Un país para todos

Preocuparse, buen antídoto para el pánico septiembre 27, 2011

Filed under: Uncategorized — unpaisparatodos @ 2:20 pm

En todo momento, pero más aun cuando estallan problemas sociales o personales (las crisis siendo enormes y traumáticos estallidos), toca preocuparse por lo que la realidad presenta, comprender la lógica de lo que sucede y procurar transformar aquellas dinámicas que generan los problemas que hemos decidido encarar.

Preocuparse implica pre-ocuparse. Esto es, prestar atención y adoptar ciertas medidas preventivas respecto a una situación amenazante antes que las circunstancias obliguen a encarar sobre la marcha los desafíos. La improvisación fuerza a actuar sin el tiempo suficiente para considerar la complejidad de toda situación y no facilita la identificación de posibles opciones explicitando implicaciones y consecuencias de cada una en cuanto a impacto, costos, sentido y proyección. Desarrollar la capacidad de anticipar posibles desenlaces hace a la madurez de personas y organizaciones.

Preocuparse no es lo mismo que temer, aunque puedan emerger asociados. Un cierto nivel de temor al imaginar lo que podría suceder de no actuar a tiempo es con frecuencia un ingrediente necesario para que los actores se movilicen y se pre-ocupen de aquello que anuncia turbulencia; en ese sentido, el temor ayuda a catalizar nuestra reacción frente a inminentes desafíos. Pre-ocuparnos puede también ayudarnos a visualizar con tiempo que hay oportunidades que se asoman en el horizonte y que valdría ver cómo hacemos para acceder a ellas.

Muy distinto es el pánico porque en esos estados la razón se obnubila, las urgencias se arremolinan y afectan la adopción de apropiadas decisiones. Cuando cunde el pánico (con frecuencia fogoneado por espurios intereses) nos transformamos en manadas que huyen despavoridas, complicando aun más la situación. El sálvese quien pueda acorrala la solidaridad y amordaza la compasión. Preocuparse no implica pánico sino todo lo contrario: pone en tensión nuestras alarmas y capacidades para encarar con mejores perspectivas los constantes desafíos que jalonan nuestra trayectoria social e individual.

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Roberto Sansón Mizrahi
© copyright Opinión Sur, 2011
http://www.opinionsur.org.ar

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La estafa sistémica septiembre 26, 2011

Filed under: Uncategorized — unpaisparatodos @ 5:19 pm

El inicio de la crisis suscitó una reacción en cadena cuando quedó en evidencia que la fenomenal brecha de ingresos surgida del proceso de concentración sólo se cubría con financiamiento: seguía aumentando el desfase entre la tasa de crecimiento de la oferta productiva y la tasa de crecimiento de los ingresos genuinos. Para cerrar la brecha sin alterar la concentración el sistema económico acudía a más y más financiamiento: un esquema piramidal semejante al que llevó a prisión a connotados estafadores aunque, por su envergadura sistémica, involucró cifras infinitamente superiores. Es inevitable reflexionar sobre el hecho que una estafa cometida por un individuo sea penada como corresponde y, en cambio, la estafa estructurada como política económica con efectos aun más devastadores reciba muy distinto tratamiento.

La reacción en cadena expuso la fragilidad de una forma de funcionar concentradora que conlleva una inherente inestabilidad sistémica. Se inició con las hipotecas subprime y las tarjetas de crédito; luego arrastró al resto de los Estados Unidos y se proyectó sobre los países europeos. Fue catastrófico alejarse de un crecimiento orgánico y querer sostener indefinidamente el sobre endeudamiento.

Mayor fue el impacto cuando quedó en descubierto que el sobre endeudamiento no sólo involucraba a familias, unidades productivas y entidades financieras sino también a los propios países soberanos que habían utilizado una fórmula semejante para sostener su forma de funcionar sin alterar la concentración que minaba su base de sustento.

La tragedia se agiganta cuando las fuerzas responsables del proceso concentrador logran imponer duros ajustes restauradores. En lugar de transformar la concentración y sentar las bases para un desarrollo sustentable, procuran retornar a la situación de precrisis. La visión hegemónica centra la acción en abatir la brecha fiscal sin afectar las causas que la generaron. Los ingresos genuinos se mantienen deprimidos agravando el rezago de demanda y reforzando la dinámica concentradora. La historia enseña que pierden las mayorías en las crisis y que hay minorías que lucran con la desgracia de los muchos y emergen fortalecidas de las situaciones huracanadas.

Roberto Sansón Mizrahi
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Concentración y crisis septiembre 20, 2011

Filed under: Uncategorized — unpaisparatodos @ 2:48 pm

El proceso de concentración consagra la preeminencia de una minoría cada vez más afluente y la subordinación de amplias mayorías rezagadas en ingresos y capacidad de producción. Esto provoca serias distorsiones económicas y sociales.

Por de pronto la concentración segmenta la demanda: grandes mayorías no logran cubrir sus necesidades básicas mientras que los sectores favorecidos adoptan un patrón de consumo superfluo. Los intereses de las empresas abastecedoras quedan así asociados al mantenimiento de ese tipo de consumo conspicuo y del proceso de concentración que lo sustenta.

La concentración genera una brecha entre un sistema productivo que busca siempre expandirse y una demanda que por insuficiencia de ingresos no logra absorber todo lo que se produce. Esa brecha es encarada no mejorando los ingresos genuinos (implicaría afectar el proceso de concentración) sino facilitando financiamiento a quienes no disponen de suficiente capacidad de compra. Al prestar a sectores de ingresos medios y bajos se tonifica la demanda que suple con ese financiamiento la falta de suficientes ingresos genuinos. El crédito es un poderoso instrumento que facilita el funcionamiento económico siempre y cuando no se sobrepase la capacidad de pago de quienes lo contraen. Pero si no se altera el proceso de concentración, aquella brecha entre oferta y demanda efectiva tenderá a reproducirse y la necesidad de financiamiento se tornará permanente comprometiendo la capacidad de pago de las familias endeudadas.

La situación queda así expuesta para que, ante cualquier circunstancia detonante, estalle una inmensa burbuja financiera. Cuando la reacción en cadena adquiere envergadura sistémica ya no cabe explicar lo que sucede tan sólo por una mala o delictiva gestión de ciertos operadores financieros. La responsabilidad de esa gestión, acostumbrada a la impunidad y signada por la avaricia, es haber provocado el estallido pero fue la dinámica concentradora, que no se quiso o pudo transformar, la que generó brechas y distorsiones que llevaron hacia la crisis. Estas situaciones fueron luego agravadas con la adopción de inefectivos pero muy gravosos “salvatajes”.

Roberto Sansón Mizrahi
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Concentración e inestabilidad sistémica septiembre 5, 2011

Filed under: Uncategorized — unpaisparatodos @ 7:01 pm

La forma como funciona la economía mundial hace que algunos países concentren una enorme proporción de la riqueza global y también que, al interior de los países, la riqueza y los ingresos se concentren en algunos segmentos poblacionales en detrimento del resto. Este proceso de concentración y desigualdad se da en casi todos los países con variaciones de grado según los casos. En los países del Sur la desigualdad se presenta con el agravante de una extendida pobreza e indigencia.

La concentración económica es uno de los principales factores generadores de las crisis y las persistentes turbulencias sociales. Esa concentración es sostenida por una dinámica económica que impacta negativamente sobre la sociedad y el propio sistema económico. Las situaciones se tornan inviables y terminan explosionando cuando las medidas que se adoptan para encarar los problemas que genera la concentración, en lugar de resolverlos, son inefectivas o los agravan.

La concentración de activos e ingresos genera una brecha que se expande con el tiempo entre la oferta de bienes y servicios de un aparato productivo que procura siempre crecer y una demanda limitada en sus ingresos que no logra absorber plenamente la capacidad de oferta. Ante esta situación pueden ensayarse diferentes tipos de respuestas que, bien estructuradas y gestionadas, podrían complementarse generando virtuosas dinámicas de desarrollo pero que, mal estructuradas o gestionadas, terminan deslizándose hacia crisis como la que atraviesan hoy los países afluentes.

En la mayoría de casos, las respuestas no buscan transformar las dinámicas que generan las crisis sino que procuran restaurar el orden de precrisis. El costo social y económico de los “salvatajes restauradores” es enorme; son pocos los gobiernos que tienen la claridad o el poder suficiente para proponer una diferente asignación de esos cuantiosos recursos. Duele comprobar la futilidad de los esfuerzos y las valiosas transformaciones que se podrían realizar con tamaño financiamiento.

Roberto Sansón Mizrahi
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