Un país para todos

Excelencia productiva y proyección comunitaria, no más lo peor para los pobres – Roberto Sansón Mizrahi mayo 2, 2018

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 4:47 pm

Es insostenible, además de sumamente pernicioso, ofrecer a las personas en situación de pobreza conocimientos y tecnologías de descarte, extendida práctica basada en ignorancia o prejuicios. No es cierto que no pueda ofrecerse excelencia productiva y de gestión a quienes nada o poco tienen. Existen los recursos y las modalidades organizativas y financieras para incluir como productores a esos inmensos segmentos poblacionales. Sólo se requiere un firme y esclarecido apoyo político, establecer desarrolladoras y fideicomisos específicos, y respeto; mucho respeto.

Existen muy diversas actitudes respecto a la pobreza. Algunos la ignoran o ningunean como si fuera un componente normal y aceptable de la orografía urbana o rural. Otros, más agresivos, denuestan a las personas en situación de pobreza; las tildan de vagos, ineptos o cualquier otro denigrante calificativo. Llegan incluso a rechazar que reciban cualquier tipo de subsidios. No les cabe que las personas pobres no disponen de las condiciones necesarias para salir de situaciones que ellas no escogieron y que esos mínimos ingresos que reciben como subsidio en la mayoría de los casos sólo permiten sortear la indigencia asegurando un mínimo de subsistencia. Al mismo tiempo, no consideran cuántas personas afluentes son rentistas, viven sólo parcialmente de su trabajo o sin trabajar, y cuántas de ellas lograron asegurarse buenos sustentos por la ayuda económica, educativa o de contactos que dispusieron desde casi un comienzo.

Actitudes denigrantes de quienes están en situación de pobreza pueden confrontarse no sólo políticamente sino también aportando esclarecimiento sobre cómo y porqué existe y se reproduce en el tiempo la pobreza; que no es un fenómeno natural inevitable sino el resultado de cómo las sociedades se estructuraron dejando favorecidos y desfavorecidos.

Es dura la situación de pobreza; es un traumático e inmerecido castigo para inmensas poblaciones de este mundo; es también una impiadosa manera de esterilizar el tremendo potencial de trabajo, colaboración y creatividad que anida en todo ser humano.

Abordaje de la pobreza

Las situaciones de pobreza y de desigualdad requieren ser abordadas tanto desde el nivel de las políticas públicas que inciden sobre el rumbo sistémico, la forma de funcionar y el contexto cultural y valorativo de un país como, al mismo tiempo, desde el nivel de apoyo directo a los sectores populares y sectores medios empobrecidos. Estos incluyen, entre otros, a pequeños y micro productores de manufacturas y servicios, a empleados ocasionales o permanentes no registrados, a productores de la agricultura familiar y, por cierto, a desempleados que vegetan en los intersticios de nuestros sistemas económicos.

Esa convergencia de políticas públicas, regulaciones y apoyos directos a sectores populares y medios es imprescindible para encarar con algún grado de suceso las situaciones de desigualdad y de pobreza y, desde ahí, contribuir de manera decisiva a un desarrollo sustentable y con menos tensiones de la sociedad en su conjunto. De otra forma, medidas macroeconómicas favorables podrían caer en un contexto popular sin capacidad de aprovecharlas o, de igual modo, apoyos directos a la base social podrían resultar inútiles o con mínimos efectos si no contasen con un contexto macroeconómico favorable.

Apoyos individuales, valiosos pero con bajo techo

En las últimas décadas se ha desplegado una diversidad de iniciativas de apoyo a los sectores populares, algunos de alcance universal (cubren a todas las familias de una comunidad) que proveen ingresos para cubrir muy estrechamente necesidades básicas. Esto se complementa con otros apoyos esenciales (no monetarios) en materia de salud pública, educación gratuita y ciertas inversiones en saneamiento ambiental. En algunos casos, se aportan subsidios para empresas prestadoras de servicios de transporte, electricidad, gas y agua potable de modo de contener eventuales aumentos de tarifas a sectores vulnerables.

En el plano productivo, ámbito crítico para asegurar a las familias la dignidad del trabajo y flujos sustentables de ingresos, se ofrecen programas de capacitación, asistencia técnica y microcrédito. Todos ellos son meritorios y pueden siempre mejorarse en efectividad y cobertura. Sin embargo, tienen un techo restringido de viabilidad porque se topan con un grave limitante que es la escala de los emprendimientos que se promueven con esos instrumentos.

Una pequeña escala de producción afecta la capacidad de gestión y de lograr excedentes para financiar mejoras e inversiones que permitan acceder a senderos de reproducción ampliada; esto es, a un desarrollo orgánico que pueda sostenerse por sí mismo. Salvo excepciones que tan sólo confirman la regla, ¿cómo podría un pequeño emprendedor con escasísimos recursos ocuparse de producir lo más apropiado para la demanda a la que accede, comprar buenos insumos y proveerse de los servicios que requiere, trabajar con una tecnología sencilla pero no rudimentaria y gravosa, comercializar sus productos en nichos de mercado más favorables, defender el precio de lo que produce si no tiene capacidad de negociar mejoras al interior de cadenas de valor en las que su propia actividad es marginal y subordinada a actores de mucha mayor envergadura? ¿Cómo hace el pequeño emprendedor para encarar obligaciones laborales, permisos, tasas, impuestos y otras obligaciones establecidas para actividades de mayor tamaño y rentabilidad? ¿Cómo podría impedir que su vulnerabilidad lo sitúe como presa fácil de chantajes y coimas por parte de inspectores y oficiales de justicia?

Mientras sectores populares y medios se estancan o retroceden, otros actores de mayor tamaño e influencia utilizan mecanismos financieros para lucrar impiadosamente o disponen de facilidades tecnológicas, crediticias y de comercialización que les generan tasas de ganancia a las que los pequeños jamás podrían acceder de seguir produciendo aisladamente. La pequeña escala coloca techos muy bajos para funcionar y crecer.

En otros textos hemos procurado situar estos específicos hechos socioeconómicos en el contexto del proceso concentrador de la riqueza y de las decisiones que hoy prima en casi todos los países del mundo. Vale conocer y comprender lo que generan esas dinámicas mayores para plantear con el mayor realismo posible iniciativas transformadoras como las que siguen a continuación.

Encarar la escala productiva, levantar el techo

Mayor escala posibilita a acceder a apoyos de excelencia; ya no más lo peor para los pobres. Hay recursos para ello que podrían canalizarse a través de fideicomisos especializados y también existen apropiadas modalidades organizativas para lograrlo: cooperativas de primer y segundo grado; consorcios de pequeños productores para comprar insumos, proveerse de tecnología y comercializar; empresas recuperadas por sus trabajadores; comercializadoras comunitarias; agroindustrias locomotoras de propiedad asociativa que viabilizan la producción de pequeños productores de la agricultura familiar; franquicias populares propiedad de los franquiciados a veces coaligados con un socio estratégico; supermercados comunitarios; núcleos comunitarios de transporte y logística, entre muchos otros.

Pero todo esto no surge espontáneamente en los mercados existentes donde quien conoce cómo hacer estas cuestiones utiliza su saber y habilidad para provecho propio. Será preciso establecer desarrolladoras de estos emprendimientos que son parte de la economía popular: ellas estarían llamadas a aportar excelencia organizativa, tecnológica y de gestión, así como acceso a críticos factores, en particular, cómo insertarse en promisorias cadenas de valor, buenos contactos y oportunidades, disponer de crédito de corto y mediano plazo, incursionar en nuevos mercados y evitar abusos, establecer alianzas estratégicas, mantenerse informados de tendencias, oportunidades y riesgos en su sector y en el contexto macroeconómico. Esto es, todo lo necesario para operar exitosamente el proceso de generar valor y de retenerlo de modo de poder capitalizarse y sustentarse en el tiempo.

Promover esas nuevas, bien efectivas unidades económicas de porte medio y base popular es posible, viable y de enorme impacto social y económico. Requiere, eso sí, de apropiado respaldo político ya que desplegar una estrategia de esta naturaleza exige envergadura y profundidad de alcance; no son pocos ni menores los obstáculos a superar.

Proyección comunitaria de los emprendimientos de la economía popular: no más actores salvajes

Ningún emprendimiento o iniciativa productiva opera aislada de lo que sucede a su alrededor. Por el contrario, hacen parte de comunidades que bregan por resolver sus necesidades. En los tiempos que corren con frecuencia se prioriza la acción individual, apuntar todo al propio provecho. En esa perspectiva se pierde de vista que la colaboración y el apoyo mutuo ayudan a encarar desafíos y mitigar riesgos; reflejan lo mejor de la condición humana.

Los actores de la economía popular necesitan promover otros bien diferentes valores que aquellos que suelen primar en los mercados contemporáneos. No es la codicia, el egoísmo, la voracidad, el destrato a los demás, el puro lucro lo que los guía. Más les pertenecen valores de responsabilidad con la Madre Tierra y de solidaridad para con los demás. El esfuerzo de asistir a quienes sufren la situación de pobreza perdería su sentido si tan sólo sirviese para generar más actores salvajes que se agregasen al salvajismo que ya existe en los mercados contemporáneos.

También es cierto que los valores no se imponen sino que se adoptan del medio y de la familia en que cada quien se desarrolla. De ahí que este crítico aspecto llegue entrelazando lo que la propia economía popular sea capaz de generar, con la tremenda influencia valorativa que emerge de los formadores de valores y de actitudes, sean estos líderes sociales, religiosos, sindicales, políticos, culturales o empresariales, así como los temibles medios hegemónicos de comunicación.

Es insostenible, además de sumamente pernicioso, ofrecer a las personas en situación de pobreza conocimientos y tecnologías de descarte, extendida práctica basada en ignorancia o prejuicios. No es cierto que no pueda ofrecerse excelencia productiva y de gestión a quienes nada o poco tienen. Existen los recursos y las modalidades organizativas y financieras para incluir como productores a esos inmensos segmentos poblacionales. Las personas empobrecidas no son causantes de su situación pero, valoradas y asistidas, hacen parte esencial de efectivas soluciones. Sólo se requiere firme y esclarecido apoyo político, establecer desarrolladoras y fideicomisos específicos, y respeto; mucho respeto.

 

* Agradezco a mi hermano Héctor Carlos Mizrahi por su acompañamiento y comentarios

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