las características del capitalismo chino y su evolución, en particular el rol que el estado sigue jugando, es el libro de Yansheng Huang, Capitalism with Chinese Characteristics: Entrepreneurship and the State, Cambridge University Press, 2008. 3) En el original: “In America the only respectable type of socialism is socialism for the rich.” 4) Traducción: Hablo y escribo un poco el sueco.

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4 Responses to “El socialismo donde menos lo esperaban”

  1. Michal Says:

    dear juan,
    great piece. I have sent it on to a few people here in berlin, incl. claus offe.? what a change of the financial scene;? bush &co now have to eat their own shit.
    on that note..
    cheers,
    michal

  2. Devyani Says:

    Hi Juan: This is great–thanks for sending it out. It will be interesting to see how the next American President copes with this mess. Here in London the biggest news is the crash of Icelandic bank and with it of Iceland. UK residents have lost lots of money and are furious. But Europe and UK seem to be getting their act together quite fast. EU under Sarkozy is doing well and Brown is becoming a national hero. Bit of a Weberian situation it seems! Best regards

  3. Foad Says:

    Thanks Juan – it’s a great piece. I particularly liked the last two lines.

    All the best,

  4. Chris Shiamili Says:

    Thank you. Business conditions in the city are like going through a nuclear winter, not exaggerating at all, we are at a near total standstill; I panicked for a few days but I am ok now because I figured out a new “battle plan” to cope with the situation (still, I’ll have to plug a lot of money back in the business to keep it going for now). I printed your article which I plan to read carefully later on but I got a feel of it by glancing at it. As a matter of fact I think the banking sector might only be rescue-able by means of total nationalization – and the question of a capitalist alternative is now firmly back on the agenda.


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