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Crisis internacional: ajustar el rumbo diciembre 10, 2008

Filed under: Crisis Internacional — unpaisparatodos @ 1:09 pm

Entre los factores que generaron la presente crisis internacional existen algunos que son evidentes –como es el caso de la debacle del sistema financiero que gatilló la crisis- y otros menos evidentes pero igualmente importantes. Sin la presencia de estos otros factores es muy posible que esta crisis no se hubiese producido o que sus impactos hubiesen sido infinitamente menores. ¿Cuáles son esos otros factores? Muchos y diversos, y no se limitan obviamente al mundo económico sino que también tienen que ver con los sistemas de gobierno y las actitudes sociales predominantes.

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Entre los factores que generaron la presente crisis internacional existen algunos que son evidentes –como es el caso de la debacle del sistema financiero que gatilló la crisis- y otros menos evidentes pero igualmente importantes. Sin la presencia de estos otros factores es muy posible que esta crisis no se hubiese producido o que sus impactos hubiesen sido infinitamente menores.

¿Cuáles son esos otros factores? Muchos y diversos, y no se limitan obviamente al mundo económico sino que también tienen que ver con los sistemas de gobierno y las actitudes sociales predominantes. En las líneas que siguen se analizan algunos de los más importantes factores intervinientes procurando ofrecer una más amplia visión de la naturaleza de la crisis, de su dinámica y de las medidas que pudieran ayudar a superarla.

Funcionamiento económico trabado por la desigualdad

Un crítico factor que traba el funcionamiento económico es la creciente desigualdad que existe entre países y, dentro de cada país, entre sectores sociales. Este es un fenómeno muy conocido y documentado.

La desigualdad es generada por un particular proceso de acumulación sesgado hacia la concentración.de la riqueza. Con esto estamos implicando que hay distintos tipos de procesos de acumulación: unos que generan una agresiva concentración de la riqueza y otros que desembocan en una menor o muy reducida concentración.

Pareciera que todo proceso de acumulación tiende casi naturalmente a la concentración a menos que decisiones exógenas al sistema económico intervengan para compensar esa tendencia. Esas decisiones desconcentradoras son tomadas por diferentes actores.

Las más significativas son las que se toman a nivel de gobierno para redistribuir el flujo de ingresos, entre otras las decisiones referidas al nivel y la distribución de la carga impositiva, a la asignación del gasto público, a la política monetaria y de acceso al crédito, a las formas de canalizar el ahorro nacional hacia distintos tipos de inversiones, a la adopción de regulaciones sociales y ambientales.

También inciden sobre el tipo de acumulación prevaleciente las decisiones que toman las empresas, en particular las que lideran cadenas productivas, en materia de salarios, precios, tecnología, fuentes de aprovisionamiento y destino de sus productos. Estas decisiones estratégicas tienen efectos primarios que impactan la propia empresa pero también efectos secundarios sobre otros actores económicos de las comunidades en las que operan. Evaluar estos efectos secundarios y ajustar las decisiones estratégicas para maximizar su impacto positivo son los pilares de lo que denominamos responsabilidad mesoeconómica de las empresas líderes de cadenas productivas.

Por diversas razones y circunstancias políticas y económicas, el proceso de acumulación que prevalece tuvo y aún tiene un fuerte carácter concentrador. La concentración de los ingresos condiciona el funcionamiento del sistema económico; es un factor importante que impacta la dinámica económica que conduce a una crisis.

El impacto de la concentración en la crisis

* Por de pronto la concentración conduce a la segmentación de la demanda efectiva.

Los sectores afluentes favorecidos por la concentración, toda vez que sus necesidades básicas están ampliamente satisfechas, desarrollan una demanda conspicua por bienes muchas veces superfluos que los diferencian socialmente de los demás. Esta demanda envía señales al aparato productivo para que produzca ese tipo de bienes y servicios, consagrando una asignación subóptima del ahorro nacional y generando, al mismo tiempo, intereses corporativos comprometidos con el sostenimiento de ese patrón de consumo e, indirectamente, del proceso de concentración que lo sustenta.

A lado del consumo conspicuo, coexisten los sectores de bajos ingresos que no logran sino parcialmente satisfacer sus necesidades básicas; de este modo no se expresan sino muy disminuídos como demanda efectiva. Por su parte los sectores medios cubren sus necesidades básicas y, cuando disponen de saldos disponibles, en general reproducen inducidos por la publicidad buena parte del patrón de consumo superfluo.

* Al mismo tiempo, los sectores beneficiados por el proceso concentrador acumulan enormes excedentes financieros que requieren ser reciclados. En épocas normales nadie inmobiliza sus excedentes sino que procura colocarlos en inversiones financieras o en la economía real para, dados determinados niveles de riesgo, obtener el mayor rendimiento posible. Sin embargo, el proceso concentrador y sus impactos sobre la demanda efectiva reducen el potencial de oportunidades en la economía real, desviando las colocaciones hacia transacciones financieras cada vez más distantes o mediatizadas de la economía real.

El sistema financiero crea sofisticados productos para absorber los excedentes que necesitan ser reciclados obteniendo en el proceso altos retornos. Pero de esta forma se instala un peligroso círculo vicioso que, si no es alterado, termina colapsando. Para captar los recursos excedentarios los operadores financieros compiten en términos de precios (tasas de retorno) ponderados con el riesgo inherente a cada transacción. Los mayores retornos se logran con audaces ingenierías financieras y cierto encubrimiento de los riesgos implícitos, como ocurrió con los prestamos hipotecarios “subprime” y otros préstamos para el consumo (tarjetas de crédito). Al no ampliarse su base de sustentación este proceso deviene inherentemente insostenible.

* Frente a los desajustes derivados del proceso concentrador, ¿cómo reacciona el sistema económico? Una solución orgánica para asegurar que el crecimiento productivo pueda mantenerse y no se estrangule es reducir o revertir la concentración de ingresos. Con ello se amplía el mercado consumidor en base a ingresos genuinos y se generan en simultáneo nuevas oportunidades en la economía real para absorber productivamente los recursos financieros existentes.

Lamentablemente no es ésta la ruta que se sigue. En cambio y ante la ausencia de una intervención correctora exógena, el sistema económico procura extender su forma de funcionar sin transformar la tendencia hacia la concentración: en lugar de ampliar los ingresos genuinos de sectores medios y bajos les provee de financiamiento. De este modo, después de algunos ciclos crediticios en los que las deudas de los consumidores crecen a tasas mayores que sus ingresos, se desemboca casi inevitablemente en una extendida situación de sobre-endeudamiento.

El permanente reciclado de recursos excedentarios en transacciones financieras alejadas de la economía real termina generando explosivas burbujas especulativas que quiebran intempestivamente. En definitiva, en lugar de abatir o desarmar el proceso concentrador y sus efectos, la dinámica económica termina cebando la bomba que desemboca en una destructora y penosa explosión.

Futilidad de salvatajes que no transforman la forma de funcionar

La implicación de este análisis sobre las medidas que se adopten intentando superar la crisis es muy clara: refiere a la futilidad, o cuando menos insuficiencia, de aquellas medidas que no sean capaces de transformar la forma de funcionar concentradora de nuestras economías. Por cierto que inyectando ingentes recursos los problemas puedan atemperarse por un tiempo más allá de la insuficiencia de la estrategia adoptada pero, si con ello no se lograse cambiar la dinámica que conduce a la crisis, tarde o temprano la situación de crisis tenderá a reproducirse. De este modo los esfuerzos terminan siendo infructuosos … quizás no para todos pero, sin duda, para quienes les toca financiar en última instancia los costosos salvatajes.

* ¿Cuáles podrían ser las medidas correctoras que tiendan a verdaderamente superar la presente crisis? Aquellas medidas que viabilicen la transición hacia una acumulación no concentradora. Entre otras (cubiertas en números anteriores de Opinión Sur), las siguientes:

– Macro políticas para abatir desigualdad y sostener el crecimiento, en materia fiscal, de gasto público, de estabilidad monetaria, de canalización del ahorro hacia la inversión real.

– Iniciativas mesoeconómicas de empresas líderes de redes productivas tendientes a fortalecer sus cadenas de valor, asegurando una justa distribución de resultados entre quienes las conforman y optimizando los efectos secundarios en otros actores de sus decisiones estratégicas.

– Acción directa de apoyo a la base de la pirámide socio-productiva a través de canalizar conocimiento de excelencia, financiar formación de capital, asistir en el desarrollo de la gestión y de una buena estructura de negocios, y facilitar el acceso a mercados.

Desfasaje entre fuerzas económicas globales y gestión política nacional:

El estallido de la crisis internacional encontró un mundo donde las fuerzas económicas son ya de envergadura global mientras que la gestión política sigue siendo de alcance nacional. Se produjo un quiebre o desfasaje entre el desarrollo económico internacional y la gestión pública internacional. Esto se expresó con total claridad en los primeros momentos de la crisis global: la reacción inicial fue descoordinada y cada país intentó salvarse por su cuenta. Muy pronto se tomó conciencia que no era una simple economía nacional la que entraba en crisis sino el conjunto de las economías centrales y con muy posibles rebotes sobre el resto del mundo en desarrollo.

En ausencia de un gobierno global y frente al fenomenal desborde de los impactos, fue necesario coordinar las respuestas entre países, liderados por Estados Unidos y la Unión Europea con la menos notoria pero absolutamente crítica participación de China, India y las demás locomotoras asiáticas.

Este factor, el hecho que existan problemas globales pero no un gobierno internacional, agrega una severa restricción para enfrentar la crisis y corregir las dinámicas que la generan. Nos lleva a reflexionar sobre cambios institucionales que debieran encararse.

Será necesario ensayar una transición hacia un nuevo orden internacional que deje atrás las desigualdades extremas y cuente con instituciones de gobierno bien articuladas con la gestión de los gobiernos nacionales. Sería algo equivalente a lo que ocurrió cuando, ya lejos en el pasado, se conformaron los gobiernos nacionales y las ciudades-estado y otras jurisdicciones locales tuvieron que acomodarse a las nuevas circunstancias.

Esta transición por cierto que no es sencilla ya que requiere conciliar un gran número de intereses diversos. Hay temas sumamente complejos como los referidos a identidades y nacionalidades (preservar diferencias y diversidades con el mayor de los respetos), y la distribución de funciones entre niveles local, nacional y global. Se trata de encarar problemas globales sin recortar la jurisdicción para encarar con efectividad problemas nacionales o locales. Tema complejo y controversial por la interacción entre niveles que torna borrosos los límites de lo que es global, nacional y local; a pesar de lo cual será de todos modos necesario explorar cómo avanzar en esa transición.

La sociedad desconcertada

La aceleración contemporánea y las rápidas transformaciones que se suceden afectan a todas las capas sociales (más por cierto a jóvenes y sectores indigentes) generando una sociedad cada vez más desconcertada. Prima una mirada azorada sobre sus problemas y desafíos, con la contracara de una baja reacción para encontrar soluciones; lo cual desemboca en mayor ansiedad, desorientación y alienación expresados bajo la forma de adicciones (alcohol, drogas, juego, consumismo), focos de nihilismo, intolerancia, agresividad, violencia social y doméstica.

Una sociedad desconcertada contribuye a sostener la dinámica que conduce a la crisis; implica debilidad para comprender, resistir y ajustar conductas. Permite la manipulación de voluntades y el desarrollo de una cultura del temor que, cuando estalla una crisis, se transforma facilmente en pánico que magnifica enormemente el impacto de la crisis.

Frente a esto sólo cabe un trabajo permanente de esclarecimiento, de comprensión de dinámicas complejas, de identificar mejores opciones, de reforzar la propia confianza y la resiliencia, de motivación para encarar y superar dificultades. Acciones orientadas a elevar la conciencia individual y grupal, a fortalecer valores adaptados a la presente fase histórica de la humanidad.

Ninguna poción mágica resolverá el desconcierto; tampoco iluminado alguno. Ayudará en cambio el esfuerzo cotidiano del sector público, el privado y las organizaciones de la sociedad civil por asociar reflexión, pensamiento estratégico y acción transformadora.en todos los frentes de nuestra vida social y política.

Roberto Sansón Mizrahi

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