Un país para todos

El proceso de construir una transformación febrero 20, 2009

Filed under: Ética y valores de un país para todos — unpaisparatodos @ 12:16 pm

Las transformaciones que deseamos no se sueñan ni se aguardan, se trabajan. Se trabaja para interpretar lo que sucede, para proyectar aspiraciones hacia un mediano y largo plazo alcanzable, para hacer converger intereses, para movilizar voluntades y para organizar la acción. El esfuerzo para construir una transformación apunta a fijar un rumbo y a asegurarle viabilidad a la trayectoria; emerge a partir de las necesidades, intereses, valores y emociones del colectivo social y se abre paso entre posibilidades y restricciones en procura de resultados que son en buena cuenta inciertos. Es un proceso complejo el que bulle en la caldera del cambio.

 

lapices

Son muchas y diversas las situaciones perjudiciales que quisiéramos cambiar, así como lo son nuestras formas de reaccionar frente a ellas. En algunos casos no actuamos sobre causas sino que intentamos eludir consecuencias; en otros procuramos introducir ajustes para morigerar efectos; sólo en ciertas oportunidades encaramos el proceso de construir una transformación.

Construir transformación implica muchas cosas. Por de pronto un aspecto fundamental de esa construcción hace al rumbo de la transformación deseada. Igualmente crítico es lo que se refiere a la viabilidad del proceso, ya que no basta la voluntad para generar una transformación sino que toca operar considerando circunstancias locales y del entorno, posibilidades y restricciones que condicionan la viabilidad de cualquier cambio e impiden anticipar con certeza los resultados.

Rumbo y viabilidad están inherentemente relacionados. Al fijar un rumbo tenemos una cierta apreciación de la viabilidad de alcanzarlo, y esa viabilidad estará influída por la naturaleza e intensidad de los cambios de dirección que impone el nuevo rumbo.

La construcción de la transformación se da inmersa en un contexto de múltiples actores que interactúan entre sí, cada quien con sus necesidades, sus valores y sus cambiantes intereses y emociones. Es un proceso complejo el que bulle en la caldera del cambio.

De todos modos y aunque admitamos la complejidad de transformar el presente, no hay situación que se mantenga inmutable a través del tiempo: toda situación está en permanente cambio, a veces en dosis homeopáticas difíciles de percibir, otras veces a través de saltos cuánticos, las más a pasos lentos pero sostenidos. No existe un ritmo uniforme de transformación sino períodos de aceleración, de marcha pausada o de desaceleración. El presente pareciera ser un período de acelerada transformación.

Lo que llevamos en nuestras mochilas

Como buenos caminantes cargamos mochilas. En ellas solemos acomodar necesidades, intereses, valores y emociones.

(i) Complejas y cambiantes necesidades

Mejorar el bienestar se asocia con la satisfacción de necesidades, expresión simple pero que esconde más de lo que muestra. Es que hay muchos y diversos tipos de necesidades, algunas básicas como alimentarse, cobijarse, comunicarse, disponer de seguridad, etc, y otras esenciales para la condición humana como la necesidad de superar el desamparo, obtener reconocimiento, disponer de afectos, asegurar la dignidad de la persona. Este listado no agota sino que es una muestra del enorme y diverso universo de necesidades que, además, varían por sector social, lugar, grupo etario, género, etc..

Las necesidades tienen una dimensión objetiva pero también otra subjetiva que es cómo cada quien las percibe y siente. Tampoco quedan estancas sino que evolucionan con el tiempo a medida que se accede a nuevos umbrales de conocimiento y a más efectivos satisfactores. Lo que se considera un nivel aceptable de satisfacción se va deslizando permanentemente, algo comprensible pero que implica tener que convivir siempre con una cierta dosis de insatisfacción. Esto contribuye para que cualquier meta de cobertura de necesidades por parte de planes y programas también deba deslizarse con el tiempo.

(ii) El cúmulo de intereses

Además de necesidades cargamos en nuestras mochilas intereses, cambiantes intereses que evolucionan junto con las necesidades y con los afanes que movilizan a los seres humanos. Hay diversidad de intereses, algunos más centrales que otros, sentidos con mayor o menor fuerza, descarnados, moderados o capaces de ser sublimados en función de valores y emociones.

La dinámica social genera un flujo de situaciones en cada una de las cuales una diversidad de intereses pugna por hacerse escuchar, prevalecer o, a veces, tan sólo sobrevivir. En esa pugna son los actores más fuertes y/o mejor organizados quienes tienden a predominar.

Los intereses se expresan, y a la vez se canalizan, a través de un extenso conjunto de instituciones y regulaciones sociales y económicas. Este marco institucional es resultado de acuerdos y de imposiciones que van decantando a través de la historia. Cuando las instituciones no son capaces de amalgamar intereses, las pugnas se desbordan en confrontaciones que pasan a dirimirse por medios no institucionalizados.

(iii) Los valores

También cargamos valores en nuestras mochilas. Son principios y normas que hemos heredado de generaciones anteriores o los hemos ido adquiriendo a través de nuestra propia vida. Cada quien tiende a creer que sus valores son legítimos y universales. Pero por cierto hay miles de millones de portadores de valores, que se desenvuelven en muy diferentes contextos de necesidades e intereses. Y si bien hay valores de extendida aceptación que se asocian a la dignidad de la condición humana, su interpretación y aplicación difieren enormemente de lugar en lugar, de situación en situación, cambiando y adaptándose al paso del tiempo y a la evolución de nuestras sociedades.

Esto no niega el crítico rol que juegan los valores como complemento y moderación de los intereses particulares para alejarnos de la ley de la jungla y del sálvese quien pueda. Pero también alerta sobre la manipulación que son objeto para contrabandear intereses que no podrían defenderse en campo abierto. Una mención especial cabe a los muchos tipos de fundamentalismos que consideran superiores a sus propios valores y se arrogan poseer ellos solos toda la verdad, siempre.

(iv) Las emociones

El corazón o la mente de quienes portamos mochilas vienen ancestralmente agitados por emociones que pueden ayudar o perjudicar la marcha. Las emociones contribuyen a fortalecer nuestra motivación y movilización para la acción pero pueden también turbar y confundir el pensamiento. Las emociones agregan vibración a nuestra determinación exaltando el valor de lo nuestro. Son imprescindibles para construir una transformación pero es necesario custodiar que no enturbien el proceso de fijar rumbos apropiados y el trabajo de asegurar viabilidad a la marcha.

Como parte de la naturaleza humana, las emociones no pueden ser ignoradas; están y estarán con nosotros. Pero su inherente labilidad debiera mantenernos alerta de modo de convocarlas para la construcción e impedir que sean utilizadas para la destrucción.

Fijar el rumbo y reorientar la marcha

Vemos entonces la complejidad que encierra fijar un cierto rumbo societal y asegurarle viabilidad a la transformación deseada. En esencia la transformación es un proceso de construcción en el cual controlamos algunas variables que se desarrollan dentro de ciertos parámetros que condicionan rumbo y viabilidad pero que, contradictoriamente, también terminan siendo afectados por la dinámica del proceso que condicionan. Para construir transformación se requiere identificar y ponderar una gran diversidad de necesidades, de intereses, de valores y de emociones del colectivo social, en función de la cual se plantea un mediano y largo plazo que logre suscitar la adhesión de quienes son convocados a reorientar su marcha.

Reorientar la marcha es un trabajo colectivo que se encara a todo nivel, en barrios y pueblos, en los espacios de interpretación de la realidad donde participen especialistas y el ciudadano común, en las instancias políticas y de gobierno, en el mundo de las empresas y de las organizaciones de la sociedad civil, en el ámbito educativo y de los medios de comunicación. De ese magma social surgen visiones y utopías inspiradoras, que dan paso a iniciativas, planes y acciones que materializan el rumbo.

Para ser exitoso, el esfuerzo de construir una transformación necesita suscitar sinergías, complementar esfuerzos alejándose en lo posible de antagonismos que puedan desviar y esterilizar energías. Lo cual no es sencillo porque al mismo tiempo habrá que convencer a quienes eventualmente se beneficiarán con los cambios y vencer las resistencias de quienes puedan verse amenazados con ellos Algunas resistencias están basadas en razones muy atendibles y otras en intereses espúreos; unas son defendidas de buena fe y otras muy concientes que luchan por preservar nuevos o viejos privilegios.

El proceso de construir transformación se da en varias instancias que, si bien tienen suficiente entidad y singularidad como para ser reconocidas como tales, hacen parte de un conjunto de esfuerzos complementarios. Esto incluye trabajar para interpretar lo que sucede, para proyectar aspiraciones hacia un mediano y largo plazo alcanzable, para hacer converger intereses, para movilizar voluntades y para organizar la acción. Que así sea implica que la transformación deseada no se logra sin incidir sobre puntos críticos del funcionamiento social, económico y político, lo cual será el foco de un próximo artículo. Es en ese sentido que puede afirmarse que la transformación que deseamos no se sueña ni se aguarda, se trabaja.

 

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