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Formación de capital para sostener el desarrollo abril 26, 2013

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En la actual fase de desarrollo de los países del Hemisferio Sur es crítico promover inversiones que generen empleos dignos y oferta productiva que, de ser posible, sepa proyectarse al exterior. En general son las empresas grandes y medianas quienes están en mejores condiciones para encarar nuevas inversiones y lo hacen si estiman poder obtener buena rentabilidad. Es un segmento muy sensible a las expectativas pero que, de todos modos, es necesario dinamizar. Sin embargo, no cabe descuidar otra vía de promoción del empleo y la oferta productiva que tiene igual importancia, aunque entrañe otros desafíos: movilizar a pequeños emprendimientos productivos que son los que crean más empleos.

La movilización productiva de estos sectores mayoritarios de la sociedad contribuye no sólo a generar empleo y oferta productiva sino que también mejora la distribución del ingreso, refuerza la cohesión social, reduce la necesidad de subsidios aumentando la productividad del gasto público, da mayor sustento a la gobernabilidad democrática; todo ello, con un menor coeficiente de componentes importados que el resto de sectores. Menos sensibles a expectativas especulativas, si estos pequeños productores recibiesen el apoyo necesario se volcarían decididamente a aumentar su producción, reinvirtiendo buena parte de sus resultados para financiar su formación  de capital.

Una estrategia orientada a movilizar de manera sustentable a amplios sectores de la base de la pirámide socioeconómica exige identificar con propiedad los desafíos a enfrentar, escoger los mejores espacios de intervención y desarrollar, en consecuencia, medidas y regulaciones. Habrá que encarar, en simultáneo, desafíos de escala, de productividades, de sustentabilidad y de inclusión socioeconómica. La pequeña escala de productores no capitalizados limita su accionar y acceso a oportunidades ya que disponen de restringida capacidad de gestión y de escasez de contactos, tecnología, información, conocimiento de mercados y recursos financieros. Para superar su rezago necesitan acceder a esos críticos factores y en esa dirección debiera orientarse la acción de promoción.

 

Roberto Sansón Mizrahi

© copyright Opinión Sur, 2012

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Inversión “fresca” o inducida abril 3, 2013

Un aspecto crítico del desarrollo corporativo es la inversión, la cual puede provenir de aportes frescos de capital y de la reinversión de utilidades. En este sentido, la inversión ocurre atendiendo las perspectivas de mercado y otras consideraciones no económicas; es una decisión que hacen quienes poseen o controlan recursos apostando a obtener un buen resultado.

Pero la inversión también puede promoverse con medidas tributarias, crediticias y a través del otorgamiento de privilegios operacionales (subsidios, regulaciones flexibles de operación). Estas medidas promocionales tienen costos y eventuales beneficios que debieran ser cuidadosamente evaluados en términos económicos pero también en cuanto a qué actores con qué conductas se están favoreciendo. Esto no significa ir en contra de cierto tipo de empresas por tamaño o nacionalidad, sino que llama a evaluar trayectorias de responsabilidad social, ambiental y económica.

En el caso de promover la reinversión de utilidades vale decir que si bien corresponde destinar parte de los resultados operativos a reforzar la capacidad instalada, esa decisión puede ser alentada con medidas fiscales. Se supone que las empresas que ya operan en un país han pasado por la mirada fiscalizadora de las autoridades nacionales y locales y, en ese sentido, se habría evaluado su trayectoria de responsabilidad corporativa. De ser así, podrían recibir beneficios promocionales que el país o la localidad otorgan y cuyos costos, que no son insignificantes, son financiados con el esfuerzo de todos los miembros de la sociedad. Sin embargo, hay casos de conductas que han merecido castigos judiciales y administrativos que no pueden ignorarse y menos aun condonarse.

Los sistemas de promoción de inversiones no debieran discriminar ni estar sujetos a la discrecionalidad de los administradores de turno, no sólo por la injusticia y desánimo que ello entraña sino porque generarían espacios para la corrupción y el cohecho. Claro que esto no habilita a gobernar sin considerar objetivos de desarrollo, mal asignando los limitados recursos promocionales e ignorando efectos no deseados.

 

 Roberto Sansón Mizrahi

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