Un país para todos

Entrevista a Pepe Mujica “¿Por qué hay tanta enfermedad del balero?” – Por Gonzalo Arias mayo 13, 2018

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Desde Montevideo

Cerca de cumplir 83 años el mes que viene y con 14 años de su vida como preso político, el senador José Pepe Mujica ya fue otra vez senador, y también ministro de Agricultura y Presidente en los gobiernos del Frente Amplio que gobierna Uruguay desde 2005. Sigue siendo un protagonista de la política, en el mundo y sobre todo desde su chacra de siempre, en las afueras de Montevideo, donde recibió a PáginaI12.

–En la Argentina se está debatiendo actualmente la posibilidad de que se apruebe un proyecto de despenalización del aborto. Uruguay lo discutió en 2012, cuando usted era presidente. 

–Desde que el mundo es mundo, hay abortos. Cuanto más oculto y menos reconocido lo tenemos, más perjudicamos a las mujeres pobres, castigamos doblemente a las mujeres pobres. El paso a la legalización parte de este primer escalón, primero tenderle una mano social a la mujer si quiere retroceder en la decisión que tome. Si lo dejamos como un fenómeno clandestino, eso es imposible. Es decir, una atención social y psicológica de ayudarla si quiere retroceder. Creo que se terminan salvando más vidas con un procedimiento así de cara, de frente, reconociéndolo, que en el otro, al decir no, el aborto no. Pero sigue existiendo, porque somos hipócritas si no nos enteramos de que existe y que termina en una sociedad de mercado, siendo un estupendo negocio para algunos, y caro. Más claro: las mujeres que tienen la necesidad de abortar y que tienen poder económico van a resolver al problema clínicamente, bien atendidas. Las mujeres que están en el fondo de la sociedad, que tienen problemas sociales, se van a jugar la vida. Por esto nosotros decidimos. Porque no es que me gusta o no me gusta. El problema es que existe. En Uruguay, es una vieja manera de pensar.

–¿Es realismo?

–No se puede tapar lo que existe. Eso nos llevó a que en 1912 hubo un gobierno que le dio el divorcio a la mujer por su sola voluntad, que reconoció la prostitución con carnet de salud y aportes sociales. ¿Por qué, porque me gusta la prostitución? No, no, pero existe, es tan vieja como el mundo. Porque a un gobierno se le ocurra que no existe no va a dejar de existir. El alcohol lo mismo. Allá por 1915 hubo un gobierno acá que no pensó en la Ley Seca como en los Estados Unidos. No: nacionalizó la producción de alcohol de boca para garantizar que fuera un alcohol bueno. De ahí sacaba recursos para atender la salud pública, entre ellos las consecuencias del alcoholismo. Esa filosofía ha estado muy metida en Uruguay: no negar la evidencia de la realidad y tratar de organizarla lo mejor posible. Me considero un humilde heredero de esa tradición. La marihuana, ¿qué, la marihuana es una maravilla? No, es una joda, yo no creo que ninguna adicción sea buena. Si la intentamos legalizar, por lo menos tenemos un elemento de control y le damos un golpe al narcotráfico por el lado de romper el mercado. Hay una cierta armazón en todo: no negar la evidencia de la realidad y aceptándola, tratar de organizarla lo mejor que se pueda para que tenga un costo menor.

–Brasil está viviendo uno de los terremotos políticos de la región más importantes de los últimos años. ¿Qué impacto cree que puede tener en la democracia brasileña y en la región el escenario posible de que le prohíban postularse a un candidato como Lula, que podría ser electo con más de 60 por ciento?

–No lo puedo medir, pero no es la primera vez que Brasil hace dibujos de terror. Hay que recordar el suicidio de Getúlio Vargas. Curiosamente debe ser el pueblo más alegre de América Latina, un pueblo de samba, hermoso, mestizo. Si en la Argentina pasaba lo de Lula era un incendio. Daban vuelta Buenos Aires. Eso por las tradiciones que tiene el pueblo argentino. Brasil no es así, es distinto, no tiene esa tradición de luchas colectivas, de masas, de múltiples organizaciones sociales que se mueven. ¿En qué desemboca? No sé. Porque si han hecho tanta barbaridad (hay que recordar lo de Dilma y eso), no parece que tengan espíritu de detenerse así como así. De todas maneras no la van a tener fácil. Parte de la opinión a favor de Lula es la consecuencia sociológica de las reformas conservadoras que están metiendo. Lo meten a Lula en cana, pero los efectos de las reformas conservadoras los siente la gente. Y la gente se expresa políticamente. El PT, a la caída de Lula estaba hecho pelota. Y el PT sin Lula es muy poco, pero con Lula es mucho porque es un símbolo que está nucleando todo eso.

–¿Cuál es su enfoque sobre el tema de la corrupción? 

–El fenómeno de la corrupción ha golpeado por toda América latina, pero existe en el mundo entero. Pero es una cosa curiosa, porque en América Latina nos destripamos. Entre otras cosas rompemos todas las empresas. La Volkswagen, la empresa de fabricación de autos más grande del mundo, se mandó una joda de carácter sideral, no hay nadie en cana, y sigue facturando autos. Paga multas. A la banca Morgan la vacunaron con 3 mil, 4 mil millones dólares de multa. Pagan y a otra cosa. Y así sucesivamente. Nosotros destrozamos todo y una empresa (lo digo yo que, tengo una visión socializante) es también una construcción social. Si las pocas que tenemos las dejamos destrozadas, ¿a quién favorecemos? A las multinacionales de afuera. Yo preferiría no matar a la empresa porque la empresa es un esfuerzo colectivo, y una acumulación de conocimiento, de experiencia, de funcionamiento, romper eso es un disparate.

–Este fenómeno de la corrupción es interesante porque atraviesa a izquierda y a derecha por igual y hoy parece ser una preocupación de toda la sociedad. A riesgo de parecer ingenuo, ¿cómo se combate la corrupción? 

–Si se está sembrando la imagen de que triunfar en la vida es tener plata y eso es lo que estamos vendiendo como un modelo, y triunfador es el que gana mucha plata, ¿qué nos vamos a asustar de la corrupción? ¡Es una consecuencia del modelo que estamos planteando y se lo planteamos a todas las clases sociales! Y el gurí que nace en la pobreza y sale de caño, está enfermo de lo mismo. Y el burócrata que tiene un puesto importante en el Estado está enfermo también de lo mismo. Es una consecuencia de esta cultura, no hay que asustarse. Entonces, recogemos lo que sembramos. Ahora bien, no sembramos una sociedad de santos, no nos preocupamos por una sociedad solidaria. Tácitamente nos preocupamos por una sociedad de “Hacé la tuya, y mirá que con eso vas a hacer más feliz”. Acá hay un problema de filosofía de la vida.

–¿Cuál sería?

–El capitalismo necesita que estemos ambicionando, queriendo, comprando cosas nuevas y deseando. Generar deseos. Paralelamente a esto tenés que hacerte esta pregunta: ¿por qué hay tantos psiquiatras? ¿Por qué tanta enfermedad del balero? Parece que entramos en el siglo de las enfermedades neuronales, lo que está demostrando que algo anda mal. “Pobre es el que necesita mucho” es la vieja definición de Séneca. O la definición de los aymara: “Pobre es el que no tiene comunidad, el que está condenado a estar rodeado de soledad.” Este ideal de vida que significa comprar más que está planteado, y que el éxito depende de la riqueza, no tiene fin y quedan por el camino los afectos, porque para cultivar los afectos se necesita tiempo.

–¿Por qué usted habla cada vez más del tiempo?

–Las relaciones personales necesitan tiempo. Los afectos (porque el ser humano es muy emotivo: primero sentimos, después pensamos) necesitan tiempo. Pero si el tiempo de nuestra vida se gasta en la lucha por tener dinero para pagar las deudas que tenemos, ¿qué tiempo tenemos para nuestros afectos? “Yo no quiero que a mi hijo le falte nada”, ¡pero le faltás vos, que no tenés tiempo jamás de salir con tu hijo! ¿Qué querés, sustituir los afectos con juguetes? Las cosas no van por ahí. Porque las cosas inertes no emocionan. Las emociones son consecuencia de las cosas vivas. Esto es tan elemental que tácitamente todo el sistema nos lleva por un camino que es muy contrario a nuestro sentir. En realidad cuando comprás, no comprás con plata. Comprás con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Ojo, yo no hago apología del atorrantismo. Toda cosa viva tiene necesidades materiales y si tienes necesidades materiales, hay que trabajar para enfrentarlas, y el que no trabaja está viviendo a costilla de alguno que trabaja. Pero la vida no es solo trabajar. Acá hay un concepto de límite que nos hace perder esta civilización. Hay un tiempo para trabajar. Pero la vida no se hizo solo para trabajar. La vida tiene sentido para vivirla porque es lo único que se nos va. Gasto tiempo para tener plata para comprar. Pero no puedo ir al supermercado a comprar tiempo de vida. Por eso el concepto de límite, el viejo concepto griego, “nada en demasía” es parte de defender la libertad. Porque, ¿cuándo sos libre? Cuando estás sometido a la ley de la necesidad no sos libre. Sos libre cuando tenés tiempo que lo usás en lo que a ti te gusta y a ti te motiva.

–Quiere decir que la cultura del consumismo fue más arrolladora que la comunicación de una cultura?

–¡Por supuesto! La otra es de la academia. Es la que podemos decir en el devenir. Pero la cultura consumista golpea todos los días en el seno de los hogares, de la mañana a la noche y prácticamente estamos inmersos. Y eso es funcional al sistema. El sistema necesita que estemos debiendo, que tengamos cuotas que pagar. Y necesita que andemos desesperados porque no nos alcanza y cada vez tenemos que comprar más, porque somos agentes de mercado. Y los economistas se agarran la cabeza si no marcha ese mercado interno. Pero esto tiene una onda, tampoco la derecha la va a satisfacer, la va a explotar. Ya vendrá el reflujo, es inevitable. Yo creo que es pendular, y si tuviera que esquematizarlo hay tiempos que parece que son más bien de acumulación, y tiempos donde la prioridad la tiene el reparto: ninguno son definitivos ni eternos. El gran problema que tenemos los latinoamericanos es que por llegar tarde a la fiesta del capitalismo, tenemos las venas abiertas. Es decir, buena parte de nuestros períodos de eventual prosperidad, se nos va para afuera porque necesitamos recurrir a la inversión directa extranjera, después tenemos que pagar la amortización y la ganancia, aparte de los desequilibrios que se nos pueden dar en el comercio. Tenemos poca capacidad de generar ahorro con el esfuerzo propio porque estamos prisioneros de nuestra propia cultura y esa cultura nos hace también como países, eternamente demandantes. Sin darnos cuenta queremos vivir como el primer mundo, estamos como admirando el consumo del primer mundo, pero no somos. Porque ellos acumularon mucho, saqueando África, saqueando a la India. Hay una historia, 200 años atrás nosotros estuvimos ahí en el pelotón de los saqueados.

–¿Hay una crisis de sucesión de los líderes fuertes?

–Los hombres trascendentes son muy importantes pero a la larga no pueden sustituir a las formaciones políticas. Si uno tiene la humildad estratégica de reconocer que vamos pasando, que la lucha es eterna y permanente, y que es en el fondo por mejorar la civilización humana, no solo por una cuota de poder, se da cuenta que tiene que contribuir a crear la rueda de la historia y esos son colectivos que quedan luego de nosotros. El mejor dirigente no es el que hace más, o el que ladra más, o el que tiene el letrero más grande, o marquesina, o aplausos, o reconocimiento. No: el mejor dirigente es el que deja una barra que lo suplante con ventaja, porque la vida se nos va y las causas quedan, y el camino queda. Porque la lucha no es ni siquiera coyuntural, la lucha es el camino eterno de la vida.

–¿Produzca un triunfo o produzca un fracaso?

–Nunca hay un triunfo total, porque tampoco nunca hay una derrota total. Y porque además antropológicamente somos gregarios. Solos somos insignificantes, por poderosos que nos parezca que somos. Hay que detenerse un poco en las consecuencias de ser gregario. La construcción de la civilización humana es la herencia más grande que recibimos cuando nacemos. Desde aquellos que descubrieron el fuego y la rueda, hasta los que han descubierto la biología molecular. Cuando nacemos recibimos sin darnos cuenta la herencia de ese formidable esfuerzo intergeneracional. Quiere decir que lo que se ha acumulado es la destilación de generaciones que nos llega a nosotros y eso es construcción colectiva. ¿Eso va en contra del individuo? No, es lo que ampara al individuo. Lo colectivo es lo único que permite que el individuo no esté en soledad y enfrente a la vida con otras posibilidades. En el derecho antiguo, en las tradiciones antiguas, después de la pena de muerte, la pena más rigurosa era que te expulsaran de la comunidad porque tenías que salir a vivir en un mundo feroz, sin respaldo colectivo. Esta etapa de la civilización trata de atomizarnos. Vivimos en la megalópolis, a veces en un bloque de apartamentos donde ni nos saludamos con los vecinos. Es el imperio de la soledad en el medio de la multitud. Porque cuanto más solos estemos, más manejables somos. Uno tiende a creer que somos nosotros, que “he logrado esto por mi esfuerzo personal”… No quiere decir que el esfuerzo personal no tenga importancia, claro que la tiene, la tiene siempre que esté el cosmos colectivo que nos rodea. Yo tengo compañeros en pila, pero si me da un ataque cardíaco, preciso un cardiólogo, y eso me lo da la sociedad. Si salgo con la Fusca y se me rompe, tendré amigos pero necesito un mecánico que lo entienda. Todo eso es la sociedad. No podríamos vivir sin eso. Pero sin embargo esto lo olvidamos. Esto es tan elemental que rompe los ojos. Por eso hay que construir cuestiones colectivas. Pero también hay otra cosa: cambiar el mundo no es changa eh, tiene algunos inconvenientes, y a veces nos han costado caro. Pero es como una avenida que pasan autos, y autos van y vienen y es un loquero. No podemos evitar que pasen autos, pero tenemos que aprender a cruzar la avenida sin que los autos nos pisen. La avenida es la vida. El cruce es el grado de independencia que tenemos acá. Si tenemos conciencia, la lucha es por que esta sociedad demandante no nos lleve del hocico.  Porque creo, y este es un problema que tiene que incorporar la izquierda (o eso que llamamos izquierda, que llamamos progresismo, llamémosle como quieran): no alcanza con el desarrollo económico. Hay que entrarse a preocupar por la felicidad humana, porque esta vida se nos va.

–En 2016 usted señaló que “si a la izquierda le toca perder terreno, que lo pierda y aprenda” En este marco, ¿cuáles cree que son las “lecciones” que la izquierda tiene que aprender en el proceso político que viene?

–El duelo derecha-izquierda compone la historia humana, es un devenir constante. La forma que toma es contemporánea, pero es la cara eterna de la humanidad ese duelo. Triunfar en la vida no es llegar a un objetivo. Triunfar en la vida es levantarse y es volver a empezar cada vez que uno cae. Entonces, si la lucha es continua, tiene que ser colectiva porque solo lo colectivo se hereda. Pero además, los errores y la falta de humildad de creernos tan soberbios de creer que tenemos la verdad absoluta revelada y que somos absolutamente imprescindibles, y perdemos capacidad de negociación entre nosotros mismos y nos atomizamos. La gente de izquierda tiende a dividirse por ideas y la gente de derecha tiende a juntarse por intereses. La gente de izquierda es demasiado poética, la otra es demasiado realista. Para enfrentar eso hay que juntarse, colectivos grandes. Para lograr colectivos grandes, hay que aprender a transar con las diferencias y lograr puntos medios. Pero somos frecuentemente, tan soberbiamente intelectuales que dejamos por el camino a todos los que dijeron y queremos cosas cuadraditas, perfectas que solo están en el esquema de nuestra cabeza. La vida no es así. Y reventamos las fuerzas que pueden servir para enfrentar los desafíos que nos pone la grosa unidad de la derecha (que tiene sus contradicciones y a patadas también), pero tiene un instinto superior porque tiene intereses que custodiar. Creo que ha sido una constante.

–Hay un concepto que usted repite. Se lo cito: “Inventamos la república con la idea de que los hombres somos iguales, por lo menos ante la ley”.

–Todos sabemos que hay algunos que son mucho más iguales que otros. El que tiene mucha guita tiene abogados mucho mejores. Pero igual es una afirmación de principios que hay que defenderla. Debiera ser un camino ideal por el cual luchar. Los defectos que tiene no quieren decir que tengamos que volver al absolutismo. No merece ser despreciado, hay que defenderlo. Pero me parece que los que rengueamos por la parte izquierda o los que tenemos sentimientos solidarios no debiéramos desligar nunca nuestra forma de vivir y vivir como viven la mayoría de nuestro pueblo y no como viven las minorías privilegiadas.

–¿Cómo sería en la práctica?

–La izquierda tiene que cultivar una conducta. A la mesa ubérrima a la que nos invitan los señores por urbanismo a veces tenemos que concurrir y sentarnos, pero no es nuestra mesa. Nuestra mesa es la mesa común y corriente del pueblo común y corriente. Hay que vivir como se piensa, porque de lo contrario terminamos pensando como vivimos. La izquierda del futuro debe defender eso y debe preocuparse de esto. Yo no puedo cambiar la realidad de muchísima gente que está muy jodida, y si no lo puedo hacer, tengo que vivir a tono como vive la mayoría de la gente de mi sociedad. Porque eso es la República, eso es el republicanismo. Entonces yo he dicho, a los que les guste mucho la plata hay que correrlos de la política. En la política hay que buscar gente que viva con sencillez, con sobriedad. No quiero usar nunca más la palabra austeridad porque dejan a la gente sin laburo y a eso le llaman austeridad. Muy frecuentemente se pierde esa frontera. Y cuando sos referente no podés cometer esos errores porque el hombre de la calle ve esas cosas. Y si perdemos la confianza de la gente que defendemos, somos unos impostores. No creo que haya que ser monjes cartujos, no, pero hay que vivir como el pelotón de la sociedad, como la inmensa mayoría. Y ser coherente con un discurso que apunte a la igualdad, a la distribución, a la equidad, y que no puede solucionar todos los problemas, pero que los tiene que expresar. Yo creo que frecuentemente la izquierda en América Latina se equivocó en ese camino. Te tienden la alfombra roja, te ponen la corneta, te ponen toda una serie de instituciones que vienen del feudalismo, te las meten en los gobiernos, y creo que eso es una trampa. Soy desconfiado viejo, allá por la época de Nikita Jrushchov fui a la Unión Soviética y me llevaron a un hotel. Había unas alfombras que me hacían cosquillas en los tobillos y yo me hago la pregunta:“¿Para qué hicieron un hotel con este lujo en una revolución proletaria?” Ya no me gustó. Y empecé a mirar y me di cuenta que empezaba a haber una clase acomodada. Guarda: la forma de vivir también tiene que ver con lo que terminás pensando. Pero además esto se toca con la libertad: si no andás en la vida liviano de equipaje, tenés que preocuparte después de una cantidad de cosas materiales. Todo es complicado y difícil. Muchos sirvientes, que te afanan esto o lo otro… Dejá, si se puede vivir con enorme sencillez tranquilo. La sobriedad y la sencillez en el fondo son una terrible comodidad.

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Zamba de abril – Jorge Cafrune

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 6:27 pm

 

Guerra de Malvinas: ¿Qué pasó con sus soldados? – María Cristina Solano*   

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 6:24 pm

Pensar en la guerra de Malvinas implica una inmersión en un hecho histórico controvertido y difícil de encuadrar.

Cómo en otros hechos de la historia nacional el episodio de la guerra de Malvinas quedó en una especie de nebulosa tras la cual nadie quiere ver demasiado. Pero en este hecho, como en tantos otros acontecimientos trágicos, quedan sobrevivientes que dan cuenta de lo acaecido e impiden con su  testimonio el olvido.

En el año 1995 los veteranos expresan con claridad la necesidad de ser atendidos para detener de algún modo la cantidad de suicidios que iban acaeciendo en su población. Para lograr crear un programa que atienda esta grave situación se decide en el Instituto de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI) realizar una Investigación Acción Epidemiológica sobre el  estado de salud física, psíquica y social de los veteranos de guerra. Desde hace momento hasta la actualidad quien suscribe esta nota ha trabajado con ellos, tratando de brindar la atención psicológica posible. En esta experiencia , muchas veces se aprendió y utilizó lo empleado por los propios protagonistas para salvar la vida de algunos de sus compañeros en graves crisis.

Es imposible pensar sobre un perfil de sujetos que han atravesado un trauma sin involucrarse íntimamente con la ilación histórica en la cual ese hecho tuvo lugar.

Malvinas, sus causas, los hombres que combatieron en ella, sus efectos y secuelas no escapan a esta norma.

El interrogante a plantear sería en primer lugar, cual es el lugar que ocupa en un devenir histórico la batalla de Malvinas en la Argentina.

El desembarco en las islas el 2 de abril de 1982 aparece en el contexto político de ese momento sin nada que la pre anuncie ni la explique. Produce, a pesar de esto un marcado apoyo de parte de ciertos sectores de la sociedad. Luego a medida que pasan los días, y en virtud de múltiples acontecimientos, este comienza a perderse y este desinterés llega a su máxima expresión cuando la guerra termina en derrota.

Poco más tarde el gobierno de facto que la había provocado llega a su fin. Y en ese fin mucho tiene que ver la pérdida del conflicto bélico. Había un sentimiento unánime de que si los militares ganaban la contienda con los ingleses habría en el país “militares para rato”. De hecho esto es lo que sucede en Gran Bretaña, donde la Primer Ministro gana nuevamente las elecciones.

Estos hechos narrados escuetamente revelan sin embargo tantos acontecimientos.

En primer lugar su origen.

Nada presuponía su comienzo si bien la apropiación de Malvinas por parte de los ingleses dio lugar a quejas y reclamos casi constantes en la historia política de la Argentina. Reclamos perpetuados además en consignas con las cuales generaciones de argentinos fueron criándose. “Las Malvinas son argentinas! ” aparecía en el imaginario popular como un deseo a cumplir.

Mientras tanto, otras urgencias de distinta calidad e intensidad inquietaban a los nativos de estos parajes.

En ese momento, el declarar la guerra a Inglaterra para rescatar Malvinas parecía no formar parte ni de la imaginación más afiebrada de ningún argentino.

Pero no era así.

En segundo lugar, de parte de quienes surge.

El país vivía desde hacía siete largos años bajo el oprobio y el miedo de un gobierno de facto dominado por las Fuerzas Armadas y algunos sectores civiles. Por primera vez el 30 de marzo se realiza una multitudinaria manifestación en su contra. No es que no hubiese habido muchas expresiones opositoras previamente, pero la de ese día aparece con características particulares por su dimensión y composición popular resultando realmente significativa.

Ya pasados los ilusorios beneficios de la “plata dulce”, por una parte, y por otra aflojados un poco los mecanismos de represión o por lo menos hartos de ellos, la mayor parte de la población ahora manifestaba su disgusto por el régimen.

De ese régimen en decadencia, con autoridades totalmente desprestigiadas, ya solo podía esperarse el ocaso. Sin embargo, logra sorprender al país y al mundo con un desembarco militar inesperado en las lejanas islas Malvinas.

El arribo a las islas origina múltiples y diferentes reacciones en la población argentina. Pero sin duda aparecen como hegemónicas las de adhesión y apoyo al hecho. Sostenidas fundamentalmente por los medios de prensa, todavía adeptos al régimen militar que encuentran en estos hechos una nueva manera de mostrar su servilismo, mintiendo durante todo el transcurso de la guerra.

Pero esto no alcanza para ganar militarmente a la tercera potencia internacional apoyada por los otros poderosos.

Los únicos que dieron su apoyo fueron la mayoría de los países latinoamericanos.

Luego de la derrota sobreviene lo que es conocido como el “proceso de desmalvinización”, que podría sintetizarse en un olvido impuesto de todo lo referente al conflicto bélico llevado adelante por las mismas fuerzas que lo originaron y por los sectores sociales con llegada al poder.

Malvinas y su guerra, quedan así en un confuso sitio entre ser producto de un gobierno ilegal enlazado con sentimientos íntimamente ligados a la identidad nacional. Pero lo más significativo para pensar su cualidad traumática es que Malvinas parece quedar en un contexto de a – temporalidad por resultar tan difícil de incluir en un proceso histórico, y es justamente esta cualidad de irrupción que posee este hecho que lo coloca en el lugar de un acto, o sea de aquello que aparece en lugar de otra cosa, o para encubrir otra. Y este hecho adquiere su extrema relevancia al tratar de entender la sintomatología preponderante en muchos excombatientes.

La historia de un país no puede realizarse sobre olvidos y omisiones sin que esto actúe individual y socialmente con consecuencias patólogicas.

Al ir a Malvinas estos jóvenes formaban parte aunque sea temporalmente de una organización: la militar. En ella la estratificación y la subordinación están sostenidas según Freud, desde “la ilusión de la presencia visible o invisible de un jefe que ama con igual amor a todos los miembros de la colectividad. De esta ilusión depende todo y su desvanecimiento traería consigo la disgregación de la misma”. *

El lugar del jefe, el lugar del Padre, como guardián de la vida y proveedor, confiable y seguro, es insustituible para sostener la posibilidad de lucha y sobrevivencia. Este Padre es quien debe guardar el orden y la vida.

Más allá de la consideración que toda guerra implica el olvido de principios humanitarios básicos, desde el momento en que el triunfo se da sobre la derrota y la muerte del otro, la pregunta a formularse seria cuales son las consecuencias cuando este lugar del padre proveedor aparece transformado en privador. La historia cuenta lo que sucedió en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. Los soldados de dicho ejército, sometidos al militarismo prusiano fueron de tal manera víctimas de neurosis de guerra que produjeron su disgregación. Estas representaban una protesta del individuo contra el papel que le era asignado en el ejército, y afirman los estudiosos del tema que la rudeza con que los jefes trataban a sus hombres constituyó una de las principales causas de tales neurosis.

Dice Lacan en “Lacan Oral”, que a los valores de cambio y de uso que incorpora Marx como categorías de análisis hay que agregar otros que desde siempre han acompañado al desarrollo de las sociedades, y son estos los Valores Rituales.

Todos los grupos humanos precisan gestos rituales, ritos de iniciación y ritos funerarios. Ritos de pasajes. Solamente si esos ritos son dados es posible hacer el duelo de lo vivido y así iniciar otra etapa. Si el duelo no tiene lugar tampoco hay registro del tiempo pasado.

Y si el duelo no tiene lugar el trauma persiste como un hecho presente.

Todo queda congelado allí, todo está pasando hoy.

Esto les pasa a los hombres y también a las sociedades.

Y la persistencia y emergencia del trauma sufrido recrudece el daño narcisista, pensado este como el complemento libidinoso indispensable para el instinto de conservación.

Cuando los soldados marcharon a Malvinas eran “héroes que iban a rescatar para la Patria aquello que le correspondía por derecho”. La sociedad entera los acompañaba en la gesta. Programas ómnibus, colectas millonarias, grandes encomiendas con comida y abrigo, cartas, mil gestos de amor y reconocimiento para los “Chicos de Malvinas”. Todos gestos que daban un sentido ritual y una significación al filicidio de los pueblos.

Rituales que estuvieron  patéticamente ausentes a su regreso. Nadie los esperaba, nadie los nombraba. Los “héroes “ya habían sido olvidados.

Los combatientes fueron traídos escondidos en transportes cerrados para que la gente no viera en qué estado eran devueltos al continente. Gente que por otra parte ya estaba mirando para otro lado, otros mundiales de fútbol venían nuevamente a ocupar los sentidos de un pueblo proclive a quedar atrapados en imágenes vacías.

Y este olvido continuó. Si la guerra no existió tampoco fue su derrota, y por tanto tampoco están quienes murieron y quienes sobrevivieron a ella.

“La inserción social incluye al individuo en una historia que lo precede y que lo sigue, tiene una cualidad inconsciente y transforma al sujeto en transmisor y actor de una organización social en la cual es sujeto activo y objeto pasivo, y en la cual será portador de un código que tiene referencia a su pertenencia a la estructura social” (Janine Puget).

En la Investigación realizada pudo observarse y predecirse que el daño sufrido en Malvinas por el hambre (perdieron 20 kilos promedio durante los 74 días de guerra), el frío que lastimó el cuerpo de muchos  para siempre, el pésimo cuidado que sufrieron, las torturas infligidas muchas veces por atreverse a buscar comida, que sí abundaba en los galpones de los oficiales, determinó que su salud en muchos casos quedara dañada para siempre.

Han llegado al suicidio más de 600 ex combatientes, y esto puede decirse que se debe a la casi nula atención en salud mental brindada, individual y colectivamente.

Hoy mueren en cantidades  alarmantes para su grupo etario de enfermedades cardíacas, ACV y tumorales.

Cuando hace 28 años investigamos su salud vimos que presentaban muchos de ellos cuadros clínicos correspondientes a hombres de edades 20 años mayores, y previmos que lamentablemente esto que hoy pasa iba a suceder.

Qué hubiera sucedido si la sociedad los hubiera recibido y reconocido en su verdadera heroicidad, si hubiese llorado con ellos y las familias a los chicos muertos, y los sufrimientos soportados. Si las instituciones los hubiesen cuidado, atendidas sus heridas físicas y psíquicas. Si les hubiesen dado lo que necesitaban, no obligados y en secreto (cuando lo hicieron). Si las Fuerzas Armadas hubiesen reparado el daño infligido y hubiesen abierto sus hospitales para su atención en lugar de expulsarlos de ellos o internarlos como castigo? Si los poderes políticos les hubiesen reconocido formalmente? Si se hubiesen capacitados profesionales que curasen su sufrimiento?

No es lícito pensar acaso que si los ritos de reconocimiento se hubiesen cumplido, el pasaje hubiera sido posible?, que hubiese pasado si la sociedad entera hubiera trabajado elaborándose el duelo, reconociendo la derrota, enterrando a sus muertos, curando las heridas? Quizá el reconocimiento de la palabra y no su silencio hubiese dado lugar a otra etapa.

Si esta utopía se hubiese cumplido quizá la  realidad hubiese sido otra . Si la simbolización hubiera sido posible quizá hoy no se llorarían tantos muertos reales y tantos muertos en vida

Malvinas no debe quedar como un hecho vergonzante del cual es preferible “olvidarse”. Porque ese pretendido olvido sin la elaboración y reparación adecuada no es posible sin que profundice serias fracturas individuales y sociales.

Es posible creer que, la satisfacción a la real demanda de los excombatientes solo puede darse desde una reparación que retome en el discurso social lo vivido, recuperando, no sólo para ellos sino para la sociedad en su conjunto, la significación no lograda.

En estos días se ha logrado la identificación de 90 de los cuerpos de soldados argentinos que yacían anónimamente en Malvinas Sus familiares, amigos y compañeros podrán sentir que ya no son héroes anónimos. Argentina sufre desde hace décadas la desaparición de ciudadanos vivos y muertos como una marca que la seguirá por  generaciones si continua el silencio. Algo de la reinvindicación se está logrando devolviendo su identidad a esos jóvenes soldados que dieron su vida por una causa justa.

*Investigadora y psicoanalista de la salud de los veteranos de guerra de Malvinas desde 1995. Responsable junto al Dr. Mario Borini y el Equipo de Veteranos de guerra del INSSJP . años 1995 al 1997, de la “Investigación Acción Participativa de la salud de los Veteranos de Guerra de Malvinas”.

 

Gracias a la Vida – Joan Baez & Mercedes Sosa mayo 12, 2018

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 9:28 pm

 

LA REACCION CONTRA LA REACCION La voz que se alza contra la mano alzada – Juan Eugenio Corradi 

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 10:52 am

Italia ayer

 

Un Duce americano

 

Italia hoy

 

Sí: han vuelto, como si la historia no les hubiese propinado un escarmiento.  Se dicen populistas pero son fascistas de nueva y vieja cepa.  Son reaccionarios y son populares.  Contra este movimiento se yergue, como siempre, la voz de la razón y la denuncia de la mentira que desfila en nombre del pueblo.  Como casi siempre, la voz de la razón es  impotente, salvo como testimonio y advertencia.  Quiero sumar mi voz a esa voz.  Frente al fascismo corresponde decir, con don Miguel de Unamuno: “Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y  derecho en la lucha.”

 

A Unamuno agrego Leone y Natalia Ginzburg, Federico Fellini, Friedrich Nietzsche, Albert Camus,  Thomas Mann,  Alexis de Tocqueville, Johan Wolfgang Goethe, José Ortega y Gasset, Paul Valery,  Max Scheler, Stephan Zweig,  Menno Ter Braak, Primo Levi,  Theodor Adorno, Winston Churchill,  Franklin Delano Roosevelt,  Giorgio Bassani, Albert Einstein, Edmund Husserl, Palmiro Togliatti, Sigmund Freud,  Robert Paxton, Franz Neumann, Paul Celan, Roland Barthes,  Robert Musil, Jan Patocka, Rob Riemen, Tony Judt.  La lista es larga e incompleta.

Los cito en tenaz desorden.  Nada parece unirlos.  Los vemos distantes en el espacio y en el tiempo.  Sus opiniones fueron diversas.  Las posiciones políticas que eligieron o que el azar les obligó a suscribir fueron no sólo distintas sino hasta opuestas: conservadores, liberales, socialistas y comunistas.  A varios los tildaron de reaccionarios.  Entre ellos reconocemos a religiosos, ateos, científicos y humanistas.  Algunos llegaron al poder.  Otros fueron perseguidos.  Varios murieron como mártires silenciosos.  Hubo entre ellos quienes sobrevivieron al holocausto que supieron anunciar.  Otros fueron víctimas de la mediocridad que los rodeaba.   El exilio no los eximió del dolor.  Sus seguidores deformaron su recuerdo.  Sus obras hoy llenan una entera biblioteca.  La biblioteca, decía Platón, es farmacia del espíritu.  Me gustaría que mis lectores se dejasen perder entre esos anaqueles.  En la disposición caótica de su lectura se encuentra el antídoto para el veneno que nos provee esta época.

Lo que une a tan dispar muchedumbre es el talento y la sensibilidad para detectar el germen de la barbarie política, o mejor dicho el virus del fascismo, que ha estado y está latente en toda sociedad contemporánea, sin excepción de las llamadas democracias avanzadas o consolidadas.  En su acepción romana, latente es participio activo del verbo mas irregular de la gramática latina (fero, fers, ferre, tuli, latum),  que quiere decir “portar” o “llevar consigo.” Otra acepción sostiene que la palabra proviene del verbo lateo, que quiere decir “vivir escondido.”  Resulta evidente que ambos verbos, fero y lateo, están emparentados.

El fascismo histórico fue vencido de manera contundente y por la fuerza, en la segunda guerra mundial.  Terminado el conflicto bélico, los vencidos fueron sometidos a una reconstrucción democrática que en general resultó exitosa.  Italia, Alemania, y Japón se sumaron al club de las democracias anglosajonas y adoptaron las instituciones que hacen de sostén de tales democracias.  El comunismo fue el único rival que enfrentó a las democracias liberales.  Pero aun en este caso, el socialismo de estado adoptó con entusiasmo el mote democrático y anti-fascista.

La democracia triunfó, pero a condición de ser siempre adjetivada:  democracia liberal, democracia popular, democracia dirigida, y –esta expresión es mas reciente y proviene de Hungría—democracia iliberal.  El fascismo fue condenado al insulto y al anticuariado.  Por largos años vivió escondido, en condición latente, y sólo hoy vuelve a manifestarse, pero aun así guarda un cierto pudor, no quiere decir su nombre, y se esconde detrás del populismo –término que sí es aceptado en el universo de discurso que nos rodea.

“Lo mas divertido de la democracia –se burlaba el Dr. Goebbels—es que nos proporciona las armas con la que vamos a destruirla.”  Tal vez los fasces de los lictores romanos, la mano alzada, la marchas nocturnas con antorchas, y el paso de ganso, hayan pasado de moda (aunque toda moda es circular y se repite)  pero no fueron mas que la manifestación febril de un estado larval, que hoy continua.  Mas que las coloridas manifestaciones del fascismo, a mi me interesa conocer su caldo de cultivo.

Para explorar ese caldo de cultivo he vuelto a leer a Ortega.  Antes del triunfo de la falange en España y del auge del fascismo en Italia, Ortega escribió dos series de ensayos, publicados en sendos libros.  El primero  lo tituló  España invertebrada (1921) y el segundo La rebelión de las masas (1929).  En el primero trata del separatismo regional en España.  Ortega consideraba a los nacionalismos vasco y catalán como síntomas de una fragmentación mayor  (de clases, estamentos, y grupos identitarios) y de la secular decadencia española.  Sus reflexiones  tienen gran actualidad hoy día, en que el proyecto de una unión europea está en crisis y cuando  surge de nuevo el nacionalismo en todas sus formas: en Escocia, Cataluña, Padania, Macedonia,  en Bélgica, Inglaterra, Italia, todo el este de Europa –y paro de contar.

Según Ortega,  los países crecen por agregación de grupos distintos que se unen en torno a “un proyecto sugestivo de vida en común.”  Cuando ese proyecto existe y seduce, un país o un imperio (como el romano) entran en una fase ascendente y aditiva.  Cuando falta ese proyecto, entran en una fase decadente y dispersiva.  Los imperios, decía Ortega, se hacen por la fuerza, pero no perduran si no seducen con ideas y modelos de organización.  Roma fue un sistema predatorio y militar, pero también era un proyecto de organización universal, una manera de hacer que perduró en el tiempo y hasta sobrevivió al imperio (ejemplo: el derecho romano es la base del derecho europeo actual).  Nadie mejor que el autor español para resumir la tesis: “Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades.  No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo.” (España invertebrada, p.33).  Sin una tradición jurídica superior, una administración idónea, un tesoro de ideas que prestan un brillo superior a la vida, un repertorio de nuevos festejos, un estado o una confederación de estados se desarticula.  Así cayeron Roma, el imperio español,  la Unión Soviética, y hoy están cayéndose la Unión Europea y los Estados Unidos de América.

“Reaccionario” es un término referido a ideologías o personas que aspiran a instaurar un estado de cosas anterior al presente, en especial cuando aquel estado de cosas ha sido abolido por una revolución, o debilitado por innovación (científica, social, cultural). En la tradición europea, ese estado de cosas anterior era aristocrático, oligárquico, estático y jerárquico. Quienes lo defendían eran, en suma, contrarrevolucionarios.  Pero entre reaccionarios también hay novedad.  Un fascista es un reaccionario con arrastre popular. 

El fascismo fue un invento del siglo veinte, con el surgimiento de la sociedad de masas. El fascismo es mitológico: es un sistema cerrado de pensamiento y de acción, con ritos periódicos de unificación y de expulsión de elementos abiertos, experimentales, e innovatorios, considerados como espurios.  Las masas son invitadas a participar en esa vuelta ritual a un pasado fantasioso, a condición de que adhieran al sistema de pensamiento cerrado, purificador, y persecutorio tan característico de las sociedades silvestres estudiadas por Mircea Eliade y Claude Levi Strauss.  En el mundo moderno, el retorno del mito es una expresión desesperada de querer dar sentido a la vida sin tener que complicarse la vida.  El mito es un terrible simplificador.  Sentirse superior aun siendo el ultimo orejón del tarro: en esto reside el secreto de la fascinación del fascismo.  Quienes no se dejan fascinar son enemigos del fascismo, y el fascismo lo sabe.  Siempre los persigue, porque sabe que son la reacción contra su reacción.

En Ortega encontré también otra perla, que es clave para entender lo que está sucediendo en nuestro propio mundo.  El estado, como el pescado, comienza a pudrirse por la cabeza.  Los estados nacionales, y las organizaciones supranacionales, están en manos de políticos, burócratas, y tecnócratas sin imaginación.  En el mejor de los casos son profesionales de la administración que manejan la cosa pública con pericia técnica.  En otros casos, son políticos oportunistas o corruptos, y en el peor de todos los casos, son simplemente cleptócratas o mafiosos.   Librado a su propia dinámica y sin contrapeso, el sistema capitalista mundial genera cada vez mayor desigualdad, descalabro ambiental, e injusticia social.  Nadie desde el poder invita a la gente a hacer algo juntos que valga la pena;  un ideal que despierte la esperanza y justifique algunos sacrificios.  No ha de sorprender que frente a esta falta de “un proyecto sugestivo de vida en común” sólo queda el “sálvese quien pueda” y el refugio en algún particularismo de clase, estamento, etnia o región.

Los nacionalismos no son otra cosa que la forma política de esa dispersión.  Las masas quedan a merced de demagogos y mitómanos que se postulan como lideres “fuera del sistema” y se ponen al frente de alguna estampida. Como decía el poeta Antonio Machado, “de diez cabezas, nueve embisten y una piensa.”

Para ser pasto de semejante manipulación,  la sociedad de masas de otrora hoy se ha fragmentado en una sociedad de redes que tienden a cerrarse en compartimentos estancos, tribales.  Eso no hace mas que agravar la situación.  Se elimina la discusión, la inseminación de ideas, la búsqueda de un proyecto común.  Ortega llamaba decadencia a esa dispersión.

El fascismo llega después como falsa solución a esa decadencia.  Se propone unificar a todas las tribus en una tribu mas amplia pero sin vocación universal ni ideales elevados.  Es un particularismo mas, potenciado con esteroides.  Esos esteroides son: el prejuicio, el orgullo, el resentimiento y el odio proyectados hacia otras comunidades, reales o ficticias.  Suscitan el peor de los entusiasmos: el de la caza y la jauría.  No hay fascismo sin chivo expiatorio.

Unidos para asaltar, unidos para odiar, unidos para rechazar, y unidos para perseguir.  Esa es la versión degradada del pueblo que ofrecen los fascistas.  Bajo banderas, el mas bajo común denominador.   En su canto de sirena, los líderes mentirosos se dicen humildes y cercanos al “hombre común”. Estar con ellos, que se dicen olvidados, es decirles: “está bien no pensar; está bien castigar; está bien destruir; está bien envidiar.” Y así caerán justos por pecadores, embolsados en un solo término –la elite—y eventualmente encerrados en el mismo campo de concentración.  La concentración comienza en el discurso de estos nuevos “populistas,” para quien sabe escuchar.

Los nombres que cité al principio de este artículo pertenecen a escritores, artistas, hombres de estado, científicos, y pensadores que supieron escuchar el canto de sirena del fascismo y sus peligros, sin por ello sucumbir a su fascinación. Alexis de Tocqueville escribió sobre un nuevo despotismo popular para el que no encontraba un nombre.  Wolfgang Goethe hablaba de una juventud descarriada, Albert Einstein de la estupidez que acompaña al avance científico como su sombra, Thomas Mann de los trucos de magia practicados por un demagogo, Friedrich Nietzsche, Edmund Husserl, Theodor Adorno, y Robert Musil del nihilismo europeo, Franklin Roosevelt advertía sobre el peligro de una cultura del miedo,  Winston Churchill sobre la barbarie desatada en un país culto, Sigmund Freud y Miguel de Unamuno sobre el amor a la muerte,  Max Scheler sobre el resentimiento como motor de la movilización,  Stephan Zweig sobre la claudicación de la inteligencia europea,  Franz Neumann sobre el gobierno caótico de la banda nazi, Roland Barthes sobre la prostitución del lenguaje, y así sucesivamente, hasta llegar a la desesperación de Tony Judt y de Rob Riemen en sus recientes testimonios de humanistas frente al debilitamiento de la democracia.  Todos ellos advirtieron una verdad terrible: el fascismo no viene de afuera como una tormenta.  Lo llevamos dentro.  Para vencerlo de verdad tenemos que conocernos y desarrollar nuestras propias defensas.

Por lo demás, esta nueva época fascista que aflige al mundo terminará como ha terminado antes: en la guerra.  Yo cierro esta nota como comencé, con una referencia y una paráfrasis de Unamuno.  Hoy en los Estados Unidos se honran todos los días a los caídos y mutilados de guerra. Por desgracia hoy tenemos demasiados inválidos y pronto habrá más si Dios no nos ayuda.

 

Qué es el cristianismo de liberación – Leonardo Boff 

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 10:50 am

Este es el título de uno de los más recientes libros de Michael Löwy. Nacido en Brasil, vivió y enseñó en la Sorbona durante muchos años, manteniendo siempre lazos muy estrechos con Brasil y con los movimientos libertarios. Es un hebreo, profundo conocedor de la Biblia, se convirtió, puedo decir sin exageración, en uno de los más perspicaces conocedores de la teología de la liberación latinoamericana. Siempre unió el mundo de la investigación rigurosa con el compromiso transformador, la tradición judeocristiana de la opción por los pobres con su liberación concreta.

Su vasta obra merece ser estudiada y profundizada, pues aporta contribuciones de notable actualidad al momento histórico en que vivimos, con múltiples crisis y bajo la penosa dominación de la cultura del capital.

Dos son las características fundamentales de su obra: el rescate y la recreación de la tradición libertaria de la tradición judeocristiana para los contextos actuales.

En ese rescate destaca especialmente el legado judío con nombres que van desde Marx, Heine y Freud a Bloch, Goldman y Benjamin. Sus estudios sobre el romanticismo, no como escuela literaria, sino como visión de mundo, crítica a la sociedad burguesa en nombre de otra percepción de la naturaleza (no como mero medio de producción, sino como realidad viva), son clásicos y de referencia permanente.

Dedicó todo un libro al cristianismo de liberación de América Latina, primero con el título Guerra de los Dioses (Voces 2000), actualizado ahora con Qué es el cristianismo de liberación (Fundación Perseo Abramo, São Paulo 2016), y sus afinidades e influencias de la tradición crítica. Resaltó el valor de la obra del gran socialista y espiritualista peruano José Carlos Mariátegui.

La obra Qué es el cristianismo de liberación tiene el mérito de mostrar que los ideales de la revolución y de la liberación no son monopolio de la tradición marxista. Pueden ser y son también ideales de un extracto significativo del cristianismo que toma en serio la herencia del Jesús histórico, el carpintero y campesino mediterráneo, y la opción por los pobres y contra su pobreza, como lo ha hecho el Papa Francisco.

Lo que ocurrió y aún ocurre en lo profundo de la sociedad latinoamericana y de la sociedad-mundo es una verdadera guerra de dioses. El dios mercado y el dios capital buscan crear un sentido final a la vida y a las poblaciones hambrientas de bienes, frustrándolas continuamente, y el Dios vivo de la tradición judeocristiana que desenmascara a ese dios como falso y, por eso, como ídolo. El Dios vivo toma partido por las clases abandonadas y se materializa en un proceso político de liberación. En su libro Marxismo y Teología de la Liberación (Cortez Editora 1991) dice claramente: «El interés por los pobres es una tradición milenaria de la Iglesia que se remonta a las fuentes evangélicas del cristianismo. Los teólogos latinoamericanos se sitúan en continuidad con esa inspiración. Para ellos, los pobres ya no son esencialmente objeto de caridad sino sujetos de su propia liberación. Es ahí donde se opera la unión con el principio fundamental del marxismo, a saber: la auto-emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores… Este cambio es la más rica de las consecuencias traídas por los teólogos de la liberación respecto a la doctrina social de la  Iglesia» (p.96).

Últimamente se ha ocupado de la ecología, no como un tema entre otros, sino como una cuestión estratégica para la emancipación humana que incluye la naturaleza y el planeta Tierra entero. Es uno de los fundadores mundiales del eco-socialismo. Lo presenta como una ética radical, en el sentido de descender a las raíces de la perversidad que a todos castiga. Propone un cambio de paradigma, una transformación revolucionaria cuyo centro es la vida en sus múltiples formas.

Con eso entramos en la segunda característica de la obra intelectual de Michael Löwy: su capacidad de recreación imaginativa. Su enfoque, por más que venga fundado en los textos críticos con sus debidos contextos, nunca es positivista. Es hermenéutico. Es consciente de que leer es siempre releer y entender implica siempre interpretar. Su objetivo es abastecer al lector/a  de categorías, visiones, conceptos y sueños que le permitan entender mejor el presente y fundar un compromiso político-transformador que, para él, va en la línea de la tradición socialista, radicalmente democrática y ecológica.

Por eso, cada libro es inspirador y nos revela cómo las preguntas radicales, que los clásicos del pensamiento emancipador y revolucionario plantearon, guardan permanente actualidad. Y muestra cómo pueden ser iluminadoras para tiempos oscuros y de gran indigencia creativa como los actuales.

En todos sus textos se percibe el esprit de finesse, una fe inquebrantable en la dignidad de los oprimidos, en el futuro de la libertad y en la función político-redentora de la tradición libertaria de la modernidad y de la herencia judeocristiana.

Por eso es un compañero fiel de tantos que están en la caminada, en los movimientos sociales como el de los Sin Tierra, en los partidos progresistas y de los militantes de las Iglesias que, en nombre de su fe bíblica, optaron por la liberación de las masas desposeídas. Con todos éstos mantiene una afinidad electiva que funda una verdadera comunidad de destino. Por eso estamos agradecidos a Michael Löwy por habernos brindado su presente libro: Qué es el cristianismo de liberación.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

Democratizar la economía – Roberto Sansón Mizrahi  mayo 11, 2018

Filed under: Uncategorized — robertomizrahi @ 8:21 pm
 Es posible democratizar la economía siempre que se logre avanzar sobre lo que sustenta el proceso concentrador. Se requieren cambios de fondo aunque pueden adoptarse medidas específicas que vayan abriendo espacios para una más justa inclusión productiva; entre otras, establecer espacios de negociación para mejorar la distribución de resultados al interior de las cadenas de valor y reforzar entidades que  provean asistencia técnica y financiera de excelencia a emprendimientos de base popular (existentes y otros nuevos que utilicen modalidades de propiedad compartida).

Democratizar la economía implica introducir transformaciones al sistema económico de modo de revertir el actual proceso de concentración de la riqueza y de las decisiones de política económica. Hoy grandes corporaciones, internacionales y locales, hegemonizan el funcionamiento del sistema económico subordinando a los demás actores a sus intereses y conveniencia. Con ello se esteriliza o limita el potencial de desarrollo de la producción nacional con graves efectos sobre el mercado interno, el bienestar de la población y la soberanía decisional. Al concentrarse los ingresos en grandes corporaciones se condiciona severamente la capitalización de empresas pequeñas y medianas y, con ello, su capacidad de invertir para acceder a un sendero con mayor generación de valor y de empleos. Al mismo tiempo, menores o peor pagados empleos afectan el consumo (se reduce la demanda efectiva) y la satisfacción de necesidades populares.

En esas circunstancias crece el endeudamiento de empresas y personas como solución sustituta de corto plazo para compensar la limitación de ingresos genuinos, los cuales sólo aparecerían si se revirtiera el proceso de concentración. Mientras no suceda, el mayor endeudamiento constituye un pingüe negocio para grupos financieros pero no para quienes se deslizan hacia un peligrosísimo sobre endeudamiento. Vale explicitar que uno de los más tremendos mecanismos de apropiación de valor es justamente la sujeción financiera que sufren los actores sobre endeudados.

Varios autores, incluyendo Opinión Sur, han analizado la perversa dinámica de los procesos de concentración, sus efectos e implicaciones. En estas líneas centramos en cambio la atención en algunas medidas específicas que pueden utilizarse para avanzar en democratizar la economía transformando sustentos del proceso concentrador. Entre otras, (i) modificar la distribución de resultados al interior de las cadenas de valor y (ii) asegurar una amplia inclusión productiva de la población económicamente activa fortaleciendo emprendimientos populares existentes y estableciendo nuevos tipos de unidades productivas de base popular (diferentes modalidades de empresas de propiedad compartida). Señalamos que estas medidas significan avances hacia la democratización de la economía porque, para ser plenamente efectivas, necesitan desenvolverse en el contexto de una transformación macroeconómica orientada a asegurar el bienestar general (no favorecer privilegios de minorías), el firme cuidado del medio ambiente y la sustentabilidad de la matriz productiva.      

Modificar la distribución de resultados al interior de las cadenas de valor

En general, las cadenas de valor se estructuran y funcionan de modo de servir principalmente los intereses de las empresas que las lideran. Por cierto existen otras opciones más justas y potentes. Sin embargo, esas mejores formas de estructuración y funcionamiento de las cadenas de valor no emergen espontáneamente sino inducidas, favorecidas y reguladas por un Estado sustentado en nuevas correlaciones de fuerzas sociales y políticas capaces de resistir el poder de imponer que ejercen las empresas líderes. Esto no implica comprometer la viabilidad de las cadenas de valor sino, por el contrario, se robustecen al alinear con equidad los diversos intereses en juego.

Los cambios que se postulan debieran asegurar que todos quienes participan de una cadena de valor se favorezcan con su desarrollo (justa compensación de esfuerzos); que los bienes y servicios producidos no atenten contra un sostenible desarrollo del sistema económico y la salud de su población; que las actividades de toda cadena de valor cuiden del medio ambiente y los derechos laborales.

Habrá que establecer espacios de negociación de precios y condiciones comerciales al interior de cada cadena de valor de modo que no se concentren los resultados en las empresas poderosas sino que los mismos se distribuyan con justicia entre todos los actores que aportan valor a su proceso productivo, pequeños y medianos productores proveedores de insumos y servicios, y el Estado que facilita buena parte de la imprescindible infraestructura social y productiva. Las empresas líderes tendrán que ceder parte de su extraordinaria tasa de ganancia para posibilitar el crecimiento del resto y con ello acercarse a un desarrollo orgánico de la entera cadena productiva. Algunas empresas líderes pueden comprender y adoptar este nuevo paradigma y otras resistirlo. Las primeras perdurarán con la transformación y harán parte de las nuevas eras que la población del mundo reclama; las segundas se verán enfrentadas con perspectivas más y más antagónicas.

Inclusión productiva reforzando emprendimientos populares existentes y estableciendo nuevas unidades productivas de base popular con diversas estructuras de propiedad compartida

Aunque se lo ha instalado en buena parte del imaginario colectivo, es falso que no pueda ofrecerse excelencia productiva y de gestión a quienes han sido siempre postergados. Puede reconocerse que cada transición entraña dificultades pero no cabe ignorar que existen recursos y modalidades organizativas y financieras que permiten incorporar como productores a inmensos segmentos poblacionales sub ocupados o abiertamente desocupados. Es claro que para reorientar y canalizar con efectividad esos recursos es necesario contar con un doble respaldo: firme apoyo político y un comprehensivo sistema de promoción y acompañamiento a la economía de base popular que incluya desarrolladoras y fideicomisos específicos.

Es que los sectores populares que pugnan por incluirse productivamente en el sistema económico hoy deben hacerlo por su cuenta en un contexto de tremenda penuria financiera, tecnológica y de gestión. No disponen de apoyos formales o informales (como los que cuentan las empresas que surgen del riñón de sectores medios altos y altos), y cargan de arranque con la crítica restricción de su pequeña escala.

Salvo excepciones, ¿cómo puede un pequeño emprendedor con escasísimos recursos insertarse en promisorios nichos de mercado, comprar buenos insumos y proveerse de los servicios que requiere, trabajar con una tecnología sencilla pero no rudimentaria y gravosa, defender el precio de lo que produce si no tiene capacidad de negociar mejoras al interior de cadenas de valor en las que su propia actividad es marginal y subordinada a actores de mucha mayor envergadura? ¿Cómo hace un pequeño emprendimiento para encarar obligaciones laborales, permisos, tasas, impuestos y otras obligaciones establecidas para actividades de mayor tamaño y rentabilidad? ¿Cómo podría impedir que su vulnerabilidad lo sitúe como presa fácil de chantajes y coimas por parte de inspectores y oficiales de justicia?

Muy distinta sería su situación si pudiera subir su escala utilizando modernas modalidades organizativas que permiten integrar en emprendimientos de porte medio a quienes hoy sobreviven en meras actividades de subsistencia. Y, como estos emprendimientos no surgen espontáneamente en mercados que les son adversos, cuántas nuevas opciones se abrirían si existiesen desarrolladoras especializadas que acompañasen todo el arduo proceso de promoverlos con el complemento de fideicomisos aportando capitalización inicial y el financiamiento de capital de trabajo. Con esos apoyos se fortalecerían emprendimientos de base popular existentes y se crearían otros nuevos de muy diversa modalidad organizativa; emprendimientos inclusivos como cooperativas de primer y segundo grado; consorcios de pequeños productores para comprar insumos, proveerse de tecnología y comercializar; empresas recuperadas por sus trabajadores; comercializadoras comunitarias; agroindustrias locomotoras de propiedad asociativa que viabilizan la producción de pequeños productores de agricultura familiar; franquicias populares a veces coaligados con un socio estratégico; supermercados comunitarios; núcleos comunitarios de transporte y logística, entre muchos otros.

El sistema de apoyo a emprendimientos de base popular permitiría acceder a factores críticos para cualquier desarrollo corporativo como son excelencia organizativa, tecnológica y de gestión, inserción en promisorias cadenas de valor, contactos y oportunidades comerciales, crédito de corto y mediano plazo, establecer alianzas estratégicas, mantenerse informados de tendencias, oportunidades y riesgos en su sector y en el contexto macroeconómico. Con esto estarán en mejores condiciones para operar exitosamente el proceso de generar y retener valor de modo de poder capitalizarse y sustentarse en el tiempo.

No se completaría la significación y funcionalidad de estos actores económicos si no se señalase un crítico cambio de motivación: su desempeño no se guía por el sólo propósito de maximizar lucros a cualquier costo social y ambiental sino a proveerse de ingresos dignos en actividades que además contribuyan a la sustentabilidad de la economía y el bienestar general. Los actores de la economía popular necesitan promover otros bien diferentes valores que aquellos que suelen primar en los mercados contemporáneos. Saben que no es la codicia, el egoísmo, la voracidad, el destrato a los demás, el puro lucro lo que generará mejores sociedades y que vale sumarse a una lucha cultural que jerarquice valores de responsabilidad con la Madre Tierra y de solidaridad para con los demás. El esfuerzo de asistir a quienes sufren la situación de pobreza perdería su sentido si tan sólo sirviese para generar más actores salvajes que se agregasen al salvajismo que ya existe en los mercados contemporáneos.