Un país para todos

La perspectiva macro, micro y meso económica para abatir la pobreza septiembre 17, 2008

Filed under: Desigualdad y pobreza — unpaisparatodos @ 6:39 pm

Hay quienes sostienen que para abatir la pobreza deben utilizarse políticas macroeconómicas como son el gasto público, la política fiscal y la política monetaria. Sin un contexto macroeconómico favorable el esfuerzo por abatir la pobreza se hace cuesta arriba. El financiamiento de la salud, educación, riego, comunicaciones, energía, vivienda y seguridad social es crítico para los sectores pobres. También lo es implantar un sistema tributario no regresivo y asegurar estabilidad de precios y un sistema de intermediación financiera abierto a los pequeños y micro productores.

Si bien estas medidas crean un contexto favorable, muchas veces no pueden ser aprovechadas por la extrema situación carencial en que se encuentran los pobres y por su desfavorable articulación con otros actores económicos. Sin resolver esas otras condiciones el potencial transformador no se materializa. Una política macroeconómica alineada con los intereses de los pobres es entonces una condición necesaria pero no suficiente en la lucha contra la pobreza.

Otros piensan que la pobreza puede resolverse cambiando las circunstancias microeconómicas de los sectores pobres, como ser proveyendo microcréditos, capacitación técnica y asistencia en gestión. Con esto se logra fortalecer su capacidad productiva y desarrollar una cultura emprendedora. Sin embargo, estos esfuerzos suelen ser insuficientes. Su inserción en tramas productivas endebles y las dificultades de acceso a mejores mercados desemboca en pobres resultados económicos, lo cual se agravaría con condiciones macroeconómicas desfavorables. Trabajar entonces sobre las condiciones microeconómicas de los pobres es necesario, pero termina siendo insuficiente para asegurar la superación de su precario nivel de vida.

Hay quienes creen que la pobreza debe abordarse desde la dimensión mesoeconómica, es decir desde la trama o red de relaciones económicas en las que participan los pobres y por las que fluye el conocimiento, la información sobre oportunidades y los recursos económicos que sustentan el proceso de acumulación de los diferentes actores. Mucho puede hacerse fortaleciendo las redes y mejorando la distribución de resultados, pero será difícil lograrlo sin condiciones microeconómicas apropiadas para los pequeños productores y un contexto macroeconómico favorable. Así la acción al nivel de la mesoeconomía es también una condición necesaria, aunque no suficiente, en la lucha contra la pobreza.

Es la acción conjunta a nivel macro, micro y mesoeconómico la que cierra la condición de suficiente en el plano económico. Soluciones parciales pueden aportar lo suyo pero una estrategia unificada de lucha contra la pobreza es el factor determinante para poder abatirla.

 

La fuerza política de la inclusión septiembre 8, 2008

Filed under: Desigualdad y pobreza — unpaisparatodos @ 1:45 pm

Los esfuerzos de inclusión social y productiva de nuestras mayorías están lejos de ser un ejercicio tecnocrático. Son, ante todo, una decisión colectiva -y en ese sentido política- de construir otro país, más solidario y activo, que sea capaz de enfrentar la injusticia de la pobreza y de producir la base material de una vida digna. Estos esfuerzos representan una oportunidad para vivir con más paz social, sin el oprobio del sufrimiento de muchos ni la vergüenza del resto por no saber cómo actuar.

Un programa masivo para luchar contra la pobreza podría cambiar el mapa político del país. Amplios sectores con indudable peso electoral se movilizarían para sostener sus nuevos intereses y aspiraciones, en la búsqueda de formas institucionales que los representen y contengan. Los diferentes partidos tendrían que salir al encuentro de esas fuerzas emergentes y esa actitud podría ser compensada con nuevos afiliados y electores.

Esto no se dará fácilmente porque es un frente abierto de trabajo creativo que será necesario desandar con inteligencia y habilidad. No es sencillo desarmar los procesos vigentes de exclusión, ya que la transición hacia una sociedad inclusiva implica afectar intereses establecidos. Y si bien la solidaridad es un valor preciado a nivel individual, el pasaje a un sistema socioeconómico que destrabe las energías hoy desaprovechadas de nuestras mayorías acarreará ajustes y transformaciones en varios órdenes de la vida nacional. Todos los actores económicos, sociales y políticos tendrán que reposicionarse en ese nuevo contexto. Es de esperar que las nuevas oportunidades que surjan de un mercado más integrado y de un sistema de gobernabilidad mejor sustentado sean en general bien recibidas, aunque siempre habrá quienes se opongan a ese cambio o deseen dosificarlo para que se produzca muy lentamente.

Para encarar esa resistencia vale establecer una amplia alianza de fuerzas políticas decididas a incorporar los esfuerzos de inclusión en el más alto nivel de elaboración de las políticas de Estado. Los antagonismos sociales no nos han permitido desplegar plenamente el potencial nacional y los resultados están dolorosamente a la vista. Se requerirá de mucha creatividad y liderazgo para encontrar soluciones que vayan desmontando esos antagonismos hasta transformarlos en tensiones legítimas entre diferentes intereses que el sistema democrático logre administrar constructivamente. En verdad, estamos hoy redactando los nuevos contratos sociales para este siglo XXI y no un mero programa de bienestar social. Lo que está en juego es de tal magnitud y trascendencia que hace a la suerte de nuestro propio sistema de funcionamiento político y económico.

 

La energía social de la inclusión agosto 26, 2008

Filed under: Desigualdad y pobreza — unpaisparatodos @ 1:47 pm

Una sociedad que logra superar sus agudos contrastes internos se potencia enormemente. Es injusto y además sumamente conflictivo que coexistan, lado a lado, la indigencia y el consumo superfluo concentrado. Por más barreras divisorias que se intenten establecer para separar los mundos de la afluencia y de la pobreza, esa realidad de contrastes es siempre germen de discordias, inseguridad y profundos enfrentamientos que el asistencialismo o la represión pueden contener sólo parcialmente. Las tensiones violentas entre grupos y sectores comprometen la capacidad de construcción de un colectivo social. La población relegada -desmovilizada y desorganizada-, constituye un monstruoso derroche de talento y energía creativa incapacitada de generar soluciones a los problemas que enfrentan.

Esto es así porque buena parte de su capacidad debe desviarse hacia los esfuerzos que conlleva la mera supervivencia, así como la interminable demanda de justicia y de condiciones de vida dignas. En lugar de crear y construir, los sectores postergados se deslizan hacia un lugar de reclamo y conflicto social permanente. Estamos frente al más fenomenal desperdicio de capacidad de nuestro pueblo. No sólo porque esas amplias mayorías ven limitado su aporte al desarrollo, sino que, en esa forzada y desesperada lucha por sobrevivir pueden, involuntaria o ciegamente, verse compelidos a destruir bienes o servicios para llamar la atención del resto de los ciudadanos hacia sus propias reivindicaciones. Este tipo de pugna social tiene un efecto material devastador, pero además -y quizás esto sea aún más grave- instala en el pueblo un síndrome de egoísmo y de “cada cual por su lado” que relega a un segundo plano las relaciones de colaboración y complementariedad que deben darse entre personas y sectores. La avaricia, miopía o egoísmo de unos cuantos enerva todo el sistema de funcionamiento social y frena cualquier intento de alineación de intereses. La dinámica colectiva se enturbia y se traba el potencial productivo de cada nación. En cambio, de existir un proceso firme y sostenido de inclusión, el complejo círculo vicioso de la exclusión puede transformarse en un círculo virtuoso de movilización constructiva de la energía creadora que redunde en una reducción de los enfrentamientos, la pobreza y la indigencia.

No estamos valorando como corresponde la capacidad de crear y de construir que tiene una sociedad organizada solidariamente, en donde los resultados del trabajo colectivo se distribuyen con equidad y de acuerdo con el esfuerzo aportado. Cuando se abren nuevas oportunidades y se compensa con justicia el trabajo productivo se desatan nudos que traban o limitan la capacidad realizadora de los sectores de bajos ingresos, lo que fortalece el capital social básico de cualquier país.

 

Para eliminar la pobreza y dar paso a un país para todos agosto 20, 2008

Filed under: Desigualdad y pobreza — unpaisparatodos @ 3:04 pm
Tags: , , , ,

Para eliminar la pobreza – sustento de un proceso de desarrollo justo y vigoroso- es imprescindible alinear las grandes políticas macroeconómicas, promover efectivas iniciativas mesoeconómicas, y dar lugar a acciones directas de apoyo a nivel microeconómico. Este esfuerzo debe complementarse con políticas sociales de nuevo cuño que estimulen la cultura del trabajo y el emprendedorismo.

Una variable estratégica es la movilización productiva de los pobres, que implica dejar de ver a la población de bajos recursos como parte del problema, sino como generador de soluciones para abatir la pobreza. En los sectores pauperizados anida una enorme energía increíblemente desaprovechada. El asistencialismo puede mitigar el dolor de quienes sufren pero termina siendo ineficaz para eliminar las causas que originan la pobreza.

Es incongruente pensar que habrá desarrollo nacional cuando sólo unos pocos crecen. Las teorías del derrame nos han conducido a estrepitosos fracasos. Las nuevas soluciones no pueden seguir reproduciendo secuencias teóricas que la realidad no convalida. Los procesos económicos desatan dinámicas de crecimiento y acumulación que, si no son bien estructuradas, pueden tender a ahondar y no a reducir las diferencias. De ahí la necesidad de relanzar sobre nuevas bases nuestro desarrollo: conocimiento de excelencia, creatividad, ser inclusivos y movilizadores de la propia capacidad de generar las soluciones.

No se convoca a compartir esfuerzos sin asegurar que también los resultados serán distribuidos con justicia y efectividad. Un proceso de desarrollo justo y vigoroso es un ámbito donde funcionan los mercados y el Estado regula a través de normas y políticas no discrecionales con capacidad para prevenir o corregir efectos perversos no deseables; donde el funcionamiento económico premia la producción y no la especulación de aquellos que acceden a información o contactos privilegiados; donde se enaltece la cultura del trabajo y se combate la cultura prebendaria; donde se valora el papel y la iniciativa del emprendedor que organiza la producción así como los derechos laborales de los trabajadores; donde se enfrenta con determinación la corrupción económica y política, y donde se lucha con vigor contra la inseguridad ciudadana.

En cualquier proceso es normal que surjan tensiones entre intereses y ópticas diversas: será necesario trabajar para alinear esa diversidad de intereses de modo que las tensiones puedan ser administradas constructivamente. Eso sí, no cabe dar la espalda a los más débiles y vulnerables. El criterio orientador básico de un desarrollo en serio es que sólo con el aporte y la valoración de todos saldremos adelante.

 

Microcrédito Siglo XXI: nuevos senderos para pequeños y micro productores junio 17, 2008

Filed under: Desigualdad y pobreza,Emprendedorismo para todos — unpaisparatodos @ 3:02 pm

 El microcrédito y las microfinanzas canalizan recursos financieros y conocimiento a millones de familias pobres en el mundo. Se ha logrado avanzar en varios frentes pero queda mucho más por realizar. Mientras tanto siguen cambiando las circunstancias que hacen de contexto a pequeños y micro productores: la globalización y el propio desarrollo local generan nuevas mezclas de problemas y oportunidades. Se abren diversas opciones y senderos para el microcrédito del siglo XXI. ¿Cuáles elegir? ¿Qué rumbo tomar?

Microcrédito como condición necesaria pero no suficiente

Los problemas de pobreza y subdesarrollo tienen su origen en complejos procesos; no hay una única causa que los explique ni una solución simple para superarlos. Para encarar con efectividad un desafio de esta naturaleza y envergadura habrá que considerar una diversidad de acciones complementarias. Esto sin ignorar lo ya realizado por quienes fueron pioneros; son esas experiencias las que nos permiten considerar una nueva generación de esfuerzos. 

El papel del microcrédito sigue siendo crítico dondequiera haya pobreza. Los microcréditos movilizan la capacidad productiva de los pobres, desarrollan su confianza y fortalecen su autoestima al tiempo que promueven la cultura del trabajo; contribuyen a la subsistencia de cientos de millones de familias e irrigan la base del aparato productivo, aunque no logran por sí solos abatir la pobreza, la desigualdad y dar paso a un desarrollo sustentable.

¿Qué se requiere agregar a la práctica actual del microcrédito? Comencemos por reconocer que la economía moderna se va apartando de los sistemas cerrados de subsistencia. Cada vez más los pequeños y micro productores hacen parte, mejor o peor posicionados, de tramas productivas integradas al sistema económico local. Esta articulación de pequeños y micro productores con otros actores económicos se expresa en la compra de insumos y de sencillos equipos, en la adquisición y consumo de bienes y servicios para su subsistencia, en la venta de lo que producen directamente al mercado local o a diversas instancias de intermediación. Estas relaciones económicas están mediatizadas por los precios de compra y de venta que cada productor enfrenta; esto es, por las relaciones de intercambio que logra establecer con los actores con los que se vincula. Los resultados que obtiene están así condicionados por su posicionamiento en una determinada tramas productiva y las relaciones de intercambio que logra establecer en base a contactos, capacidad de producción, vulnerabilidad financiera y los conocimientos e información que el pequeño productor maneja. 

Si el pequeño productor hiciese parte de una trama productiva posicionada en una promisoria cadena de valor y si su articulación con otros actores estuviese asentada en relaciones de intercambio favorables, entonces sería posible que ese pequeño productor pudiese ir paso a paso creciendo, capitalizando su emprendimiento y asegurándose mejores niveles de vida. Si, en cambio, como sucede en muchos casos, los pequeños y micro productores ocupasen posiciones marginales en tramas productivas insertas en sectores poco promisorios y si, además, por su escaso poder de negociación individual estuviesen sometidos a muy desfavorables relaciones de intercambio, entonces su situación sería muy adversa, con pocas probabilidades de mejorar condiciones de vida y de producción.

El microcrédito puede quedar a medio camino si no llegase a ser capaz de transformar las condiciones de vida de quienes lo reciben o si los progresos fuesen tan lentos y marginales que no se compadeciesen con los tiempos sociales y políticos de quienes siguen viviendo en la pobreza. Su efectividad se incrementaría si fuese complementado con otras iniciativas para mejorar la articulación de pequeños y micro productores con el resto del sistema económico local. Esto facilitaría su acceso a senderos de desarrollo sustentable. 

Construyendo senderos de desarrollo sustentable

¿Cómo entonces crear un entorno favorable para los pequeños y micro productores y mejorar su articulación con el sistema económico del cual son parte? ¿Cuáles son los factores que condicionan el éxito o el fracaso de este propósito?.

Son múltiples los factores condicionantes como diversas las circunstancias que determinan la singularidad de cada situación. Factores críticos incluyen acceder al conocimiento necesario para desenvolverse en el mundo contemporáneo, disponer de información sobre buenas oportunidades, contar con la capacidad para poder aprovecharlas y tener acceso a un entorno económico y social favorable.. 

Las economías son hoy cada vez más conocimiento dependientes. Constantemente se abren en los mercados oportunidades a las que no es posible acceder sin el conocimiento necesario para abordarlas. Lo grave es que se agiganta con el tiempo la brecha de conocimientos que ya existe entre las economías centrales y la mayoría de los países del Hemisferio Sur, así como la brecha que también se da al interior de nuestros países entre sectores sociales. Los más necesitados quedan así aún más rezagados por su limitado acceso al conocimiento, lo que agrava la ya de por sí explosiva situación.. Paradojalmente, la moderna tecnología informática y de comunicaciones puede democratizar el acceso al conocimiento pero ese acceso necesita ser fuertemente alentado y promovido para llegar a materializarse. Se trata que pequeños y micro productores accedan a un conocimiento de excelencia adaptado a las condiciones locales, no tan sólo al conocimiento residual o de descarte. De ahí la necesidad de trabajar coordinadamente con el sistema educativo formal e informal, así como con quienes lideran cadenas productivas y la entera comunidad científica y tecnológica del país. Es en este frente de trabajo donde se juega buena parte del futuro de nuestros pueblos

Disponer de información sobre oportunidades económicas no es sencillo aunque cada vez existen más fuentes y modalidades para conocerlas. Sin embargo, disponer de información es un primer paso y poder aprovechar las oportunidades es otro cantar mucho más complejo. Para posibilitarlo es necesario adoptar medidas a diversos niveles, entre otras: (i) políticas macroeconómicas que favorezcan a los sectores de bajos ingresos y, en particular, a los pequeños productores, (ii) iniciativas mesoeconómicas que faciliten una mejor articulación de los pequeños productores con promisorias cadenas de valor y (iii) acciones directas de promoción de los pequeños y micro productores. 

 

Mejorando el entorno: políticas macroeconómicas en apoyo a la base de la pirámide socio-económica.

Es que la lucha contra la pobreza no puede limitarse a establecer un “programa” específico para abatirla; para ser efectiva, debe alinear en su favor las políticas públicas y comprometer voluntades del sector privado y de la sociedad civil. Una primera medida es adoptar políticas macroeconómicas que permitan movilizar la base de la pirámide socioeconómica. Entre las principales de estas políticas está el gasto público que incluye una diversidad de rubros, como financiar el acceso del pequeño y micro productor al mejor conocimiento contemporáneo disponible así como a moderna infraestructura social (educación, salud, seguridad, vivienda) y productiva (comiunicación, caminos, energía, riego). El gasto público nacional, provincial y municipal es el instrumento por excelencia para financiar esas obras y servicios: según cómo sea asignado favorecerá en mayor o menor medida el entorno social y productivo en el que se desenvuelven los sectores de la base de la pirámide socio-económica.

De igual importancia es la política fiscal porque una estructura impositiva regresiva, como predomina en la mayoría de los países del Hemisferio Sur, extrae proporcionalmente más recursos de aquéllos que menos tienen. La economía ofrece a los políticos y a los sectores privilegiados sutiles mecanismos regresivos de redistribución de ingresos que no se animarían a proclamar abiertamente.

En cuanto a política monetaria son los sectores de bajos ingresos los más interesados en asegurar la estabilidad de precios y un acceso apropiado al crédito institucional. Los períodos de alta inflación terminan castigando desproporcionadamente a los pequeños productores y, cuando no disponen de crédito institucional, quedan a merced de prestamistas informales que pueden aplicar tasas y condiciones crediticias extremadamente severas.

De este modo, mejorar el entorno económico en el que se desenvuelven los sectores de bajos ingresos alineando la política macroeconómica con sus necesidades e intereses deviene una dimensión crítica para acceder a un sendero de desarrollo sustentable.
Mejorando las relaciones de intercambio de pequeños y micro productores

Como se indicó, los pequeños y micros productores suelen insertarse en tramas productivas y nichos de mercado de los que logran muy bajos ingresos. Esa vulnerabilidad estructural está en la base de su pobreza y rezago. ¿Cómo encararla entonces? Son varias las formas ya que no hay recetas; en todas ellas habrá que trabajar sobre cómo (i) incorporar aceleradamente conocimiento, (ii) mejorar productividades y la capitalización de las pequeñas unidades, (iii) negociar mejores precios y asistencia tecnológica de quienes lideran tramas productivas a través de programas para proveedores y distribuidores, (iv) integrar pequeños productores en organizaciones económicas de porte medio capaces de acceder a mejores umbrales de oportunidades (para ello existe ingeniería de negocios como son los sistemas de franquicias, los consorcios de exportación, las centrales de servicios, ciertas agroindustrias, entre otras modalidades).

El tema de las relaciones de intercambio es complejo porque en él se mezclan condiciones de competencia entre redes económicas y otras ligadas a la voluntad de los actores. Si mejoras en las relaciones de intercambio con pequeños y micro productores descolocasen en precios, calidades o tiempos a las empresas que las facilitan, entonces será difícil materializarlas. Pero las más de las veces esas mejoras no afectan la viabilidad de las cadenas de valor porque, si son bien trabajadas, se traducen en aumentos de productividad de los pequeños productores y expansión del mercado interno que terminan generando mejores resultados para todos.  Es el campo relativamente poco explorado de la mesoeconomía.

Los eventuales mejores ingresos del pequeño productor tendrán un doble destino: por un lado atender necesidades básicas familiares represadas y, por otro, capitalizar a las pequeñas unidades. Para posibilitar esto último –la crucial formación de capital en la base de la pirámide socio-económica- se requieren muy divesos apoyos entre los que me atrevo a destacar dos: el sistema educativo y la comunidad científica y tecnológica que pueden contribuir acercando conocimiento tecnológico y de gestión de procesos, y un segmento del mercado de capitales y del sistema financiero proveyendo los recursos necesarios para adquiirir equipamiento y reforzar el capital de trabajo.

Las empresas líderes de cadenas de valor tienen a su vez un rol protagónico: les toca ejercer mayor responsabilidad mesoeconómica, lo que significa considerar los efectos secundarios de sus propias decisiones empresariales en los pequeños y micro productores. Esto es, al considerar nuevos proyectos y las modalidades para llevarlos a cabo valdría escoger aquellas opciones que, al tiempo de posibilitarles alcanzar los objetivos perseguidos, maximicen el impacto positivo en los demás actores que hacen parte de su trama productiva y de su comunidad. 

Nuevas instituciones para apoyar el cambio de rumbo

Para facilitar esta búsqueda de nuevos senderos de desarrollo se requiere de un sistema de apoyo semejante, pero no igual, al que existe en los países afluentes. Un sistema que aliente y acompañe todo el desarrollo del esfuerzo emprendedor. Se trata de dar paso a instituciones de nuevo cuño que complementen el microcrédito que reciben los pequeños productores con iniciativas que los orienten hacia sectores promisorios; esto es, promoviendo emprendimientos económicos que, actuando como catalizadores, traccionen en su crecimiento a una red de pequeños proveedores, distribuidores o compradores de sus productos. Nuevas unidades de porte medio capaces de acceder a buenas oportunidades y sepan combinar eficacia operativa y justicia distributiva.

Se trata de una batería de instrumentos locales de promoción que se complementan unos a otros: saben operar en los mercados contemporaneos pero con un mandato explícito de apoyar emprendimientos que en definitiva ayuden a la base de la pirámide socioeconómica. Esta generación de instituciones económicas incluye las desarrolladoras de emprendimientos productivoss, las redes de inversores ángeles social y ambientalmente responsables y los fondos de apoyo a la inversión productiva, todos los cuales hemos venido desarrollando en números anteriores de Opinión Sur.

Roberto Sansón Mizrahi
Junio 2008
© copyright Opinión Sur

 

 

Negociaciones salariales para abatir desigualdad y sostener el crecimiento marzo 19, 2008

Filed under: Desigualdad y pobreza — unpaisparatodos @ 5:29 pm

Si se pusiese sobre una negociación salarial todo el peso del ajuste necesario para abatir desigualdad se podría afectar la propia dinámica de desarrollo de un país. Al mismo tiempo, una negociación salarial que retribuya adecuadamente a quienes participan del proceso productivo es esencial y legítima. Lo que estamos diciendo es que no es posible cargar sobre una sola variable –en este caso un ajuste de remuneraciones- todo el esfuerzo que se requiere para abatir de manera significativa la desigualdad y la pobreza. Más adelante consideramos elementos propios de una negociación salarial. Pero antes vale señalar qué otras variables, además de los salarios, también inciden y necesitan ser ajustadas para poder materializar una reducción de la desigualdad y la pobreza; en otras palabras, situar las negociaciones salariales en el contexto de una acción comprehensiva para abatir desigualdad. Al hacerlo enriquecemos con una visión sistémica el espacio natural y posible de una negociación salarial, acercando a las partes a lograr acuerdos que contribuyan a reducir desigualdad y sostener el crecimiento del país. (i) Políticas macroeconómicas para abatir desigualdad y sostener crecimiento Prácticamente todas las políticas públicas tiene incidencia directa o indirecta tanto sobre la desigualdad como el crecimiento. Con lo cual un primer comentario es que todas ellas debieran ser instrumentales para abatir desigualdad y promover crecimiento. Para ejemplificar vamos a destacar dos de las más relevantes: la política fiscal y la de gasto público. La regresividad de los sistemas impositivos de América Latina es inaudita. Para decirlo en una frase: los pobres pagan proporcionalmente más impuestos que los ricos. Son varias las razones que explican esta sinrazón[1]. Para acercarnos a un desarrollo que sea económica y socialmente sostenible la política fiscal debe eliminar la regresividad. Por su parte el gasto público suele ser la principal fuente de financiamiento del sistema educativo, del sistema de salud, de seguridad, de la infraestructura vial y energética, entre muchos otros sectores y actividades que sostienen el crecimiento y hacen parte del ingreso no salarial de los sectores de la base de la pirámide social. En la medida que se asigne debida prioridad al gasto público orientado a atender requerimientos sociales y productivos de estos sectores se estará contribuyendo a abatir desigualdad de manera sustentable. (ii) Iniciativas mesoeconómicas para abatir desigualdad y sostener crecimiento Las empresas funcionan dentro de tramas o redes productivas que conforman cadenas de valor y clusters de empresas semejantes o complementarias. Ese es el espacio de la mesoeconomía. En este espacio el protagonismo es compartido entre todas las unidades productivas que participan de las redes pero con un rol muy especial para las empresas líderes. Son ellas quienes orientan e influyen el comportamiento de las demás. Esas empresas líderes tienen la responsabilidad mesoeconómica de contribuir desde su ámbito a abatir la desigualdad y sostener el crecimiento. No sólo generando más empleos para reducir la desocupación y mejores ingresos para sus trabajadores, sino también adoptando tecnologías, formas de estructurar sus negocios y de relacionarse con proveedores, distribuidores y clientes, que favorezcan en todo lo posible a los sectores de la base de la pirámide. Cada decisión empresarial, cada nueva inversión, tendrá efectos primarios y secundarios. Los primarios son aquellos que inciden sobre el funcionamiento y resultados de la propia empresa; los secundarios son los efectos sobre el resto de actores de su cadena de valor y de la comunidad en la que opera. Pocas veces estos efectos son explicitamente considerados e incluídos en la matriz de decisiones de una empresa; lo cual esteriliza potenciales efectos benéficos o, lo que es peor, puede causar impactos negativos que podrían ser evitados sin afectar, o afectando sólo marginalmente, los resultados. El sector privado no está al margen del esfuerzo nacional por abatir desigualdad y sostener el crecimiento sino que cumple un importantísimo rol. (iii) Programas de apoyo a pequeños y micro emprendimientos productivos Buena parte de la población que conforma la base de la pirámide social asegura su subsistencia trabajando por su cuenta o como asalariados generalmente informales en pequeños o micro emprendimientos productivos. De este modo, los programas de apoyo a pequeños y micro productores conforman un componente central de un esfuerzo por abatir desigualdad y pobreza. Esto incluye programas de microcréditos y de crédito para pymes, así como toda la gama de asistencia tecnológica y de gestión comercial. Opinión Sur ha cubierto extensamente este tema por lo que en las líneas que siguen tan sólo quisiéramos destacar dos aspectos fundamentales. El primero hace referencia a la excelencia y el salto de escala que debieran caracterizar a los programas de apoyo. La brecha de ingresos se hace aún mayor cuando se le agrega la brecha de conocimientos, contactos e información que afecta a todos los sectores de la base de la pirámide social. Necesitamos y podemos cerrar esa brecha. Hoy la economía es conocimiento dependiente y no cabe agravar la ya precaria situación de pequeños y micro emprendedores privándoles del acceso a moderna ingeniería de negocios que está disponible en el mercado, retacéandoles información sobre oportunidades comerciales y cómo aprovecharlas, negándoles asistencia para gestionar apropiadamente sus emprendimientos. De igual modo no podemos quedarnos en el umbral de lo demonstrativo, de los proyectos pilotos. Estos esfuerzos son y seguirán siendo válidos como campos de ensayo de nuevas metodologías y enfoques de trabajo pero el desafío presente es asistir a grandes mayorías (no tan sólo a pequeños bolsones de pobreza) a través de programas de gran alcance y significación. El segundo aspecto se refiere al gran esfuerzo que es necesario realizar para registrar el trabajo informal que abunda en pequeños y micro emprendimientos. En estos casos las condiciones objetivas de la pequeña unidad hacen muy difícil y a veces inviable el blanqueo de los trabajadores informales. Si tuviesen que cumplir sin más todas las exigencias fiscales, de cargas sociales y regulatorias impuestas por las normativas vigentes se podría afectar la viabilidad de los emprendimientos que estuviesen operando en situaciones de subsistencia. En esas condiciones es inefectivo o contraproducente tan sólo perseguir a los pequeños y micros que no registran a sus trabajadores. Se impone más bien crear un régimen especial para los pequeños y micros (como varios países ya han instaurado) que vaya gradual pero firmemente completando una transición hacia el registro de toda la fuerza laboral no registrada. (iv) Límites y posibilidades de las negociaciones salariales Explicitado lo anterior queda claro que es muy distinto encarar negociaciones salariales en un contexto donde prime el “sálvese quien pueda y como pueda”, que en otro donde las negociaciones se desarrollan mientras se implementa una serie de acciones para abatir desigualdad. Al encarar una seria reforma fiscal y asignar suficiente prioridad al gasto público orientado a la base de la pirámide social se estaría mejorando el salario de bolsillo de los trabajadores (que pagarían menos impuestos) y aportando ingresos no salariales (se cubrirían necesidades de sectores populares con mejores servicios de educación, salud, energía, etc). El contexto de negociación mejoraría aún más si las empresas líderes de cadenas productivas se pusiesen al frente de un esfuerzo bien concebido para ejercer a pleno su responsabilidad mesoeconómica. De ese esfuerzo surgirían más empleos y quizás mejor remunerados a lo largo de la cadena productiva, junto con un valor agregado no financiero como es el de posibilitar a pequeños emprendimientos adquirir modernos conocimientos, acceso a mercados, información comercial y asistencia sobre la marcha. También pesan fuerte los programas de apoyo a pequeños y micro emprendimientos porque, si bien las negociaciones salariales se centran en los trabajadores registrados, algunos desarrollan por sí o a través de familiares actividades informales por cuenta propia con las que complementan sus ingresos. En todo caso, está claro que tanto sindicatos como asociaciones empresariales encararán de manera diferente las negociaciones salariales si ellas fuesen parte o no de un conjunto comprehensivo de acciones de promoción de la base de la pirámide social. En lo que hace a las negociaciones salariales en sí mismas es necesario considerar varios aspectos que incidirán sobre ellas, entre otros los siguientes: Evaluar cómo se reparten los resultados entre trabajadores, cuadros ejecutivos y propietarios del capital. Si bien el criterio básico es que las subas salariales acompañen aumentos de productividad, vale considerar también la estructura distributiva presente y cómo fueron evolucionando esas proporciones en el tiempo, de modo de no consagrar eventuales injusticias distributivas que vienen de épocas anteriores ni tampoco violentar límites de viabilidad económica de las unidades productivas.Analizar cuánto de la remuneración al capital se retira de la empresa y cuánto se reinvierte. Los trabajadores podrían eventualmente postergar una parte de sus aspiraciones presentes contra una fundada expectativa de mejores resultados futuros si la empresa o el sector se estuviesen capitalizando a través de una firme reinversión de resultados. En esos casos la negociación debería incluir cláusulas de ajustes salariales asociados a mejores resultados futuros en cada emprendimiento. En cambio la posición sindical sería muy distinta si gran parte de los resultados saliesen de la empresa vía dividendos u otros mecanismos (como subfacturación entre filiales de un mismo grupo económico). En estos casos la pugna salarial se volcaría entera sobre el presente corporativo aspirando a compartir la mayor proporción posible de la distribución de resultados. Existe una variedad de formas (algunas muy creativas) para alinear intereses de todas las partes que sustentan una empresa. Sin creatividad los espacios para encontrar acuerdos constructivos se angostan y aumenta el riesgo de deslizarse hacia confrontaciones que terminan afectando a todos. La codicia de algunos, la frustación de otros, la ignorancia y mala fe de muchos, sólo puede ser combatida con transparencia, clara información, buena argumentación y firme credibilidad de las partes. La confianza mutua, aquel intangible de enorme valor muchas veces ignorado y otras afectado por conductas irresponsables, es en verdad el mayor facilitador de una buena negociación. Corrupción, necedad, mezquindad, ignorancia o indiferencia a las circunstancias del otro, pueden descarrilar cualquier negociación. En cambio, una buena dosis de pragmatismo, creatividad y un real esfuerzo de las partes para comprender los márgenes de lo posible, son condición necesaria para seguir avanzando como socios en el esfuerzo de creación de riqueza. En un mundo donde no escasea el egoismo y el tomar ventaja de los otros, parecerá extraño cerrar estas líneas recordando que la economía, más allá de los parámetros históricos y tecnológicos que la condicionan, está constituída en esencia por relaciones entre personas y grupos. Esas relaciones son guiadas por intereses pero también por valores. De ahí que exista un crítico espacio de trabajo no sólo para aprender a alinear constructivamente la diversidad de intereses que pugnan por prevalecer, sino también para que trabajadores, ejecutivos o propietarios de activos reflexionemos de cara a nuestros valores sobre la significación de nuestros actos y las consecuencias y responsabilidades que de ellos se derivan.


[1] En números anteriores de Opinión Sur hemos analizado esta cuestión y también la que sigue por lo que no nos extenderemos en ellas.

Roberto Sansón Mizrahi

© Copyright Opinión Sur

 

Aumentar la inversión y reducir la desigualdad … al mismo tiempo diciembre 26, 2007

Filed under: Desigualdad y pobreza — unpaisparatodos @ 10:06 pm

Resulta crítico para el desarrollo aumentar la inversión y al mismo tiempo reducir la desigualdad: es como reforzar los motores de la economía y corregir su rumbo. Necesitamos no sólo más sino también mejor inversión. El nivel de inversión es en sí una importante palanca de crecimiento pero su composición incide sobre el tipo de desarrollo que se desea tener. Cuando hablamos de composición nos referimos no sólo a su distribución sectorial sino también al tipo de tecnología que viene asociado con ella así como a la propiedad de esa inversión. Hay inversiones que apuntan a sectores muy promisorios. La tecnología que incorporan y su articulación con otros actores económicos asegura buenos efectos multiplicadores. Son inversiones que arrastran en su crecimiento a frondosas tramas productivas. Hay en cambio otras inversiones que se orientan a sectores de poco potencial o a enclaves económicos con menor impacto o apalancamiento de otras actividades. Si las inversiones llegan a sectores no prioritarios, tan sólo cabe regular eventuales efectos colaterales no deseados. En cambio, para aquellas inversiones que sí se desea atraer puede desplegarse una variedad de acciones de promoción (de amplio uso en los mercados internacionales) de modo de generar entornos favorables. Puede tratarse de una mezcla de incentivos fiscales y de aprovechar acuerdos de mercado, de establecer o fortalecer mecanismos para financiar la inversión, de trabajar bien las expectativas de corto y mediano plazo, de ofrecer seguridad jurídica, quizás regulaciones especiales, transparencia en los contratos públicos, entre otros factores. En última instancia lo determinante de un contexto positivo será contar con precios relativos apropiados, acceso a mercados y una moderna ingeniería de negocios que aseguren efectividad, justicia remunerativa y adecuada rentabilidad. Al aumentar la inversión seguramente mejorará la productividad de la economía y con ello las condiciones para mejorar salarios, lo cual contribuirá a reducir la desigualdad. Sin embargo esto no es suficiente. Con las negociaciones salariales se logra balancear o mejorar la ecuación precios-crecimiento-salarios, pero se deja afuera al universo de la pequeña y micro producción. Respecto a la extendida desocupación, el aumento de la inversión tal como hoy se da muy probablemente logre absorber algunos segmentos pero está claro que no logra abatirla por completo. Estos actores (pequeña, micro producción y desocupados que no logran ser absorbidos laboralmente) también debieran beneficiarse del incremento de la inversión; para lo que será necesario que la nueva inversión también fluya hacia la base de la pirámide social. Esa canalización de la inversión hace parte del concepto de una mejor inversión; es decir, que los propietarios de la inversión adicional sean también actores hoy rezagados o excluídos. Lo cual, dada la escasez de capital propio de esos sectores, exige considerar cómo financiar su formación de capital; esto es, la formación de capital en la base del aparato productivo, mucho más allá de los simples subsidios que hoy se destinan al consumo popular para paliar pobreza e indigencia.Existen felizmente probados mecanismos para canalizar inversión a pequeños y micro emprendedores, a desocupados con capacidad de gestionar unidades productivas. Ellos hacen parte de una batería de nuevos instrumentos económicos, como son los fondos locales de apoyo a la inversión productiva, las redes locales de inversores ángeles socialmente responsables, las desarrolladoras de pequeños negocios en sectores promisorios, las alianzas estratégicas de todos los anteriores con la comunidad científica y tecnológica, los propios emprendedores y los gobiernos locales. No tiene sentido seguir divorciando, por un lado, el crecimiento de la inversión y, por otro, la reducción de la desigualdad social. Sería volver a apostar a un efecto derrame que, o no llega, o llega corto y sin considerar los tiempos sociales y políticos de una población cada vez más conciente de sus derechos y del origen de su situación de exclusión y desigualdad. Es tiempo de concebir nuevas estrategias de inversión donde el efecto en la desigualdad también sea considerado explícitamente.

Roberto Sansón Mizrahi