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Capitalismo, ¿sistema eterno? agosto 15, 2013

Filed under: Uncategorized — unpaisparatodos @ 6:49 pm
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Hay quienes piensan que el capitalismo concentrador es la única forma como puede funcionar una economía, nuestros países, el planeta todo. Reconocen que es un sistema imperfecto pero afirman que no hay otro mejor, parecido a lo que se suele decir de la democracia. Para ellos el capitalismo contemporáneo sería una última instancia en el desarrollo de los sistemas económicos; un ilusorio y por cierto fantasioso fin de la historia; algo que llegó para quedarse; que puede ajustarse en algunos aspectos pero que, en esencia, pasa a ser un sistema eterno.

Esta visión expresa cierta ignorancia o soberbia, cualidades que suelen crecer aunadas, aunque también podría considerarse una defensa ideológica de privilegios adquiridos con el proceso global de concentración de la riqueza. La historia, las ciencias sociales, la experiencia de comunidades y sociedades demuestran que no existen sistemas eternos ya que esa eternidad es de naturaleza imposible. Ernesto Sábato decía con fina ironía que “los Sistemas Eternos tienen una característica: duran muy poco. Todos ellos aspiran a la Verdad Absoluta, pero la historia de la filosofía es la historia de los Sistemas, o sea la historia del Derrumbe de los Sistemas”.

Quienes señalan que ningún otro sistema podrá exitosamente reemplazar el capitalismo contemporáneo se dicen defensores de los derechos humanos aunque prime en el mundo una tremenda desigualdad y miles de millones de seres humanos no accedan a niveles aceptables de bienestar; pregonan la libre expresión pero condicionan la generación y diseminación de nuevas ideas; hablan de democracias representativas pero manipulan el sistema democrático afectando la representatividad de quienes son electos y la propia gobernabilidad democrática.

Con tan poderosas fuerzas predicándola no debiera sorprender que perdure la creencia que más allá del capitalismo no hay sino un enorme, peligroso e imprevisible gran vacío, tan desconocido, y por ignorancia amenazante, como aquel otro de fines del Siglo XV cuando los europeos temían enrumbar sus carabelas hacia el occidente porque muchos creían que el océano terminaría abruptamente.

Roberto Sansón Mizrahi

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