Un país para todos

Sería distinta la respuesta popular si el esfuerzo se dedicase a transformar aquello que generó la crisis julio 14, 2011

Filed under: Uncategorized — unpaisparatodos @ 6:00 pm

El horizonte europeo viene cargado de muy gruesos nubarrones pero no sólo porque son muy serios los problemas que la mayoría de países enfrenta sino porque las “soluciones” que se siguen implementando parecieran que no apuntan a transformar la dinámica económica subyacente, responsable por cierto de lo que sucede. El desánimo cunde por lo que sucede pero también porque se avizora la futilidad de los esfuerzos a los que los timoneles nos convocan. Cómo habríamos de movilizarnos, disponernos a poner el hombro y el corazón tras una propuesta que otra vez reclama “sudor y lágrimas” cuando sabemos que los pillos miran desde la tranquera como los pavos los sacamos del desastre que generaron. Distinto sería si el esfuerzo, que sin duda Europa debe encarar, sirviese para transformar la dinámica que llevó a la crisis.

Uno (por cierto no el único) de los principales factores responsables de la crisis es la imparable concentración de la riqueza que estrangula la sustentabilidad de la trayectoria escogida. Rafael Guardans señala que “el Ministro de Fomento de España reconoció que algunas infraestructuras se habían diseñado y puesto en marcha sin el necesario estudio de viabilidad económica o, al menos la demanda efectiva: Renfe, la compañía pública de ferrocarriles, acaba de cerrar un trayecto de alta velocidad que usaban unas nueve personas por viaje y tenía un coste de 10.000 euros diarios!”. Esto habla no sólo de negligencias e incapacidades sino, muy probablemente, de la preeminencia de intereses secundarios por sobre el interés y el bienestar general. Toda decisión económica impacta sobre personas y grupos; por eso no pueden estar ausentes dos fundamentales criterios de asignación de recursos (siempre escasos en relación a necesidades): uno hace a identificar quienes se benefician y quienes se perjudican con cada decisión económica; el otro criterio hace referencia al costo de oportunidad de cada asignación (costos y beneficios, de corto, mediano y largo plazo, de las demás alternativas que existen para asignar esos mismos recursos). Pero alerta: al hablar de costos y beneficios no cabe reducirlos a consideraciones financieras sino que es fundamental definirlos en términos de dinámica económica, cuidado ambiental, justicia y cohesión social, balances territoriales, consumo responsable, desarrollo cultural y educativo. El reduccionismo financiero esconde detrás de su simpleza groseros intereses.

Lo de las calificadoras de riesgo es algo inaudito; haría bien Europa de conformar una seria e independiente calificadora de riesgos; una entidad que tenga y gane prestigio y credibilidad con cada evaluación que ofrezca.

Roberto Sansón Mizrahi
© copyright Opinión Sur, 2011
http://www.opiniónsur.org.ar

 

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