Un país para todos

Brisas transformadoras – Roberto Sansón Mizrahi  mayo 10, 2018

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 11:45 am
Por más que se intente no se logra congelar la dinámica social, la comprensión, el esclarecimiento. En medio de retrocesos y sometimientos emerge la determinación de parar el atropello, de erguirse por sobre la tremenda desazón. Reaparecen brisas transformadoras; vale alentarlas y protegerlas.

 

América Latina, como otras regiones del mundo, sufrió una agresión colonizadora que diezmó poblaciones nativas, destruyó civilizaciones e impuso sus intereses geopolíticos y económicos. Aquellas colonias fueron estructuradas según las conveniencias del poder colonial sometiendo primero por la fuerza y luego culturalmente a los pueblos que poblaban la región. Escribieron la historia desde su perspectiva y valores sepultando las voces y las cosmovisiones de los oprimidos.

Desde aquellos remotos tiempos hubo períodos de libertad e independencia decisional seguidos por retrocesos, gobiernos dictatoriales, pérdidas de soberanía, una diversidad de nuevas formas de sometimiento popular. Es una larga historia de dignidades e indignidades, de compromisos que honran y de sordas cobardías, de una mezcla de generosidades y mezquindades. Se comprende mejor el presente sabiendo de dónde venimos; posibilita enrumbarnos con plena conciencia de riesgos y desafíos hacia una utopía referencial que cuide de la Madre Tierra y nos cobije a todos.

El siglo XXI amaneció con diversas primaveras. Nuevos liderazgos percibieron que había espacios de clamor popular para iniciar otra fase de transformaciones y lo intentaron. Como siempre con aciertos y con errores, con valientes y con traidores. Transformaron lo que pudieron; para algunos mucho, para otros poco. Sin embargo, transformaron lo suficiente como para que los sectores que controlan el poder económico y decisional sintieran amenazadas sus posiciones de privilegio y lanzaran abiertas o encubiertas contra reformas. Las primaveras fueron sacudidas y las voces transformadoras acalladas y desprestigiadas. Los movimientos populares regresaron al llano con deserciones; los oportunistas fueron fácilmente cooptados; viejos fundamentalismos proclamaron una vez más que existe una única verdad, la suya, voceada como innegable, cargada de mentiras, falsedades, intereses encubiertos. Como siempre dos países; el de los dueños (minúscula fracción) y el resto vapuleado, confundido, reprimido, castigado con una impiadosa torrentada ideológica y judicial para ceder derechos esforzadamente conquistados. Los viejos pero maquillados cantos de sirena otra vez explicando que los presentes dolores son inevitables para luego, un indeterminado luego, recuperar el bienestar que hoy se nos roba. Así estamos acercándonos a la tercera década del siglo.

Sin embargo, por más que se lo intente no se logra congelar la dinámica social, la comprensión, el esclarecimiento. En medio de retrocesos y sometimientos emerge la determinación de parar el atropello, de erguirse por sobre la tremenda desazón. Reaparecen brisas transformadoras.

¿Hacia dónde apuntar?

Será necesario pasar de resistir a recuperar derechos, acceder a los gobiernos y desmontar aquello que sustenta el sometimiento económico y cultural. Habrá que ir más allá de sólo reconstruir; toca construir lo nuevo y las condiciones para que nadie pueda, tarde o temprano, imponer otra vez retrocesos.

Los mecanismos que se utilizan para preservar el poder económico y decisional son conocidos aun cuando operen encubiertos. Hacia allí habrá que orientar las estrategias. Tocará transformar la matriz productiva de modo de asegurar un crecimiento orgánico que evite caer en los recurrentes estrangulamientos del sector externo y la subordinación a centros foráneos de decisión. También habrá que robustecer las cadenas de valor estableciendo relaciones de equidad entre grandes empresas que lideran y el resto de la trama productiva, para lo cual será necesario establecer espacios que permitan negociar precios justos y condiciones no abusivas de comercialización. Señalamos que es imprescindible transformar nuestros sistemas tributarios para asegurar una progresividad de la que hoy carecen (deben pagar efectivamente más los grupos y personas afluentes sin que evadan su responsabilidad impositiva); que es necesario reforzar las negociaciones salariales de modo de favorecer los ingresos de los trabajadores; que es crítico establecer emprendimientos productivos de tamaño medio que incluya a trabajadores, pequeños emprendedores y socios estratégicos, para lo cual pueden utilizarse instrumentos como las desarrolladoras de emprendimientos inclusivos y los Fideicomisos Dignidad. Toca acabar con la indigencia y minimizar o eliminar la pobreza. La tremenda desigualdad es inaceptable; sus efectos son demoledores.

Desde lo cultural se juega buena parte del sustento de las transformaciones porque según como fueren moldeadas nuestras subjetividades se reforzarán albedríos esclarecidos o colonizados. De ahí que sea imperioso democratizar voces alejadas de los ecos que reiteran mensajes impostados; en lugar de hegemonías alienantes procurar diversificar aportes y promover contenidos apartados de lo insustancial. Habrá que trabajar duro para desterrar valores de codicia y de indiferencia con los otros, impulsando los que sostengan un accionar responsable, solidario, de acompañamiento a quienes sufren. Las nuevas brisas transformadoras requieren revindicar a los oprimidos, a los castigados de siempre, tendiendo manos, avanzando en esclarecimiento, ampliando convocatorias para construir ciudadanía consciente de derechos y obligaciones, firme y sensible al mismo tiempo.

Las medidas transformadoras necesitan desplegarse atendiendo circunstancias y secuencias sin deslizarse hacia riesgosos voluntarismos. Por el contrario, el esfuerzo debiera movilizar talentos y determinación alterando la correlación de fuerzas predominante; los avances serán frágiles si no se construye el poder que asegure la renovación y sustentabilidad de la marcha social. En esto no hay recetas sino soluciones caso por caso orientando los esfuerzos a liberar aquellas democracias hoy capturadas alejados de cualquier fundamentalismo democrático.

Robustecer organización y esclarecimiento

Una senda transformadora necesita robustas organizaciones sociales y políticas de base popular. Será necesario reforzar organizaciones que conservan credibilidad y establecer otras nuevas que promuevan y defiendan espacios innovadores aun no cubiertos.  No existen coyunturas sociales inmutables sino situaciones que cambian en distintas direcciones y velocidades. La propia dinámica de los procesos sociales exige periódicas revisiones de la acción transformadora.  Esas revisiones se realizan a nivel nacional pero también considerando especificidades sectoriales y territoriales que no pueden ser captadas sino a través de los grupos y personas que las viven. Ellos sabrán implementar en sus espacios las orientaciones transformadoras planteadas a nivel del conjunto social y estarán en condiciones de proponer ajustes y especificidades para asegurarle viabilidad local. De ahí que sea crítico extender de la forma más amplia posible la convocatoria a participar del esfuerzo transformador.

No es un desafío sencillo convocar e integrar en un esfuerzo nacional de transformación a cada vez más grupos y personas; hay mucho y diverso al interior del universo popular. Vale insistir que no se trata de acercarlos sólo para apoyar las ideas de las dirigencias sino también para enriquecer el esfuerzo transformador con nuevas ideas y propuestas en los múltiples frentes y dimensiones de la realidad nacional. Con frecuencia sólo se suele escuchar a quienes son afines a la conducción de las propias organizaciones lo cual deja un enorme potencial desaprovechado y, en no pocos casos, resentidos o frustrados. Es un error a evitar, especialmente cuando comienzan a emerger nuevas brisas transformadoras que requieren ser alentadas y protegidas.

¿Qué canales existen y están disponibles para convocar, escuchar, integrar voluntades en la acción transformadora? Los movimientos políticos o sociales cuentan con militantes que se mueven en sectores y territorios y de hecho son canales de relacionamiento con diferentes estamentos de la población. Son personas encuadradas en los valores, consignas y planteos de los movimientos en los que actúan; conforman un importante canal de convocatoria aunque necesitan ser capacitados en la específica tarea de identificar, receptar, realizar un primer análisis y llamar la atención de sus referentes sobre propuestas de personas o colectivos que existen en su territorio o sector.

Esa capacitación debiera ser de triple vía: aprenden la militancia y los propios capacitadores junto con las bases poblacionales que se ayuda a movilizar. No cabe montar una estructura burocrática sino equipos ágiles, efectivos, respetuosos de la diversidad de perspectivas, con buenos criterios para recoger propuestas, identificar soluciones. Algunas propuestas pueden requerir mejores desarrollos pero, en lugar de descartarlas, vale identificar elementos con los cuales construir. No es sencillo captar la esencia, la motivación profunda, los intereses que anidan en toda propuesta y, sin embargo, es un desafío que debe ser encarado para agregar sustancia y credibilidad al esfuerzo de ensanchar el campo popular.

Alentar y proteger las brisas transformadoras

Sería ingenuo pensar que quienes detentan poder decisional y forzaron retrocesos sociales van a resignar graciosamente sus privilegios. No lo han hecho nunca y es dable creer que tampoco lo harán en esta coyuntura donde brisas transformadoras comienzan nuevamente a levantarse. Por el contrario, en su reciente ofensiva han reestructurado las instituciones existentes para resistir con mejores posibilidades eventuales intentos transformadores. El campo popular necesita aunar fuerzas, erguirse sobre diferencias secundarias para alentar y proteger el cambio de época que se avecina. No sirve la dispersión, los narcisismos, hacer prevalecer intereses personales por sobre los del conjunto social. Habrá que saber discernir responsables de oportunistas, reconocer voces honestas bien diferentes del farfullo de los juglares del egoísmo y la discordia.

Todos, absolutamente todos necesitamos avanzar en esclarecer por qué las cosas suceden como suceden, de comprender las duras consecuencias de los errores cometidos. Es inaudito mantener rumbos que sólo sirven a intereses de estrechas minorías. Como en toda encrucijada toca advertir asechanzas y construir el poder requerido para superarlas. Por ahí germinan las soluciones y crece el sentido de vivir en una democracia cada vez más plena; una democracia de todos y para todos.  En una senda cargada de desafíos, mezquindades y altruismos, es un esfuerzo que honra.

 

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