Un país para todos

En pos de un pensamiento original junio 9, 2009

Filed under: Uncategorized — unpaisparatodos @ 2:40 pm

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“Anuncio: Se busca un nuevo Galileo o un Copérnico dispuesto a reformular teoría económica. Presentar modelos y datos a los veinte primeros departamentos de economía del mundo (según el ranking de US News and World Report). En caso de no respuesta, dirigirse a los veinte primeros departamentos de sociología.”


Imagine el lector este aviso en cualquier periódico de prestigio internacional, como pueden ser Le Monde, el Corriere Della Sera, el Financial Times, o el Wall Street Journal.

Quienes hoy están al frente de países del primero y de otros mundos afectados por la crisis buscan iluminar la penumbra económica en la que está sumido el planeta con la linterna mortecina de un keynesianismo de bajo amperaje. Se preguntan, supongo, ¿Qué puedo hacer para parecerme a Franklin Delano Roosevelt? Y no encuentran la respuesta.

Los dos últimos años no han sido favorables a la reputación de los economistas sostenedores del pensamiento hegemónico. Durante mas de dos décadas asistimos a lo que parecía ser un irresistible ascenso de esa perspectiva económica . Pero hoy se ve que fallaron en señalar la fragilidad fundamental de los mercados financieros y que no anticiparon la crisis. Ahora, en pleno desbarranque de la economía global, no se ponen de acuerdo ni sobre las políticas adecuadas ni sobre el curso probable de los acontecimientos. En números anteriores de Opinión Sur pude indicar las diversas “escuelas” de propuestas económicas de rescate de las economías centrales y también de las periféricas. Son diferentes las unas de las otras, pero tienen dos características en común: son inciertas y son intelectualmente mediocres.

Lo curioso es que en el último cuarto de siglo se han hecho mas investigaciones económicas que en toda la historia anterior. Sin embargo, en medio de esta crisis, los economistas mas citados son los muertos: por ejemplo John Maynard Keynes, Irving Fisher, o Hyman Minskyi. Pertenecen a generaciones anteriores.

Desde la década de los setenta, los economistas, sostiene John Kayii, están abocados a un gran proyecto. Se trata nada menos que de sentar las bases microeconómicas del cálculo macroeconómico. En otras palabras, esto significa que lo que tienen que decir acerca de las grandes decisiones de políticas importantes, como son el crecimiento y la inflación, el auge y la recesión, debe sentarse en el estudio del comportamiento individual. O si el lector prefiere otra versión de lo mismo, se trata de construir modelos a partir del comportamiento racional de individuos que buscan “optimizar” sus intereses. Pero este “tipo ideal” de homo oeconomicus es una estilización de una configuración histórico-cultural que (1) no se dio en todas partes sino en uno de los posibles mundos capitalistasiii, y (2) es insuficiente, aun allí donde es culturalmente legítimo, para explicar tanto el comportamiento individual como el comportamiento social.

No son pocos los economistas que se felicitan de esta decisión paradigmática, y consideran que su tarea colectiva ha sido un éxito. En las principales universidades de los Estados Unidos y en general del mundo actual globalizado, dominan al resto de las ciencias sociales en términos de recursos, prestigio y remuneración. Ocupan una posición sobresaliente en el campo de poder de las disciplinas.iv Debo recordar al lector, sin embargo, que en la organización actual de las universidades llamadas “de investigación” (research universities), los criterios de excelencia son auto-referenciales. En cada disciplina, son los pares quienes adjudican el rango, premiando o desaprobando el desempeño académico de cada uno. Este es el mayor freno al trabajo pluridisciplinario por problemas, que siempre ocupa un segundo lugar detrás del trabajo intradisciplinario por área especializada. En el campo de las ciencias sociales, el mayor halago lo recibe quien exhibe un trabajo riguroso (fundamentalmente matemático), y allí los modelos de los economistas se llevan la palma. Ubicada así en la cima de la jerarquía universitaria, cuyo galardón ha sido el acceder al club de los premios Nobel, la profesión se distancia de todas las demás en tanto sociedad de bombos mutuos. Nunca la torre de marfil ha sido tan exquisita, ni la sofisticación tan bizantina.

No cabe duda: los modelos econométricos tienen una gran precisión. Pero su elegancia formal tiene poco que ver con la realidad empírica. Quienes tienen que formular y ejecutar políticas públicas, quienes tienen que tomar decisiones concretas para sus empresas, grandes, medianas o pequeñas, los negociantes, los trabajadores y el público en general, no se interesan por la precisión o por la elegancia formal de los modelos. Quieren saber si son útiles para sus actividades que fundan la riqueza de un país. Buscan explicaciones que iluminen y no que ofusquen. En el campo de lo real, muchos economistas parecen comportarse –para usar una expresión criolla—“como perro en cancha ‘e bochas.”

A veces la arrogancia auto-referencial no tiene límites. Uno de los Nóbel en economía, el profesor Robert Lucas –premiado por fundar la macroeconomía sobre bases microeconómicas—llegó a formular una tesis –llamada entre sus pares “la crítica Lucas” en la que sostenía que las predicciones económicas no deben someterse a la verificación estadística normal, porque tal verificación empírica destruiría a demasiados modelos hermosos. Esa actitud me recuerda una anécdota apócrifa del gran filósofo del idealismo alemán, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, quien, interpelado al final de una conferencia por un señor que le dijo “Profesor, su teoría no se ajusta a los hechos” respondió “Pues peor para los hechos” (Umso schlimmer fur die Tatsachen!).

Creo que el problema reside en la búsqueda de una ciencia universal del comportamiento, a partir de premisas demasiado simples. La economía, a diferencia de la física, no es una ciencia básica. Hace tiempo que la física busca (por ahora sin éxito) una “teoría de todo”. Einstein la buscó sin encontrarla: para él se trataba de reducir la explicación del universo a una teoría de partículas elementales en un solo campo unificado. Lo que en física es posible aunque no se ha logrado todavía en economía es una búsqueda fútil y algo cómica –algo así como la ambición enciclopédica de Bouvard y Pecuchet, aquellos ridículos personajes de Flaubert. Buscar una teoría única “de todas las cosas” a un nivel ontológico mas bajo, es decir, al nivel de comportamientos humanos complejos es una quimera.

Muchos economistas insisten en partir de premisas simples para llegar, al fin del camino, a situaciones complejas. Lo mismo sucedió hace 5 siglos con la teoría de Ptolomeo (que provenía a su vez del siglo VI a.c.) –aceptada como dogma por la Iglesia medieval- que hacía de la Tierra el centro del universo. Esta teoría podía explicar hasta un cierto punto el movimiento (aparente) de los astros, del sol y los planetas. Y hasta hoy sirve perfectamente para hacer cálculos de navegación en alta mar con un sextante, un reloj y unas tablas astronómicas, aplicando la trigonometría esférica. Es el caso de un cálculo preciso para una circunstancia particular sobre la base de una teoría equivocada. Pero, dado que el sol y no la tierra está en el centro del sistema, el sistema ptolomeico no podía explicar muchas anomalías en otros cálculos. Para ello formulaba muchas explicaciones ad hoc, que llamaba “epiciclos.” Terminaba con explicaciones complejas y barrocas para salvar sus presupuestos. Galileo y Copernico revolucionaron la astronomía de su tiempo cambiando la premisa, ajustándola a la realidad. Desde entonces sabemos, aunque no parezca cuando el sol sale de madrugada y al atardecer se pone, que nuestro mundo gira alrededor de él. Frente a la crisis actual, las ciencias económicas están en un momento copernicano. Las cosas no funcionan de acuerdo con las predicciones del modelo, y en apuros, muchos economistas añaden ciclos y epiciclos. Se necesita pues, un Copérnico o un Galileo en este campo.

Para que la economía se vuelva una teoría general del comportamiento humano, hay que fundarla en dos presupuestos fundamentales: extrema racionalidad de los actores y eficiencia de los mercados. Pero esta pretensión es en si misma irracional. Cualquier otra teoría realmente válida tiene alcance medio, y se basa en la formación y evolución de las creencias y en el avance del conocimiento empírico de pautas de comportamiento. Aquí nos acercamos a las otras ciencias sociales, en general dejadas de lado por los economistas, porque no tienen ni tendrán la pretensión de una teoría general. Los esfuerzos de la sociología en la década del cincuenta por formular una teoría general fueron abandonados en las décadas siguientes y esa fue la condición del avance de esa disciplina.

Pero aun estando así las cosas, hay un reducto importante de economistas “puros” que realmente cree que sus esquemas pueden explicar todo el comportamiento humano y que realidades tales como los valores, las normas que no se ajustan a un esquema racional, y en general lo que hace a la cultura en un sentido lato de la palabra, son especulaciones desprolijas e imprecisas –algo así como fantasías poéticas. Estos “duros” de la profesión económica son los talibanes de las ciencias sociales.

Para quienes viven en el mundo real, los propósitos de estos teóricos dogmáticos son verdaderos despropósitos. El apotegma de la racionalidad de la acción y la eficiencia de los mercados no son premisas geniales. Cualquiera las entiende. El problema es que son falsas. Gran parte de los dilemas a resolver en economía y de los temas a explicar: por ejemplo la generación del beneficio y la inestabilidad de los mercados globales, resultan de la falla de esos presupuestos en gran parte de las situaciones concretas. Las estampidas bursátiles, la evaluación equivocada de los haberes, y la falta de información de los actores nos han llevado a donde estamos, y los economistas han tenido poco o nada que decir.

En ciencias sociales –incluyendo la economía—sólo pueden producir conocimientos aproximados y provisionales. Las teorías que mas iluminan la realidad económica son ramos de hipótesis de alcance medio, que iluminan situaciones particulares. Debemos partir de regularidades empíricas, usar estadísticas avanzadas, y comprender la “gramática” de normas y valores que guían el comportamiento. Ya es bastante, y da mejores resultados. Las ciencias sociales son del mismo orden epistemológico que la ingeniería y la medicina: son técnicas de diagnóstico que ayudan a la acción pública y privada. Son disciplinas pragmáticas, no disciplinas paradigmáticas.

La crisis global de nuestra época es al mismo tiempo un desastre y una provocación a pensar de manera diferente. Es la nuestra también una crisis de la organización del conocimiento. Y como la investigación hoy se realiza mayormente en los centros universitarios, es hora de repensar la universidad, con el objetivo de desarmar los departamentos académicos existentes y recomponer sus elementos en equipos pluridisciplinarios en torno a desafíos prácticos y problemas complejos. Hasta hoy hemos transitado el camino del aislamiento entre disciplinas y de una súper-especialización dentro de ellas. Llegó la hora de equipos inclusivos de diversos expertos con tareas específicas. Como decía un famoso político del siglo XX, la única verdad es la realidad.


Notas: i. Muy leídos hoy son el paper de John Maynard Keynes, “The Great Slump of 1930,” (1930), el trabajo de Irving Fisher, “The Debt-Deflation Theory of Great Depressions” (1934), y el libro de Hyman Minsky, Can “It” Happen Again? Essays on instability and finance (1982). ii. Economista británico, autor del libro La Verdad Acerca de los Mercados (2003). Escribe con frecuencia para el Financial Times. iii. Sobre estos mundos, recomiendo leer el libro del sociólogo danés Gosta Esping-Andersen, Social Foundations of Postindustrial Economies, 1999. Este autor distingue entre varios homines: homo liberalis, homo familis y homo socialdemocraticus. iv. Ver al respecto el artículo de John Mankoff y Verónica Montecinos, “El Irresistible Ascenso de Los Economistas,” Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales, no. 133, abril-junio de1994.

Juan Eugenio Corradi
© copyright Opinión Sur, 2009
http://www.opinionsur.org.ar

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One Response to “En pos de un pensamiento original”

  1. unpaisparatodos Says:

    Senhores:

    Com relação a Em busca de um pensamento original de Juan Eugenio Corradi, gostaria de fazer uma critica, não sobre o que está escrito, mas sobre o que está omitido.

    Inicialmente me apresento: meu nome é Axel de Ferran, doutorado em Engenharia e Geólogo.

    A ‘crise global’ é de tipo latino (latrino) americano. Fomos colonizados pelos ibéricos (Espanhois e Portugueses, leia-se Don Quijote e Sancho). Os Norte americanos perceberam que nestas culturas havia muito a aprender em termos de mentira.

    Lembro-me que na adolescencia, quando faltava um parceiro para jogar buraco ou canasta, eu tinha me dado conta que se comprasse muito do monte (a regra manda comprar uma carta apenas) as combinações para bater aumentavam exponencialmente. Dito em outras palavras se vc roubar no jogo (e se não for pego), vc ganha.

    A teoria economica não considera o roubar no jogo, o que explica como a GM e a Chrysler estão falidas. Jogaram os ‘fondés de pouvoir’ , expertos, nas bolsas com a garantia destas empresas. Quando ganham é deles, seus representantes. Quando perdem é delas mesmo.

    Não procurem chifres em cabeça de cavalo.

    Att: AXEL. 31 mai 09

    Busca justicia. Lo demas te será añadido


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