Un país para todos

Tomar “tiempo de descanso respecto a acuerdos comerciales”: no hay base para renovar las negociaciones de Doha junio 9, 2008

Filed under: Cooperación técnica internacional — unpaisparatodos @ 3:15 pm

Los negociadores continúan trabajando desesperadamente para lograr un avance significativo en la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Su objetivo es obtener un acuerdo para fines de 2008. Los países en vías de desarrollo deberían postergar esta ronda moribunda hasta que los países ricos puedan acordar un nuevo marco que esté a la altura de la promesa de Doha de ser una “ronda de desarrollo” que favorece a los países más pobres.

Los negociadores continúan trabajando desesperadamente para lograr un avance significativo en la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Su objetivo es obtener un acuerdo para fines de 2008. Los países en vías de desarrollo deberían postergar esta ronda moribunda hasta que los países ricos puedan acordar un nuevo marco que esté a la altura de la promesa de Doha de ser una “ronda de desarrollo” que favorece a los países más pobres.

Mientras los líderes de los países ricos intentan reunir a los negociadores en pos de otra fecha límite “que defina el éxito o el fracaso” de lo que se ha transformado en el más inminente acuerdo de la historia, los negociadores de los países en vías de desarrollo deberían recordar por qué las propuestas que están sobre el tapete deberían ser rediseñadas. En este artículo examinamos las proyecciones económicas realizadas por el Banco Mundial y otras instituciones, mostrando cuán limitadas son las ganancias para la mayor parte de los países en vías de desarrollo y cuán altos podrían ser los costos ocultos de un acuerdo. Con ganancias proyectadas de menos de 0.2 %, una reducción de la pobreza de tan solo 2.5 millones de personas (menos del 1 %), pérdidas arancelarias de al menos $ 63 mil millones, y disminuciones proyectadas en el valor relativo de las exportaciones, los países en vías de desarrollo tienen poco que ganar apurándose por terminar Doha.

Dada la proliferación de una retórica grandilocuente en torno a Doha y la reducción de la pobreza, se puede entender que el público piense que este acuerdo trata íntegramente sobre la pobreza y el desarrollo. El Banco Mundial realizó un modelo que estima las ganancias de un “probable” acuerdo de Doha. En este escenario (que es más ambicioso que las propuestas que están ahora sobre el tapete), las ganancias globales proyectadas para el 2015 son de solo $ 96 mil millones, quedando apenas $ 16 mil millones para el mundo en vías de desarrollo. Otras proyecciones de Doha plantean diferentes estimaciones, pero todas están en el mismo orden de magnitud.

De los beneficios proyectados para los países en vías de desarrollo, tan solo unos pocos países reciben la mayoría de las ganancias. De acuerdo con el Banco Mundial, se espera que la mitad de todos los beneficios destinados a los países en vías de desarrollo fluya apenas hacia ocho países: Argentina, Brasil (que espera recibir el 23 por ciento de los beneficios orientados a países en desarrollo), China, India, Méjico, Tailandia, Turquía y Vietnam.

Algunos investigadores han argumentado que estos números están subestimados, en parte porque no incluyen la liberalización del comercio de servicios. Pero un modelo anterior del Banco sugiere que esto agregaría muy poco a los países en vías de desarrollo. El “escenario probable” en estos modelos de liberalización parcial –reducción del 50 por ciento en barreras al comercio de servicios- proyecta ganancias de solo $ 6.9 mil millones para el mundo en vías de desarrollo, obteniendo los países ricos el 71 por ciento de los beneficios totales. Sumando la liberalización del comercio de bienes y de servicios juntos, los beneficios proyectados para los países en vías de desarrollo alcanzan los $ 28 mil millones dentro de un escenario posible de Doha.

Mientras que las ganancias proyectadas son menores que las anunciadas, las pérdidas están mayormente ocultas en los modelos construidos; ellas son considerables.

El total de pérdidas arancelarias para los países en desarrollo en el tema “acceso al mercado no agrícola” –o productos manufacturados- de las negociaciones podría ser de $ 63.4 mil millones o casi cuatro veces el nivel de beneficios. Para muchos países en vías de desarrollo rebajar las tarifas drásticamente no solo restringirá su habilidad para fomentar nuevas industrias de modo que puedan integrarse en la economía mundial, sino que también limitará los fondos gubernamentales para apoyar industrias tan incipientes y conservar programas sociales para los pobres. En la mayoría de países en desarrollo los aranceles representan más de un cuarto de sus ingresos por impuestos. Para naciones más pequeñas con poca diversificación en sus economías, los ingresos arancelarios constituyen el núcleo central del presupuesto estatal. De acuerdo con el South Centre con base en Ginebra, las tarifas conforman más del 40 por ciento de todas las rentas tributarias en la República Dominicana, Guinea, Madagascar, Sierra Leona, Suazilandia y Uganda.

Un posible acuerdo también contribuirá a deteriorar los términos de intercambio de los países en desarrollo; esto es, la relación entre los precios de exportación y los de importación. Esta medida es considerada como un crucial indicador del grado en que un país en desarrollo está subiendo la cadena de valor en la economía global, alejándose de la producción primaria y adentrándose en actividades manufactureras o basadas en el conocimiento. Desde la Primera Guerra Mundial muchos países en desarrollo vieron empeorar sus términos de intercambio. El deterioro de los términos de intercambio puede acentuar los problemas de balance de pagos y hace que la diversificación del perfil exportador hacia otros productos sea aún más urgente.

Dentro de un probable acuerdo los precios mundiales de los productos agrícolas aumentan y los precios de manufacturas disminuyen levemente o no cambian. De acuerdo con el Carnegie Endowment for International Peace, estos cambios en los precios inciden negativamente en los términos de intercambio de los países en vías de desarrollo. El informe explica que para muchos países el aumento en los precios mundiales de alimentos importados y bienes agrícolas es contrarrestado con una disminución en los precios mundiales de sus exportaciones de manufacturas livianas, como por ejemplo vestimenta. Esto en parte explica las pérdidas de bienestar en países como Bangladesh, Africa del Este y el resto de África Sub-Sahariana.

Para diversificar, los países en desarrollo a menudo observan lo que ocurrió en las economías de Estados Unidos y Europa, y más recientemente, de Corea del Sur y China. Estos países se diversificaron más allá de los productos primarios y las manufacturas livianas mientras abrían lentamente sus economías. Se fueron acercando al mercado mundial estratégicamente, protegiendo sus industrias exportadoras más importantes de manera de fortalecerlas para que pudiesen competir en los mercados internacionales.

El productor de computadoras chino, Lenovo, provee un buen ejemplo. La compañía fue creada por el gobierno y protegida durante años; hace poco compró la división de PC de IBM y es ahora líder mundial en electrónica de alta tecnología. Acer Computer de Taiwán y Hyundai y Kia Motors de Corea del Sur siguieron similares caminos de desarrollo de largo alcance.

Más recortes en aranceles de manufacturas y regulación de servicios en los países en desarrollo, los cuales están bajo consideración en las actuales propuestas de Doha, van a hacer más difícil que estos países puedan reproducir esos esfuerzos. Esta pérdida del así llamado “espacio de políticas” es la razón por la cual muchos países en vías de desarrollo consideran a las actuales propuestas de los países ricos como el equivalentes a decir: “hagan lo que digo, no lo que hago”.

Un nuevo enfoque

La pobreza de las negociaciones actuales sugiere que es el momento oportuno para tomarse “un tiempo de descanso” en los acuerdos sobre comercio. Durante este respiro los países desarrollados deberían demostrar su compromiso por hacer al sistema de comercio internacional más favorable para el desarrollo. Lo que sigue son cuatro pasos que persiguen este fin.

1.Implementar resoluciones anteriores de la OMC. Los Estados Unidos y Europa deberían ponerse de acuerdo para honrar los fallos de la OMC que consideraron que los subsidios al algodón y el azúcar violaban reglas comerciales existentes bajo el acuerdo anterior. Esto daría un espaldarazo tangible a los agricultores del oeste de Africa y de América Latina y enviaría una fuerte señal a los países en desarrollo de que las naciones desarrolladas están dispuestas a honrar las reglas de la OMC.

2.Encarar cuestiones relativas a materias primas. Los países ricos deberían tomar seriamente la propuesta realizada por muchas naciones africanas para contener a las empresas globales que exigen precios injustos por insumos agrícolas extrayendo miles de millones de las ganancias de lo producido. En este sentido las naciones africanas hicieron numerosas propuestas durante la ronda, en particular para establecer proyectos internacionales que puedan administrar la oferta de modo de levantar los precios y poner freno al comportamiento oligopólico de grandes firmas extranjeras de materias primas. Si la Ronda de Doha busca fomentar el desarrollo, tales propuestas deberían ocupar el centro de la discusión.

3.Reconocer un compromiso con un trato especial y diferenciado. Los negociadores deberían reconocer el principio de Doha del “trato especial y diferenciado” hacia las naciones más pobres. Las naciones desarrolladas deberían desestimar leyes de patentamiento que impiden a las naciones más pobres producir drogas genéricas más baratas. También deberían autorizar a estas naciones a eximir de desregulación a alimentos básicos de sus economías locales, tales como el maíz, el arroz y el trigo, como parte del compromiso asumido de Doha de proteger “Productos Especiales” importantes para el desarrollo rural, la seguridad alimenticia y el sustento rural.

4.Compensar las pérdidas tarifarias y los costos del ajuste. Instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial deberían intervenir y ayudar a las naciones en desarrollo a cubrir los costos del ajuste, tales como las pérdidas tarifarias y la recalificación laboral hasta que puedan establecerse políticas apropiadas. El Mecanismo de Integración Comercial (Trade Integration Mechanism) del FMI ya funciona para tales fines, pero deja poco espacio para incorporar costos de ajuste y el Fondo es a menudo criticado por agregar reformas adicionales a las políticas de ajuste.

Kevin P. Gallagher y Timothy A. Wise
Junio, 2008
© copyright Opinión Sur

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Una cooperación externa que ayude a construir un país para todos febrero 20, 2008

Filed under: Cooperación técnica internacional — unpaisparatodos @ 12:11 pm

A veces la cooperación externa apoya procesos que no son conducentes a un desarrollo social y ambientalmente sustentable, esto es, no ayudan a construir un país para todos; otras veces sí. .  Entre los oferentes de cooperación internacional existen aún unos pocos dinosaurios que creen conocer mejor que nadie las necesidades locales y, además, cómo resolverlas. Su paradigma es “yo tengo el dinero, tú la necesidad, si quieres mi dinero pues acepta mis criterios de cómo asignarlo”. Esta actitud se presenta más encubierta que en otras épocas pero sigue enraizada en un solapado sentimiento de superioridad por disponer de recursos financieros, tecnología moderna, mejor información o contactos. Esto subleva porque hay capacidad en el mundo en desarrollo para diagnosticar sus problemas y elaborar soluciones ajustadas a sus circunstancias.  Debemos admitir que también hay penosos personajes del lado de los receptores de la cooperación internacional, sean aquellos incapaces de identificar lo prioritario y organizar la implementación de buenas iniciativas, o aquellos que se apropian de los recursos externos para su provecho o el de su entorno. Ignorancia, negligencia o codicia atentan contra la construcción de un país para todos. Más allá de estos casos, existen interlocutores honestos y de buena voluntad en ambos lados, capaces de entender las complejidades de las situaciones en las que les toca operar.  Cooperación externa constructiva es aquella donde ambas partes establecen un modo de operar que facilite al esfuerzo local resolver sus  problemas. Problemas definidos por quienes los viven pero considerando experiencias y conocimiento de otros, incluyendo de quienes ofrecen la cooperación externa. La soberbia de cualquiera de las partes atenta contra la excelencia y compromete la viabilidad de una iniciativa colaborativa. Esta claro que si un receptor de cooperación externa no es propietario de la iniciativa, si no cautela como propios los recursos que recibe, tendrá una actitud displicente con la cooperación externa. Un efectivo liderazgo local es sin duda un factor imprescindible para el éxito de los programas apoyados con cooperación externa.   Vale también considerar que no es sencillo determinar qué es en verdad éxitoso y,  por tanto, cualés serían considerados impactos positivos de la cooperación externa. Hay diversas perspectivas para determinar lo exitoso y lo positivo. Sin ir más lejos, quienes estamos propugnando la construcción de un país para todos consideramos exitoso o positiva una cooperación que contribuya a esa construcción pero quienes postulen otras visiones tendrán otras concepciones.  De este modo, tocará a cada liderazgo local identificar entre las diversas fuentes de cooperación externa aquellas más capaces de comprender y acompañar sus propias visiones y propósitos. Un tema no menor es el de la cuantificación de resultados. Cuantificar es muchas veces conveniente porque algunas métricas conforman pruebas irrefutables de lo acontecido. Sin embargo cuando los resultados no son susceptibles de ser cuantificados o resulta muy dificil o impreciso hacerlo, es necesario establecer otras formas para apreciar el impacto de la cooperación externa. Para evaluar este tipo de situaciones se requerirán apreciaciones cualitativas, como sucede cuando la cooperación externa pasa a ser un insumo de complejos, y a veces contradictorios, procesos sociales. En estos casos no vale imponer forzadas cuantificaciones ya que terminarían siendo engañosas o irrelevantes como forma de demonstrar el cumplimiento de los fines perseguidos.  Además está la cuestión de los horizontes temporales (corto, mediano y largo plazo). Esos horizontes van asociados con tiempos de maduración de las acciones que se acometen. Algunos resultados en determinadas iniciativas pueden evidenciarse casi desde un comienzo, y otros en cambio van germinando bajo la superficie y pueden hacer eclosión más allá de los tiempos burocráticos de un proyecto de cooperación externa. Por tanto, no sería apropiado evaluar el impacto a corto plazo de una acción social, económica o ambiental cuya maduración podría evidenciarse en el mediano o largo plazo. En muchísimos casos es imprescindible conocer el pasado de una comunidad, la historia de su desarrollo, para poder medir con propiedad los resultados. Porque no todo son equipamientos, infraestructuras, niveles de consumo. Hay resultados estrechamente ligados al desarrollo de las personas y sus organizaciones, a la capacidad de sostener iniciativas, a la evolución de valores y actitudes. Son procesos importantes en los que no es fácil determinar la profundidad y naturaleza de los cambios, el verdadero alcance de las transformaciones, si no se conociese plenamente el punto de partida del programa o proyecto y, más aún, la historia, los procesos que precedieron el punto de partida.    Pienso que una cooperación externa que acompañe la construcción de un país para todos debiera aportar información, contactos, conocimientos y financiamiento para desarrollar la base de la pirámide social. Y esto hacerlo no directamente sino generando capacidad instalada local que fortalezca el liderazgo autóctono. En un sentido el proceso de decidir la asignación de cooperación externa tiene algunas semejanzas con cómo se decide una inversión: se evalúa el mérito de un proyecto pero se invierte en quienes lo conducen. Porque son muchos los imprevistos y más aún los ajustes de dirección que será necesario hacer durante toda la vida del “proyecto”. Su formulación inicial involucra en general a una diversidad de fuerzas sociales y sirve tan sólo para constatar el punto de partida y marcar la direccionalidad deseada; también como guía para orientar las primeras acciones. Luego, la dinámica de interacciones entre personas, grupos y organizaciones irá cuajando una trayectoria cada vez más novedosa que muy posiblemente se alejará con el tiempo de las circunstancias iniciales y no se orientará linealmente a las metas perseguidas.    Finalmente me atrevo a decir que una cooperación externa que quiera acompañar la construcción de un país para todos deberá respetar plenamente a quienes la solicitan para ser respetada; escuchar bien al liderazgo local para ser a su vez escuchada. Si está bien concebida, la cooperación externa se constituirá en un insumo importante y hasta quizás estratégico para catalizar o robustecer el proceso de construcción. Puede incluso ayudar a iniciarlo y en algunos casos aún a inspirarlo, pero en ningún caso puede aspirar a sostenerlo por sí misma.  

Roberto Sansón Mizrahi

Moderador 

 

Una Cooperación Internacional que sirva a un país para todos. enero 24, 2008

Filed under: Cooperación técnica internacional — unpaisparatodos @ 4:33 pm

Agradezco la invitación del infatigable Roberto de que participemos en esta nueva aventura. Me ha parecido muy sugerente el comentario de Ramón Daubón, que suscribo en gran medida. Cuesta imaginar cómo habría sido el mundo sin guerra fría; podemos jugar a historia ficción… 1939 el Reino Unido se alía con el III Reich para liquidar la Unión Soviética…  Estados Unidos da por buena la operación y no hay II Guerra Mundial… 1943 Hitler y algunos de sus inmediatos colaboradores mueren en un atentado  promovido por moderados del ejército contrarios a la “solución final”, y se inicia un proceso de desnazicación del III Reich y de la Europa ocupada… El proceso de descolonización de Asia y África ya no habría ido unido al final de la guerra, pero en cualquier caso habría empezado a más tardar en la década de los 50;  India, Argelia… y otros varios no habrían soportado mucho más tiempo el status quo establecido en los años 20, pero sin duda habría sido un proceso distinto, radicalmente distinto del que fue, sin la venenosa interferencia de las dos potencias comprando y vendiendo posiciones dominantes a cualquier precio (de sangre, corrupción…).  Cualquier solución habría sido mejor que el drama de ver cómo los líderes africanos, árabes y asiáticos caían, uno tras otro, bajo las garras del mercadeo entre los dos bloques. Para mi es ese uno de los pasajes más tristes de la historia contemporánea. La corrupción no podía ser perseguida porque era el instrumento para garantizar la fidelidad de tiranos insaciables, promovidos al poder por las propias potencias. El recuerdo de Mobutu siendo recibido tanto por Ronald Reagan como por François Mitterrand como “nuestro mejor amigo en África” todavía me revuelve las tripas. También habría que hablar de los cubanos en Angola, de Mao malgastando ingentes cantidades de dinero –que pagaban con su hambre millones de chinos- en Egipto, Etiopía y tantos otros países con el único deseo de poder utilizarlos para consolidarse como el líder del bloque socialista, o un líder alternativo a la URRSS… ¡qué locura!El proceso en América Latina es bien distinto porque la guerra fría le afecta de un modo diverso aunque no menos venenoso. Sobra recordar capítulos de esa triste historia sobradamente conocida.Dicho todo esto, mi reflexión es que podemos jugar con historia ficción o analizar la historia verdadera, buscar culpables o lamentar ausencias… pero, a la larga, la realidad, la única realidad que cuenta mirando hacia adelante, es que la construcción de países viables, de países para todos, es un reto del día a día, de cada uno de los ciudadanos. No cabe duda de que los alemanes, y el resto de europeos, reconstruyeron la Europa de la postguerra con ayuda del Plan Marshall, pero sobretodo la reconstruyeron con su manos y sus uñas, su sudor y sus lágrimas, y su orgullo. Los venezolanos por su parte (según leía a Uslar Pietri), entre 1960 y 1990 despilfarraron una “renta petrolera” equivalente a 30 veces el Plan Marshall (en valores actualizados), para  acabar dejando a su país n una situación de lamentable desigualdad y pobreza. Las cifras de lo que puede estar pasando hoy en Venezuela supongo que nos dejarían todavía más sobrecogidos, si cabe.Desde mi punto de vista, no debemos olvidar el pasado pero tampoco debemos escudarnos en él. Más que en la cooperación internacional, el reto de un país para todos está en una ciudadanía responsable con una suficiente seguridad jurídica, en el marco de un estado de derecho. Desde hace más de un lustro América Latina recibe en remesas un flujo de divisas que supera con creces la inversión exterior directa, y multiplica por mucho los recursos de la cooperación internacional. Me faltan datos para poner esas magnitudes en valores actualizados de lo que supuso el Plan Marshall, pero me imagino que estaremos hablando de muchos planes Marshall. ¿Dónde va ese dinero? ¿Dónde va ese sudor y ese sacrificio de millones de latinoamericanos que se sacrifican en Estados Unidos, España y tantos otros sitios? La sensación que da es que acaban en un consumismo desordenado que no se traduce ni en infraestructuras ni en empleo productivo… Ante esta cruda realidad ¿debemos seguir buscando culpables fuera? ¿quién le tiene que poner el cascabel al gato?Estoy absolutamente de acuerdo en que la cooperación internacional tiene que vivir con rigor el principio de subsidiariedad, impulsando el desarrollo local sin interferencias innecesarias de una asistencia técnica cara y muchas veces ineficiente pero… no nos engañemos, ese no es el problema de América Latina. Tampoco lo es el nivel filantropía de Carlos Slim o de los Cisneros… aunque ellos entregasen toda su fortuna en causas sociales el cambio de fondo seguiría dependiendo de la decisión diaria de cada uno de los millones de individuos que componen nuestros países.Termino ya. Una vez una amiga centroamericana me dijo que ella medía la eficacia de los programas de microcrédito rural, en los que trabajaba en zona mayoritariamente indígena, en razón  de los usuarios del programa de crédito que crecían suficientemente en autoestima como para llegar a presentarse a las elecciones locales, plantando cara a los tradicionales caciques  ¡Qué claridad de visión! ¡Qué agente de cambio!
Rafael Guardans Cambó / 18 de Enero 2008

 

Una Cooperación Internacional que sirva a un país para todos.

Filed under: Cooperación técnica internacional — unpaisparatodos @ 4:25 pm

Empezemos hablando claro: en los sesenta años desde su creación formal en la Conferencia de Breton Woods1, la cooperación internacional ha hecho de todo menos instigar la creación de “países para todos”.  Por eso, pienso yo, ha sido el fracaso tan rotundo de su gestión, el cual ya nadie discute.  Sólo los países para todos son capaces triunfar, y la cooperación internacional no ha ayudado para eso. 
Primero que nada la cooperación nació al final de los 1940s no para “cooperar” sino para competir por las mentes y corazones de los países que quedaron en medio de la competencia entre los dos superbloques de la época.  El bloque soviético quedó maltrecho tras de la guerra que se peleó dentro de sus fronteras, por lo que su capacidad de “cooperar” no comenzó a manifestare hasta bien entrados los años 50.  Aún en el mejor de los casos nunca pudo competir en volumen abierto con el de la oposición, aunque aparentemente sí competía en el campo llamemos que “encubierto”.  
Mientras, la Europa occidental, igualmente maltrecha por la guerra, fue beneficiaria del paquete de cooperación más grande de la historia, el llamado Plan Marshall para la reconstrucción de Europa.  Habiendo mantenido relativamente intacta su capacidad intelectual y organizacional, la inyección de capital de los EEUU permitió la rápida reconstrucción de la infraestructura y la inversión industrial. Para entonces también esa Europa se convirtió en cooperante. 
Pero ni a un lado ni al otro de la famosa cortina de hierro la intención era crear países “para todos”.  Se trataba de en última instancia de alimentar dentro de los países beneficiarios los estamentos que favorecieran a un bando o al otro de la Guera Fría: el mundo productivo empresial por un lado; el sindical y campesino por el otro.  La libertad como antepuesta a la justicia…. y vice versa..  Huelga decir que la creación de la red de países no alineados trajo una enorme confusión a esa clara segmentación del mundo.  Los moviemientos contrarios en Hungría y Checoslovaquia por un lado y en Cuba por el otro fueron cataclísmicos además, generando fuertes ajustes en los programas de cooperación en las respectivas “esferas de influencia”.  Pero la separación de propósitos quedó clara.
Pero bueno, el muro de Berlín cayó, la guerra fría terminó, las torres gemelas se derrumbaron en un ataque por un mundo que antes era sólo cliente de la cooperación, y China surgió como la segunda economía más grande del mundo.  Es otro planeta.  La cooperación, sin embargo, y aunque tras vaivenes y modificaciones del día, sigue embarcada en desarrollar sectores “líderes”.  Lo que nadie aún promueve es el país incluyente, el país de todos, el país público.2  Yo opino que esto ocurre porque un populus no requiere de cooperación internacional.  Al menos no como se provee usualmente.  Y los proveedores de dicha cooperación, formados ya sea en la práctica o en las escuelas de la vieja guardia se resisten a cambiar.  Nótese que el primer requisito para una cooperación empoderarora es entregar el control del proceso a los beneficiarios.  El segundo es que los cooperantes aparezcan sólo cuando se les requiera, lo cual será en ocasiones contadas.  Porque la ética y los valores de un país para todos sólo pueden ser construidas para cada sociedad por los miembros de cada sociedad, su populus.  A pesar de que hay valores universales de país público, no hay modelos transferibles. 
Claro, seguirá habiendo un papel para la cooperación, pero será un papel distinto.  Ésta podría facilitar acceso a otros casos, como inspiración más que como modelos.  Podría aportar técnicas deliberativas incluyentes como herramientas para el proceso de auto-descubrimiento de cada país posible.  Vale señalar que las culturas políticas de nuestra América  no son ni incluyentes ni deliberativas.  Por la menor excusa recurrimos al caucus cerrado entre aquellos que comparten un círculo de comfort. Finalmente la cooperación podría ofrecerse como “amiga del proceso” y respetuosamente inquirir si están presentes en cada paso todas las voces que debetín estar, quién ha quedado fuera, y por qué.  Pero la cooparación externa tiene que ser mínima y casi invisible.  Porque el país para todos tiene que ser de todos.    Pero no de más nadie.

Ramón E. Daubón  /  5 de enero del 2008